/ lunes 1 de julio de 2019

Contrasentido

Hace un año

El primero de julio del 2018 se realizaron las elecciones presidenciales y locales. Ese día quedará marcado en la historia de la alternancia en el poder por el arribo del personaje de un Partido distinto a los dos que ya nos habían gobernado. La lectura de esa elección parece ser tan simple como el comprender que los mexicanos se volcaron a favor de una propuesta alternativa de gobernanza.

A un año de las elecciones y a siete meses de ejercicio del poder el país ha transitado a una nueva forma de hacer política, que desafortunadamente no termina de convencer a muchos. Sin embargo, hay que reconocer que la curva de aprendizaje del Gobierno debe encontrar ya su punto de inflexión para empezar a dar resultados visibles y convincentes para todos los que aún mantienen posiciones contrarias. La realidad es que ningún movimiento político puede tener de su lado a toda la población, ya que es natural y bueno para el país la existencia de una oposición fortalecida, pero la abundancia de críticos debe ser un “foco rojo” para cualquier Presidente porque pudiera ser que no esté haciendo bien las cosas.

También hay que decir que desmontar un régimen del poder no ha sido ni será una tarea sencilla. Instaurar un verdadero Estado va a requerir de más de un sexenio para lograr acuerdos para que se pueda llevar la anhelada y prometida Cuarta Transformación. Todo ese contexto representa el marco de evaluación colectiva de lo que ha pasado a raíz del proceso democrático que vivimos hace un año.

Para el actual Gobierno convivir con las secuelas de una saga de Gobiernos insensibles a las necesidades del pueblo ha representado un tremendo desgaste. La población que utiliza las redes sociales se ha vuelto testigo involuntario de una guerra de datos y cifras que buscan influenciar la evaluación del por qué votamos por un proyecto. Bajo esa tónica emitir un juicio real sobre si nos equivocamos o no en la elección presidencial resulta casi imposible por el fortísimo nivel de polarización que existe sobre ese tema.

Tratando de ser los más objetivos podemos afirmar que las opciones eran pobres, por lo que decir que con otra opción nos hubiese ido mejor sería demasiado aventurado y descabellado. Lo anterior no es una tabla de salvación mágica para el Estado actual, porque se prometió un cambio significativo que estamos por ver si se cumple o no. Para el segundo año de Gobierno se esbozará si realmente hay esperanza de una transformación de la vida pública.

Hay que reconocer que si se logra la llamada Cuarta Transformación será muy loable el que haya sido de forma pacífica y ordenada. Hasta hoy se ha podido ir solucionando todos lo detalles que se le han presentado al nuevo Gobierno, pero no hay que olvidar que se requiere mucho más que eso para cumplir las altas expectativas implantadas en las campañas electorales. El mismo Presidente ha dicho en repetidas ocasiones que no nos va a fallar. Así que esperemos poder empezar a palpar los cambios en los próximos meses y si no estaremos en graves problemas porque deberemos buscar otras formas de lograr las transformaciones y probablemente ya no sean muy ortodoxas.



@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

Hace un año

El primero de julio del 2018 se realizaron las elecciones presidenciales y locales. Ese día quedará marcado en la historia de la alternancia en el poder por el arribo del personaje de un Partido distinto a los dos que ya nos habían gobernado. La lectura de esa elección parece ser tan simple como el comprender que los mexicanos se volcaron a favor de una propuesta alternativa de gobernanza.

A un año de las elecciones y a siete meses de ejercicio del poder el país ha transitado a una nueva forma de hacer política, que desafortunadamente no termina de convencer a muchos. Sin embargo, hay que reconocer que la curva de aprendizaje del Gobierno debe encontrar ya su punto de inflexión para empezar a dar resultados visibles y convincentes para todos los que aún mantienen posiciones contrarias. La realidad es que ningún movimiento político puede tener de su lado a toda la población, ya que es natural y bueno para el país la existencia de una oposición fortalecida, pero la abundancia de críticos debe ser un “foco rojo” para cualquier Presidente porque pudiera ser que no esté haciendo bien las cosas.

También hay que decir que desmontar un régimen del poder no ha sido ni será una tarea sencilla. Instaurar un verdadero Estado va a requerir de más de un sexenio para lograr acuerdos para que se pueda llevar la anhelada y prometida Cuarta Transformación. Todo ese contexto representa el marco de evaluación colectiva de lo que ha pasado a raíz del proceso democrático que vivimos hace un año.

Para el actual Gobierno convivir con las secuelas de una saga de Gobiernos insensibles a las necesidades del pueblo ha representado un tremendo desgaste. La población que utiliza las redes sociales se ha vuelto testigo involuntario de una guerra de datos y cifras que buscan influenciar la evaluación del por qué votamos por un proyecto. Bajo esa tónica emitir un juicio real sobre si nos equivocamos o no en la elección presidencial resulta casi imposible por el fortísimo nivel de polarización que existe sobre ese tema.

Tratando de ser los más objetivos podemos afirmar que las opciones eran pobres, por lo que decir que con otra opción nos hubiese ido mejor sería demasiado aventurado y descabellado. Lo anterior no es una tabla de salvación mágica para el Estado actual, porque se prometió un cambio significativo que estamos por ver si se cumple o no. Para el segundo año de Gobierno se esbozará si realmente hay esperanza de una transformación de la vida pública.

Hay que reconocer que si se logra la llamada Cuarta Transformación será muy loable el que haya sido de forma pacífica y ordenada. Hasta hoy se ha podido ir solucionando todos lo detalles que se le han presentado al nuevo Gobierno, pero no hay que olvidar que se requiere mucho más que eso para cumplir las altas expectativas implantadas en las campañas electorales. El mismo Presidente ha dicho en repetidas ocasiones que no nos va a fallar. Así que esperemos poder empezar a palpar los cambios en los próximos meses y si no estaremos en graves problemas porque deberemos buscar otras formas de lograr las transformaciones y probablemente ya no sean muy ortodoxas.



@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

lunes 14 de octubre de 2019

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El despertar de la clase obrera 20/32