/ viernes 22 de abril de 2022

AMAT CUCAPAH

Persignarse en Hawheelchawot



A 35 kilómetros del desemboque, un viernes agosto: 23, 1540 sucede “Encuentro Español-Cucapah”. Estos haciéndoles señas, les decían: “No avancen”, empuñaban lanzas, mazos, rodelas y flechas, mientras protegían ocultando sus mujeres y niños en un bosquecillo.

Amenazadores, los nativos marcaron línea con palos clavados entre el agua, indicando no pasaran. El capitán Hernando de Alarcón navegaba en dos bajeles jalados desde orilla del río Colorado por 20 ibéricos; pese a la amenaza, se aproximaron. Alarcón con señas ofreció regalos; arrojando y pisando sus armas hizo que los Cucapah también las arrojaran, presentando manifestaciones pacíficas. Inesperadamente un joven brincó al río llevando unas conchas sobre la punta de su lanza. El capitán se las cambió por bagatelas brillantes; iniciando “trueque”, por pan de mezquite; mejoró a señas el diálogo, logrando confianza. Le preguntan: “¿De dónde vienes?”, respondió Alarcón: “Del Sol” y dijo: “Soy hijo del Sol”. Los indios dicen es el Sol a quien más quieren porque los calienta y hace crecer sus cementeras; pues poniendo al Sol como identificación de paternidad -en su decir, Hernando de Alarcón-, la actitud indígena se tornó respetuosa, sumisa, colaborativa; jalaron con cuerdas los bajeles durante 15 días contracorriente al río Colorado, nombrado por los yumas como Hawheelchawot.

Cuando el capitán consideró que los indios entendían sus señas y él comprendía las señas de los indios, inició enseñándoles algo de religión cristiana; con tal fin hizo cruces de baquetas y se las regalaba a los indios como reliquia muy valiosa y las besaba enseñándoles que la debían honrar y apreciar y se las colocaba al cuello. En la mañana del 30 de agosto fue un indio principal llamado Naguachato, invitando a Alarcón bajar a tierra porque tenía muchos alimentos para darle, al desembarcar, un viejo le entregó tortas de maíz y calabazas, dando un poco al sol le entregaba al capitán. Se acercó el viejo a Alarcón diciendo a los indios: ¡Sagueyca! Y todos fuertemente respondieron ¡Hu! Alarcón por un intérprete les dio a entender el significado del signo de la cruz, pidiéndoles trajeran un madero, hizo una cruz grande, enseñó a todos los que estaban a adorarla. Dijo dejarles esa cruz en señal que todos éramos hermanos; recomendó la custodiaran y se hincaran frente a ella al salir el sol. Los indios tomaron la cruz, colocándola al centro de su ranchería, viéndose las aguas de Hawheelchawot.

Ref.: Puerto Isabel.

federicoiglesias50@gmail.com

Persignarse en Hawheelchawot



A 35 kilómetros del desemboque, un viernes agosto: 23, 1540 sucede “Encuentro Español-Cucapah”. Estos haciéndoles señas, les decían: “No avancen”, empuñaban lanzas, mazos, rodelas y flechas, mientras protegían ocultando sus mujeres y niños en un bosquecillo.

Amenazadores, los nativos marcaron línea con palos clavados entre el agua, indicando no pasaran. El capitán Hernando de Alarcón navegaba en dos bajeles jalados desde orilla del río Colorado por 20 ibéricos; pese a la amenaza, se aproximaron. Alarcón con señas ofreció regalos; arrojando y pisando sus armas hizo que los Cucapah también las arrojaran, presentando manifestaciones pacíficas. Inesperadamente un joven brincó al río llevando unas conchas sobre la punta de su lanza. El capitán se las cambió por bagatelas brillantes; iniciando “trueque”, por pan de mezquite; mejoró a señas el diálogo, logrando confianza. Le preguntan: “¿De dónde vienes?”, respondió Alarcón: “Del Sol” y dijo: “Soy hijo del Sol”. Los indios dicen es el Sol a quien más quieren porque los calienta y hace crecer sus cementeras; pues poniendo al Sol como identificación de paternidad -en su decir, Hernando de Alarcón-, la actitud indígena se tornó respetuosa, sumisa, colaborativa; jalaron con cuerdas los bajeles durante 15 días contracorriente al río Colorado, nombrado por los yumas como Hawheelchawot.

Cuando el capitán consideró que los indios entendían sus señas y él comprendía las señas de los indios, inició enseñándoles algo de religión cristiana; con tal fin hizo cruces de baquetas y se las regalaba a los indios como reliquia muy valiosa y las besaba enseñándoles que la debían honrar y apreciar y se las colocaba al cuello. En la mañana del 30 de agosto fue un indio principal llamado Naguachato, invitando a Alarcón bajar a tierra porque tenía muchos alimentos para darle, al desembarcar, un viejo le entregó tortas de maíz y calabazas, dando un poco al sol le entregaba al capitán. Se acercó el viejo a Alarcón diciendo a los indios: ¡Sagueyca! Y todos fuertemente respondieron ¡Hu! Alarcón por un intérprete les dio a entender el significado del signo de la cruz, pidiéndoles trajeran un madero, hizo una cruz grande, enseñó a todos los que estaban a adorarla. Dijo dejarles esa cruz en señal que todos éramos hermanos; recomendó la custodiaran y se hincaran frente a ella al salir el sol. Los indios tomaron la cruz, colocándola al centro de su ranchería, viéndose las aguas de Hawheelchawot.

Ref.: Puerto Isabel.

federicoiglesias50@gmail.com

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