/ lunes 2 de septiembre de 2019

Contrasentido

El México de la barbarie

Tratar de vivir en México se ha convertido en una verdadera odisea, cada vez son más cercanas las historias de asaltos, asesinatos, extorsiones, violencia y desapariciones. Muchas de las veces pensamos que por nuestra condición económica estamos exentos de ser víctimas de la violencia o que nuestro “ejemplar comportamiento” nos blinda de una tragedia, sin darnos cuenta de que la espiral de la violencia comienza por la ausencia de un Estado y termina siendo alimentada por el desdén de los ciudadanos.

El Estado históricamente ha contribuido con la violencia de una forma estructural al permitir la desigualdad económica y social, además de alentar la corrupción que se refleja en la impunidad. Ese proceso lleva años fraguándose y es el elemento central de la descomposición social. Ahora que el Estado siente que pierde el monopolio de la violencia estructural y simbólica y que se siente rebasado, trata de reaccionar minimizando las consecuencias y no atacando de frente a la impunidad como madre del malestar nacional.

Como sociedad no estamos exentos de culpa por la crecida de la violencia, ya que hemos aceptado ciegamente los mandamientos del Estado y no hemos tenido capacidad de organización de lucha para cambiar nuestra dolorosa realidad. Siempre ha sido más fácil esconderse en el anonimato que enfrentar a la violencia. Porque el miedo es el principal contenedor de la rabia que siente en un momento de desgracia y por eso mismo no se denuncia, al sentir el temor natural de que la impunidad y corrupción imperante del sistema de justicia haga de las suyas y seamos expuestos como traidores para que suframos la violencia.

El dolor que sufre la sociedad mexicana es inmenso por la violencia, cada vez más son las madres y padres que lloran a cada momento por las desapariciones de sus hijos, hermanos, padres y conocidos. Y esa es la expresión máxima de la barbarie, porque los robos, asesinatos, asaltos y demás delitos se han normalizado y están pasando a formar parte, lamentablemente, de nuestra vida diaria. Es por ello que las desapariciones son el punto de quiebre del dolor que siente nuestro México por la impotencia y rabia de vivir bajo las calamidades de una barbarie, situación que debe de atenderse de inmediato, porque es el gran riesgo de un estallido social.

Durante muchos años el México en paz era el eslogan de varios políticos, en cada campaña electoral minimizaban las precarias condiciones en las que se vivía y nos daban el discurso de la paz social como el máximo logro de sus mandatos, sin darse cuenta de que las malas condiciones económicas e impunidad eran parte del alimento natural de la violencia. Lo anterior no significa que sea la única causa de la violencia, ya que está es un problema multifactorial y complejo.

El punto es que juntos y con la participación de todos (Estado-sociedad) hemos construido un México bárbaro y si queremos salir de esa problemática, el camino nos dice que tenemos de alejarnos de culparnos entre nosotros para poder empezar a trabajar en la reconstrucción del tejido social y sobre todo, para reencontrarnos con el Estado de Derecho como camino para la pacificación de nuestro amado México.

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

El México de la barbarie

Tratar de vivir en México se ha convertido en una verdadera odisea, cada vez son más cercanas las historias de asaltos, asesinatos, extorsiones, violencia y desapariciones. Muchas de las veces pensamos que por nuestra condición económica estamos exentos de ser víctimas de la violencia o que nuestro “ejemplar comportamiento” nos blinda de una tragedia, sin darnos cuenta de que la espiral de la violencia comienza por la ausencia de un Estado y termina siendo alimentada por el desdén de los ciudadanos.

El Estado históricamente ha contribuido con la violencia de una forma estructural al permitir la desigualdad económica y social, además de alentar la corrupción que se refleja en la impunidad. Ese proceso lleva años fraguándose y es el elemento central de la descomposición social. Ahora que el Estado siente que pierde el monopolio de la violencia estructural y simbólica y que se siente rebasado, trata de reaccionar minimizando las consecuencias y no atacando de frente a la impunidad como madre del malestar nacional.

Como sociedad no estamos exentos de culpa por la crecida de la violencia, ya que hemos aceptado ciegamente los mandamientos del Estado y no hemos tenido capacidad de organización de lucha para cambiar nuestra dolorosa realidad. Siempre ha sido más fácil esconderse en el anonimato que enfrentar a la violencia. Porque el miedo es el principal contenedor de la rabia que siente en un momento de desgracia y por eso mismo no se denuncia, al sentir el temor natural de que la impunidad y corrupción imperante del sistema de justicia haga de las suyas y seamos expuestos como traidores para que suframos la violencia.

El dolor que sufre la sociedad mexicana es inmenso por la violencia, cada vez más son las madres y padres que lloran a cada momento por las desapariciones de sus hijos, hermanos, padres y conocidos. Y esa es la expresión máxima de la barbarie, porque los robos, asesinatos, asaltos y demás delitos se han normalizado y están pasando a formar parte, lamentablemente, de nuestra vida diaria. Es por ello que las desapariciones son el punto de quiebre del dolor que siente nuestro México por la impotencia y rabia de vivir bajo las calamidades de una barbarie, situación que debe de atenderse de inmediato, porque es el gran riesgo de un estallido social.

Durante muchos años el México en paz era el eslogan de varios políticos, en cada campaña electoral minimizaban las precarias condiciones en las que se vivía y nos daban el discurso de la paz social como el máximo logro de sus mandatos, sin darse cuenta de que las malas condiciones económicas e impunidad eran parte del alimento natural de la violencia. Lo anterior no significa que sea la única causa de la violencia, ya que está es un problema multifactorial y complejo.

El punto es que juntos y con la participación de todos (Estado-sociedad) hemos construido un México bárbaro y si queremos salir de esa problemática, el camino nos dice que tenemos de alejarnos de culparnos entre nosotros para poder empezar a trabajar en la reconstrucción del tejido social y sobre todo, para reencontrarnos con el Estado de Derecho como camino para la pacificación de nuestro amado México.

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

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