/ viernes 19 de febrero de 2021

AMAT CUCAPAH

¡Deliciosas liebres!




Chalío -teniéndome lástima- levantó de la cama al coronel Francisco Peralta de madrugada en La Grulla, a quien bien clarito le oí gritar: “¿Quién es?, ¿qué quiere?”, entre escandalosa ladradera de perros, le respondieron: “Es Nepo, quiere prestado maíz y frijol”.

Tener hambre es canijo. Yo desmonté desde raíz más de una hectárea, estaban como bosque las orillas del Río Colorado, perteneciente al rancho del “Triunfo”; me enamoró esta tierra fértil de humedad, por rumbo del llamado ahora “Bordo de Piedra”; trabajé, mientras levantaban alimento y pescaban mis dos hijos con Cuca, mi esposa. Hoy completamos cinco semanas comiendo quelite, garambullos, mascando péchitas o comiéndolas en pinole, camote del desierto, empujándolo a la panza, bebiendo té “canutillo”, endulzado con chúcata. ¡Ah! Y no faltó el abundante pescado fresco! Mis hijos atrapaban, en canastas tejidas con carrizo, lo comíamos, envolviéndolo entre hojas de álamo, salía bien cocido, exquisito asado sobre brasas.

Venimos desde Juchipila. Estábamos en la mina de Ajo, donde trabajábamos dos días y tres semanas no y ¿mientras?, mientras comíamos aire; por eso fue suerte que desde Magdalena llegara ahí Epifanio Bojórquez trasladando arados, arreos y barzones sobre carretas al Colorado y me contrató como ayudante. Le acepté, porque acá estaba mi tío Wenceslao García, quien en carta nos decía que el jefe militar, mayor José Araiza, estaba repartiendo tierras para poblar la frontera en 1921.

Así pasamos por Yuma y San Luis; llegamos a saludar al tío en Rancho Mariposa; dejamos mercancía en La Grulla con Peralta, quien agradecido me dijo: “Lo que se te ofrezca”. Cumplí terminando el fleteo en el “Triunfo” de Colorado Company, donde Francisco Pacheco me dijo: “Aquí quédate”, habilitándome con herramienta para el desmonte, completó mi pago con un caballo y sus arreos.

Así llegué aquí: Con “una mano atrás y otra adelante”, hicimos ramada para guarecernos rodeados por naturaleza silvestre: Tupidos alamares, sauces, mezquites, cachanilla, pino salado; muchos venados, linces y cochis salvajes; pero como nunca he tenido arma de fuego, nuestra cacería fue con honda arrojando piedras, mazo en madera y por lanza, rama torneada de mezquite, imitando a cucapás; perseguimos diario: Huilota, codorniz, conejo, patos, delicioso venado y cuando escaseaban, solo comíamos liebre.

Con tierra preparada; desde medianoche cabalgué rogando al cielo quisieran prestarme semilla. Sí, Peralta me dio en libras: Frijol dos, maíz seis, calabaza una y comencé: ¡Bendita siembra! Mis nietos ahora son agrónomos.

Referencia: Don Wences García, 1986.

E-mail:federicoiglesias50@gmail.com

¡Deliciosas liebres!




Chalío -teniéndome lástima- levantó de la cama al coronel Francisco Peralta de madrugada en La Grulla, a quien bien clarito le oí gritar: “¿Quién es?, ¿qué quiere?”, entre escandalosa ladradera de perros, le respondieron: “Es Nepo, quiere prestado maíz y frijol”.

Tener hambre es canijo. Yo desmonté desde raíz más de una hectárea, estaban como bosque las orillas del Río Colorado, perteneciente al rancho del “Triunfo”; me enamoró esta tierra fértil de humedad, por rumbo del llamado ahora “Bordo de Piedra”; trabajé, mientras levantaban alimento y pescaban mis dos hijos con Cuca, mi esposa. Hoy completamos cinco semanas comiendo quelite, garambullos, mascando péchitas o comiéndolas en pinole, camote del desierto, empujándolo a la panza, bebiendo té “canutillo”, endulzado con chúcata. ¡Ah! Y no faltó el abundante pescado fresco! Mis hijos atrapaban, en canastas tejidas con carrizo, lo comíamos, envolviéndolo entre hojas de álamo, salía bien cocido, exquisito asado sobre brasas.

Venimos desde Juchipila. Estábamos en la mina de Ajo, donde trabajábamos dos días y tres semanas no y ¿mientras?, mientras comíamos aire; por eso fue suerte que desde Magdalena llegara ahí Epifanio Bojórquez trasladando arados, arreos y barzones sobre carretas al Colorado y me contrató como ayudante. Le acepté, porque acá estaba mi tío Wenceslao García, quien en carta nos decía que el jefe militar, mayor José Araiza, estaba repartiendo tierras para poblar la frontera en 1921.

Así pasamos por Yuma y San Luis; llegamos a saludar al tío en Rancho Mariposa; dejamos mercancía en La Grulla con Peralta, quien agradecido me dijo: “Lo que se te ofrezca”. Cumplí terminando el fleteo en el “Triunfo” de Colorado Company, donde Francisco Pacheco me dijo: “Aquí quédate”, habilitándome con herramienta para el desmonte, completó mi pago con un caballo y sus arreos.

Así llegué aquí: Con “una mano atrás y otra adelante”, hicimos ramada para guarecernos rodeados por naturaleza silvestre: Tupidos alamares, sauces, mezquites, cachanilla, pino salado; muchos venados, linces y cochis salvajes; pero como nunca he tenido arma de fuego, nuestra cacería fue con honda arrojando piedras, mazo en madera y por lanza, rama torneada de mezquite, imitando a cucapás; perseguimos diario: Huilota, codorniz, conejo, patos, delicioso venado y cuando escaseaban, solo comíamos liebre.

Con tierra preparada; desde medianoche cabalgué rogando al cielo quisieran prestarme semilla. Sí, Peralta me dio en libras: Frijol dos, maíz seis, calabaza una y comencé: ¡Bendita siembra! Mis nietos ahora son agrónomos.

Referencia: Don Wences García, 1986.

E-mail:federicoiglesias50@gmail.com

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