/ viernes 12 de marzo de 2021

AMAT CUCAPAH

¡Aeropuerto, zona fantasmal!



Un judicial nos dijo: “¡Éntrenle, son terrenos abandonados!”. Todos agarramos lotes así: “¡Ustedes métanse!”. Margarita Caudillo, animándonos, dijo: “¡Levanten cerco en el corte!; construimos jacal igual que en Témoris, Chihuahua”.

Pero frecuente entrada de veloces carros con empistolados sobre la brecha, cuando desaparecían gran trecho en el desierto, oíamos día y noche leves, pavorosos alaridos de dolor, aterrorizantes bramidos como gentes sufriendo espeluznantes suplicios, sonidos traídos ululantes por el eco, entonces juzgamos callada sospecha, porque regresando se perdían donde empezaba el pueblo: Constitución y Monterrey.

Desde aquella soledad, distante lejanía, únicamente mirábamos luces del taller alojando obras públicas y de circos acampados en el bosque; pero se pobló, naciendo “Colonia Aviación 2”; luego el aeropuerto surgió con pista, oficinas y cerco junto a nuestras ramadas y quedamos al oriente, detrás de Guarnición Militar. Hoy todo está poblado hasta paredón de La Grulla y aunque ya no entran ni salen carros con empistolados, nosotros sí sentimos, oímos, vemos y avistamos espectros dolientes en pena.

Dice Emigdio: “En la noche, como a las 8, estando con mi compadre en sala, casa de dos pisos, con balcón al frente, llegó en taxi el novio de mi hija viendo prender luz en segundo piso del balcón y cerrar cortina de tela; nos pregunta: ‘¿Quién está allá arriba?’, respondimos: ‘¡Nadie!’. ‘¡Bah! ¿Cómo que nadie?, voy a ver’, subió, oyéndole espantoso grito: “¡Aaay!”, sintió empujón sobre espalda, chocando al balcón. Subimos para ayudarlo, entró Emigdio y lo mismo: Fuerza desconocida le empuja estrellándolo al balcón, sin haber alguien. Y este diciembre, fuera de la pista aérea, mientras varias familias rodeaban sus lumbradas; desde el extremo vimos venir un ciclista pedaleando lento, encandilándonos faro delantero, con sus líneas fosforescentes en casco, traje, pedales y zapatos; cuando pasa 2 metros frente a las lumbradas, no respondió nuestro saludo. Todos vimos el traje vacío montado en el cuadro, sin rostro, ni cuerpo e insólito: La bici corría en el viento, sin rines, ni llantas.

Distinguimos esta zona vibrando infortunios, pues este enero reciente, antes a la medianoche, Día de Reyes, desde puerta del jacal oímos retumbar los cascos, herraduras de un caballo, cabalgaba al interior marcado del cerco, trotando montaba un jinete sin sombrero; quienes estábamos, coincidimos, vimos llevar con mano izquierda riendas sobre la silla y sosteniendo sobre la mano derecha su cabeza. Les narro heredad de fantasía, forjando leyendas por habitantes de San Luis, en tercer milenio.

R.EmigBuTa ChihTaRarram

federicoiglesias50@gmail.com.

¡Aeropuerto, zona fantasmal!



Un judicial nos dijo: “¡Éntrenle, son terrenos abandonados!”. Todos agarramos lotes así: “¡Ustedes métanse!”. Margarita Caudillo, animándonos, dijo: “¡Levanten cerco en el corte!; construimos jacal igual que en Témoris, Chihuahua”.

Pero frecuente entrada de veloces carros con empistolados sobre la brecha, cuando desaparecían gran trecho en el desierto, oíamos día y noche leves, pavorosos alaridos de dolor, aterrorizantes bramidos como gentes sufriendo espeluznantes suplicios, sonidos traídos ululantes por el eco, entonces juzgamos callada sospecha, porque regresando se perdían donde empezaba el pueblo: Constitución y Monterrey.

Desde aquella soledad, distante lejanía, únicamente mirábamos luces del taller alojando obras públicas y de circos acampados en el bosque; pero se pobló, naciendo “Colonia Aviación 2”; luego el aeropuerto surgió con pista, oficinas y cerco junto a nuestras ramadas y quedamos al oriente, detrás de Guarnición Militar. Hoy todo está poblado hasta paredón de La Grulla y aunque ya no entran ni salen carros con empistolados, nosotros sí sentimos, oímos, vemos y avistamos espectros dolientes en pena.

Dice Emigdio: “En la noche, como a las 8, estando con mi compadre en sala, casa de dos pisos, con balcón al frente, llegó en taxi el novio de mi hija viendo prender luz en segundo piso del balcón y cerrar cortina de tela; nos pregunta: ‘¿Quién está allá arriba?’, respondimos: ‘¡Nadie!’. ‘¡Bah! ¿Cómo que nadie?, voy a ver’, subió, oyéndole espantoso grito: “¡Aaay!”, sintió empujón sobre espalda, chocando al balcón. Subimos para ayudarlo, entró Emigdio y lo mismo: Fuerza desconocida le empuja estrellándolo al balcón, sin haber alguien. Y este diciembre, fuera de la pista aérea, mientras varias familias rodeaban sus lumbradas; desde el extremo vimos venir un ciclista pedaleando lento, encandilándonos faro delantero, con sus líneas fosforescentes en casco, traje, pedales y zapatos; cuando pasa 2 metros frente a las lumbradas, no respondió nuestro saludo. Todos vimos el traje vacío montado en el cuadro, sin rostro, ni cuerpo e insólito: La bici corría en el viento, sin rines, ni llantas.

Distinguimos esta zona vibrando infortunios, pues este enero reciente, antes a la medianoche, Día de Reyes, desde puerta del jacal oímos retumbar los cascos, herraduras de un caballo, cabalgaba al interior marcado del cerco, trotando montaba un jinete sin sombrero; quienes estábamos, coincidimos, vimos llevar con mano izquierda riendas sobre la silla y sosteniendo sobre la mano derecha su cabeza. Les narro heredad de fantasía, forjando leyendas por habitantes de San Luis, en tercer milenio.

R.EmigBuTa ChihTaRarram

federicoiglesias50@gmail.com.

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