/ viernes 29 de marzo de 2019

Amat Cucapah

Falsifican Cuartilla de Santoyo

Un jugoso negocio escurriendo oro fue el trasladar caminantes encaramados en lanchones, de una a otra orilla del río Colorado. El Coronel Carrasco, acompañante del general García conde, comisionado mexicano de límites de la frontera, estimó que el número de peregrinos durante 1849, por el cruzadero: unión ríos Gila y Colorado llegaba a las 12 000 personas, de los cuales la mitad eran Sonorenses.

De ahí, el empresario de Tennesse, Dr. Able B. Lincoln se convirtió en rico patrón con su ferry aquel año; justamente – donde iba o venía la gente, a o de: campos auríferos de California- en el “cruce yúmano”. Para Lincoln todo iba de maravillas mientras no llegó desde Texas -la “gavilla matona”: los “caza cabelleras” de John Galton, quienes irrumpieron para tener tajada en el negocio, arreglando convenio con Lincoln, a cambio de protección.

Este arreglo vino a trágico final llegando la primavera; porque los indios yumas también decidieron conseguir ganancia trasladando caminantes: instalaron una barcaza rival. A éstos, la gavilla de Galton les rompió su barcaza y ahogaron a un indígena.

Los yumas inmediatamente reaccionaron demoliendo totalmente el ferry de Lincoln, aquel 21 de abril de 1850, asesinando a tres de la pandilla y al Dr. Lincoln; de los sobrevivientes, unos bandoleros huyeron a San Diego y John Galton galopando entró a tierra mexicana refugiándose entre los Cucapah; luego halló trabajo como capataz en el campo leñero de Ogden City (junto al hoy Lagunitas).

Galton con vida de cuatrero, descubre los cruzaderos del río por donde los mexicanos regresaban de California cargados con polvo de oro, viniendo a Sonora; evitando pasar el cruce yúmano, atravesaban en recta desde Cerro Prieto al patio leñero “Pescaderos”, cruzando la corriente mayor del río junto a la ranchería Cucapah del Capitán Colorado; pues aquí estos rufianes americanos colocaron una panga cobrando “un dedal en polvo de oro por persona y otro por cualesquiera de sus cabalgaduras” (pangas de la Nuevo León); justo donde estuvo el puerto de Ogden City.

Ahora su ambición poseyó tres negocios: pagar corte a leñadores, vender leña a los barcos y arrebatar oro con el negocio del ferry; durante dicha época Moneda en oro y plata fue el común circulante metálico, para cobros, pagos, anticipos y préstamos. Fueron moneda de acuerdo en negocios; sin embargo, en 1856 la paga para los leñadores indígenas del Colorado fue exclusivamente en moneda de cobre, en la denominación “Cuartilla de Santoyo”, que circuló entre las étnias deltaicas, pero rechazadas sin valor, en comercios de San Diego, Ensenada, La Tía Juana y Caborca causando inconformidad, porque eras falsas; de lo cual con enorme extrañeza desde el Presidio de Altar tuvo noticias el gobierno del Estado de Sonora.

Es que en 1856, correligionarios del filibustero Henry A. Crabb llegó a Ogden, pretendiendo engrosar su contingente ganando simpatizantes. Es una hipótesis su acuerdo con los “arranca cabelleras” de John Galton, en trabajar falsificando la Cuartilla de Santoyo; pero la pieza distribuida usándose en el bajo Colorado era un rudimento grabado selladandose en lámina de cobre, recortada con sacabocados a golpe de marro sobre yunque; la hicieron circular pagando a leñadores en los puertos del río, llegando al comercio de Altar y Santa Ana.

Todo delito era cometido por esa banda de cuatreros de la peor calaña; allí hicieron negocio de fechorías, al “amparo de la ley de sus pistolas”; alternaron entre el asalto a viajeros, el robo de ganado y cuando iban a venderlo en Arizona y California, viajando arrancaban cabelleras a transeúntes diciéndose participar en la guerra sonorense contra los apaches. Fueron reconocidos los asesinos por familiares de las víctimas, delatados ante la jefatura de los Estados de Sonora y Chihuahua por la entrega de cabelleras mexicanas; por eso desde el bajo Colorado huyó John Galton con su gavilla, al huir también cesó circulación de la Cuartilla falsa de Santoyo.

Cargado con mil acusaciones, cabalgó vadeando las riberas del río Gila, entre los cocomaricopas y dominios yumas-quechan, siendo atrapado, cuenta la leyenda que a Galton estando vivo le arrancaron a cuchillo su cabellera; fue como pagó y cobraron la afrenta; además la Cuartilla de Santoyo falsa, ya no circuló sobre el río Colorado.

