/ viernes 4 de marzo de 2022

AMAT CUCAPAH

Calafia frente a Santa Clara

Capturada Tenochtitlan: Agosto 13, 1521; Hernán Cortés recibe -en costa colimense- informes desde “Ciguatlán” afirmando existir al Noroeste en “Mar del Sur” una isla toda de oro, con aves monstruosas, poblando mujeres ese reino de Calafia.

Su deseo de ir se refuerza arribando cargamento de perlas abundantes allá. Cortés envía exploraciones costeando el Pacífico en 1532. Continúa segunda exploración comandada por Diego Becerra y Fortún Jiménez topa con tierra en bahía, hoy llamada La Paz, finalizando 1533. Esto merece a Cortés dirigir tercera expedición, entre 1535 y 1536, bautizándole Puerto de Santa Cruz. Su fantasía le urgía encontrar “lo que de ningún modo se había podido hallar: La ciudad perdida”, donde viven con plena salud en eterna juventud. Todo coincidía: Una gran isla a la derecha de las Indias, situada en el ocaso del Sol, muy inmediata al Paraíso Terrenal, poblada de mujeres negras como “las Amazonas”, con firme pensamiento “apocar los varones”, teniendo sumisos pocos a quienes podían señorear, cumpliendo no desapareciera la especie.

Hernán estableció poblado para explorar y encontrar esas mujeres fuertes de esforzados y ardientes corazones, en las cuevas labradas de la ciudad perdida donde moraban comunicadas al mar, de ahí emergían cabalgando bestias por ellas amansadas, todas con armas de oro. Cortés estaba con gran temor, enterado que en esta isla, caliente como horno, había grifos, animales horrorosos de luz, acompañando al sol de Oriente a Occidente, con rango de divinidad vigilantes que los devorarían en un instante. Este intento de Cortés falló sin encontrar montañas tapizadas con piedras de oro, ni riqueza que justificara gastos; era incomparable aridez ambiental; además, fueron atacados con fiereza por indios hostiles; sin señal, menos presencia de la reina Calafia.

Al buscar origen del nombre California, que impulsó a Hernán Cortés, existen eruditos en investigación: Francisco Javier Clavijero anota en 1789 que lo derivó de Calida Fornax (horno caliente); otros refieren proceder de raíz griega Kallos, hermoso y grifos, ave mitológica; pero es crédito académico la tesis de Edward Everest Hale sustentando en 1862 que Cortés derivó el nombre de la novela “Las Sergas de Esplandían” escrita -aprox. 1492- por Garci Ordóñez de Montalvo, publicada en 1510, donde narra esas fantásticas escenas del reino Calafia. Navegantes de Cortés impusieron el nombre de California a Cabo San Lucas, creyendo ser isla. Kino en 1701, vino al desemboque del río Colorado, comprobando que era península.


Calafia frente a Santa Clara

Capturada Tenochtitlan: Agosto 13, 1521; Hernán Cortés recibe -en costa colimense- informes desde “Ciguatlán” afirmando existir al Noroeste en “Mar del Sur” una isla toda de oro, con aves monstruosas, poblando mujeres ese reino de Calafia.

Su deseo de ir se refuerza arribando cargamento de perlas abundantes allá. Cortés envía exploraciones costeando el Pacífico en 1532. Continúa segunda exploración comandada por Diego Becerra y Fortún Jiménez topa con tierra en bahía, hoy llamada La Paz, finalizando 1533. Esto merece a Cortés dirigir tercera expedición, entre 1535 y 1536, bautizándole Puerto de Santa Cruz. Su fantasía le urgía encontrar “lo que de ningún modo se había podido hallar: La ciudad perdida”, donde viven con plena salud en eterna juventud. Todo coincidía: Una gran isla a la derecha de las Indias, situada en el ocaso del Sol, muy inmediata al Paraíso Terrenal, poblada de mujeres negras como “las Amazonas”, con firme pensamiento “apocar los varones”, teniendo sumisos pocos a quienes podían señorear, cumpliendo no desapareciera la especie.

Hernán estableció poblado para explorar y encontrar esas mujeres fuertes de esforzados y ardientes corazones, en las cuevas labradas de la ciudad perdida donde moraban comunicadas al mar, de ahí emergían cabalgando bestias por ellas amansadas, todas con armas de oro. Cortés estaba con gran temor, enterado que en esta isla, caliente como horno, había grifos, animales horrorosos de luz, acompañando al sol de Oriente a Occidente, con rango de divinidad vigilantes que los devorarían en un instante. Este intento de Cortés falló sin encontrar montañas tapizadas con piedras de oro, ni riqueza que justificara gastos; era incomparable aridez ambiental; además, fueron atacados con fiereza por indios hostiles; sin señal, menos presencia de la reina Calafia.

Al buscar origen del nombre California, que impulsó a Hernán Cortés, existen eruditos en investigación: Francisco Javier Clavijero anota en 1789 que lo derivó de Calida Fornax (horno caliente); otros refieren proceder de raíz griega Kallos, hermoso y grifos, ave mitológica; pero es crédito académico la tesis de Edward Everest Hale sustentando en 1862 que Cortés derivó el nombre de la novela “Las Sergas de Esplandían” escrita -aprox. 1492- por Garci Ordóñez de Montalvo, publicada en 1510, donde narra esas fantásticas escenas del reino Calafia. Navegantes de Cortés impusieron el nombre de California a Cabo San Lucas, creyendo ser isla. Kino en 1701, vino al desemboque del río Colorado, comprobando que era península.


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