/ viernes 11 de junio de 2021

AMAT CUCAPAH

María la Tomochi



¡Pasa! ¡Siéntate mi amor! ¿Quieres comer? Diciendo y haciendo atendía como “alteza serenísima” a tod@ transeúnte que asomara a su ramada. Tod@s encontraron alojo, animoso consuelo, cuando allá terminándose los 1930s, llegaron a este San Luis, Rancho Andrade.

Ella llegó aquí como sirvienta del matrimonio: Allan Washburn; desde muy de mañana trabajaba, cuando construyeron casa sobre calle primera, quedando espalda del cine Maya. Washburn era socio del hotel “Cuatro Vientos” y cantina “All Nations” construidos en calle Cuauhtémoc, durante 1920 y dueño del “Club Internacional” levantado en 1923 frente a la línea, calles Morelos y primera.

María llegó aquí mujer cuarentona, muy morena, cabello largo, lacio, acordonado en dos trenzas, falda larga amplia, con grandes ojos negros de mirada penetrante, movía expresivas cejas reafirmando sus palabras, giraban sus labios carnosos de holán en gesticulaciones de galante simpatía; al andar balanceaba sus senos con la cadera en contoneo provocativo. Traía dos niñas: Siete y nueve años; vivió -más allá del panteón (Coppel)- bajo una ramada con paredes de ocotillo desértico espinoso; su casa estaba en despoblado, terreno propio marcado con postería por ella misma. Abarcó manzana de Obregón a Madero, calles 2ª y 3ª; donde hoy es el callejón, tenía un pequeño sembradío de hortalizas irrigado a baldes, con barriles de agua acarreados por Washburn; por eso atardeciendo se le miraba vistiendo falda “medio paso”, con sus niñas vendiendo dos-tres manojos: Calabacitas o cilantro, fuera de las cantinas, era muy luchona.

En 1940s -con más de sesenta años- regenteó cantinas; siendo dueña rentaba terreno para “casetas”, changarros, “Tánichis” que rodeaban el cuartito de la cárcel: Esa jaulita con rejas de fierro forrada en madera, regalada por Regional Prisión Yuma, en pie donde hoy es telégrafos, contra esquina a presidencia municipal: Obregón y Primera; época, cuando correo y telégrafo funcionaron frente a escuela Cuauhtémoc, solar Oriente al hotel Aviña (hoy esquina Chiltepinos).

Siempre dijeron “en secreto” que doña María aquí estaba “escondida”, a exhorto del gobierno mexicano, perseguida por participar como culpable de la rebelión de nativos tarahumaras, quienes unidos a mestizos, declararon su autonomía: Diciembre 1, 1891 en Temochi, contra caciques del porfiriato; al enfrentamiento, el ejército obedecía orden del gobierno Chihuahuense: Buscar -donde estuvieran- hasta exterminar a instigadores. Siendo anciana, vendió propiedades, alojándose con familias de las niñas que cuidó como sus hijas. Su recuerdo hace eco en la calle de abajo, donde San Luis reconoce su origen.

RefPrecHist-SevGarBa

federicoiglesias50@gmail.com

María la Tomochi



¡Pasa! ¡Siéntate mi amor! ¿Quieres comer? Diciendo y haciendo atendía como “alteza serenísima” a tod@ transeúnte que asomara a su ramada. Tod@s encontraron alojo, animoso consuelo, cuando allá terminándose los 1930s, llegaron a este San Luis, Rancho Andrade.

Ella llegó aquí como sirvienta del matrimonio: Allan Washburn; desde muy de mañana trabajaba, cuando construyeron casa sobre calle primera, quedando espalda del cine Maya. Washburn era socio del hotel “Cuatro Vientos” y cantina “All Nations” construidos en calle Cuauhtémoc, durante 1920 y dueño del “Club Internacional” levantado en 1923 frente a la línea, calles Morelos y primera.

María llegó aquí mujer cuarentona, muy morena, cabello largo, lacio, acordonado en dos trenzas, falda larga amplia, con grandes ojos negros de mirada penetrante, movía expresivas cejas reafirmando sus palabras, giraban sus labios carnosos de holán en gesticulaciones de galante simpatía; al andar balanceaba sus senos con la cadera en contoneo provocativo. Traía dos niñas: Siete y nueve años; vivió -más allá del panteón (Coppel)- bajo una ramada con paredes de ocotillo desértico espinoso; su casa estaba en despoblado, terreno propio marcado con postería por ella misma. Abarcó manzana de Obregón a Madero, calles 2ª y 3ª; donde hoy es el callejón, tenía un pequeño sembradío de hortalizas irrigado a baldes, con barriles de agua acarreados por Washburn; por eso atardeciendo se le miraba vistiendo falda “medio paso”, con sus niñas vendiendo dos-tres manojos: Calabacitas o cilantro, fuera de las cantinas, era muy luchona.

En 1940s -con más de sesenta años- regenteó cantinas; siendo dueña rentaba terreno para “casetas”, changarros, “Tánichis” que rodeaban el cuartito de la cárcel: Esa jaulita con rejas de fierro forrada en madera, regalada por Regional Prisión Yuma, en pie donde hoy es telégrafos, contra esquina a presidencia municipal: Obregón y Primera; época, cuando correo y telégrafo funcionaron frente a escuela Cuauhtémoc, solar Oriente al hotel Aviña (hoy esquina Chiltepinos).

Siempre dijeron “en secreto” que doña María aquí estaba “escondida”, a exhorto del gobierno mexicano, perseguida por participar como culpable de la rebelión de nativos tarahumaras, quienes unidos a mestizos, declararon su autonomía: Diciembre 1, 1891 en Temochi, contra caciques del porfiriato; al enfrentamiento, el ejército obedecía orden del gobierno Chihuahuense: Buscar -donde estuvieran- hasta exterminar a instigadores. Siendo anciana, vendió propiedades, alojándose con familias de las niñas que cuidó como sus hijas. Su recuerdo hace eco en la calle de abajo, donde San Luis reconoce su origen.

RefPrecHist-SevGarBa

federicoiglesias50@gmail.com

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