Referencia: FB libroPuerto Isabel

Falsifican Cuartilla de Santoyo

Un jugoso negocio escurriendo oro fue el trasladar caminantes encaramados en lanchones, de una a otra orilla del río Colorado. El Coronel Carrasco, acompañante del general García conde, comisionado mexicano de límites de la frontera, estimó que el número de peregrinos durante 1849, por el cruzadero: unión ríos Gila y Colorado llegaba a las 12 000 personas, de los cuales la mitad eran Sonorenses.

De ahí, el empresario de Tennesse, Dr. Able B. Lincoln se convirtió en rico patrón con su ferry aquel año; justamente – donde iba o venía la gente, a o de: campos auríferos de California- en el “cruce yúmano”. Para Lincoln todo iba de maravillas mientras no llegó desde Texas -la “gavilla matona”: los “caza cabelleras” de John Galton, quienes irrumpieron para tener tajada en el negocio, arreglando convenio con Lincoln, a cambio de protección.

Este arreglo vino a trágico final llegando la primavera; porque los indios yumas también decidieron conseguir ganancia trasladando caminantes: instalaron una barcaza rival. A éstos, la gavilla de Galton les rompió su barcaza y ahogaron a un indígena.

Los yumas inmediatamente reaccionaron demoliendo totalmente el ferry de Lincoln, aquel 21 de abril de 1850, asesinando a tres de la pandilla y al Dr. Lincoln; de los sobrevivientes, unos bandoleros huyeron a San Diego y John Galton galopando entró a tierra mexicana refugiándose entre los Cucapah; luego halló trabajo como capataz en el campo leñero de Ogden City (junto al hoy Lagunitas).

Galton con vida de cuatrero, descubre los cruzaderos del río por donde los mexicanos regresaban de California cargados con polvo de oro, viniendo a Sonora; evitando pasar el cruce yúmano, atravesaban en recta desde Cerro Prieto al patio leñero “Pescaderos”, cruzando la corriente mayor del río junto a la ranchería Cucapah del Capitán Colorado; pues aquí estos rufianes americanos colocaron una panga cobrando “un dedal en polvo de oro por persona y otro por cualesquiera de sus cabalgaduras” (pangas de la Nuevo León); justo donde estuvo el puerto de Ogden City.

Ahora su ambición poseyó tres negocios: pagar corte a leñadores, vender leña a los barcos y arrebatar oro con el negocio del ferry; durante dicha época Moneda en oro y plata fue el común circulante metálico, para cobros, pagos, anticipos y préstamos. Fueron moneda de acuerdo en negocios; sin embargo, en 1856 la paga para los leñadores indígenas del Colorado fue exclusivamente en moneda de cobre, en la denominación “Cuartilla de Santoyo”, que circuló entre las étnias deltaicas, pero rechazadas sin valor, en comercios de San Diego, Ensenada, La Tía Juana y Caborca causando inconformidad, porque eras falsas; de lo cual con enorme extrañeza desde el Presidio de Altar tuvo noticias el gobierno del Estado de Sonora.

Es que en 1856, correligionarios del filibustero Henry A. Crabb llegó a Ogden, pretendiendo engrosar su contingente ganando simpatizantes. Es una hipótesis su acuerdo con los “arranca cabelleras” de John Galton, en trabajar falsificando la Cuartilla de Santoyo; pero la pieza distribuida usándose en el bajo Colorado era un rudimento grabado selladandose en lámina de cobre, recortada con sacabocados a golpe de marro sobre yunque; la hicieron circular pagando a leñadores en los puertos del río, llegando al comercio de Altar y Santa Ana.

Todo delito era cometido por esa banda de cuatreros de la peor calaña; allí hicieron negocio de fechorías, al “amparo de la ley de sus pistolas”; alternaron entre el asalto a viajeros, el robo de ganado y cuando iban a venderlo en Arizona y California, viajando arrancaban cabelleras a transeúntes diciéndose participar en la guerra sonorense contra los apaches. Fueron reconocidos los asesinos por familiares de las víctimas, delatados ante la jefatura de los Estados de Sonora y Chihuahua por la entrega de cabelleras mexicanas; por eso desde el bajo Colorado huyó John Galton con su gavilla, al huir también cesó circulación de la Cuartilla falsa de Santoyo.

Cargado con mil acusaciones, cabalgó vadeando las riberas del río Gila, entre los cocomaricopas y dominios yumas-quechan, siendo atrapado, cuenta la leyenda que a Galton estando vivo le arrancaron a cuchillo su cabellera; fue como pagó y cobraron la afrenta; además la Cuartilla de Santoyo falsa, ya no circuló sobre el río Colorado.

Referencia: FB libroPuerto Isabel

lunes 17 de junio de 2019

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