/ lunes 23 de diciembre de 2019

CONTRASENTIDO

La reforma fiscal 2020


El pago de impuestos es una de las actividades más detestadas por la ciudadanía, por ello siempre se ha buscado hacerlo de una forma automática para que no sea perceptible. Además, cuando se precede o se es un gobierno ineficiente o corrupto, el clamor popular se exacerba y la resistencia aumenta drásticamente para no pagar impuestos o evadirlos en un mayor porcentaje. Lo anterior a pesar que el pago de impuestos es una obligación de todos los residentes en México, para sostener el gasto público y sobre todo realizar obras de infraestructura que tanta falta nos hacen.

La reforma fiscal 2020 al parecer iba a pasar desapercibida por la sociedad en general por no traer aumentos de impuestos de forma general, sino se centraba en el aumento de impuestos en refrescos, cigarros y algunos productos muy dañinos para la salud. Pero la quietud de la sociedad se vino abajo por la turbulencia de las redes sociales, que nos hacen ver la tendencia de aumento de las críticas de una medida irrelevante como lo es la facturación inmediata en el consumo de bienes y servicios con tarjetas de crédito y débito.

La medida no la vendieron como una opción para los cientos de contribuyentes que usan los medios plásticos para el pago de las compras, pero algunos vivales negociantes decían luego le enviamos la factura y jamás llegaba. Así que ahora se tendría la “opción” de al hacer uso de la terminal bancaria poder facturar automáticamente la compra. Sin embargo, el ADN del mexicano marcado con una carga genética de sospechosísimo, justificado por los constantes abusos de la autoridad fiscal, estalló e hizo pública la idea que esa medida era para triangular información y determinar discrepancias fiscales a todos los contribuyentes.

La discrepancia fiscal, ya establecida en las leyes fiscales hace muchos años, es cuando un contribuyente o residente posee más bienes (o hace más compras) que los que sus ingresos declarados a la autoridad le permiten tener. Evidentemente que esa situación es un agravio a las finanzas públicas de una nación, por lo que es totalmente legal y moral el combatirlas con toda la fuerza del estado para se cumpla la Constitución y se tenga el suficiente gasto público para cumplir los programas sociales. Así que el temor fundado que la reforma fiscal pueda determinar discrepancias fiscales en sectores empresariales y de profesionistas que históricamente han dejado de contribuir es una realidad, pero la mayoría de los mexicanos que somos asalariados no tenemos de qué preocuparnos, porque los patrones realizan la declaración anual de nuestros ingresos y podemos gastar o invertir nuestros salarios como nos plazca e incluso los provenientes de créditos o préstamos. Y en caso de alguna eventualidad favorable como donación o herencia, solo hay que avisar a la autoridad fiscal.

La reforma fiscal 2020 es una coyuntura, se debería aprovechar que el tema está en boga para que la autoridad informe y convenza a los contribuyentes de que los impuestos son en beneficio de todos los mexicanos, pero labor que habrán de realizar no mediante publicidad, sino mediante el combate a la corrupción (en aduanas tienen mucho trabajo pendiente) y eficientización del gasto público. Ni modo, no nos queda de otra más que pagar impuestos, pero exigiendo un buen destino de los recursos.

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

La reforma fiscal 2020


El pago de impuestos es una de las actividades más detestadas por la ciudadanía, por ello siempre se ha buscado hacerlo de una forma automática para que no sea perceptible. Además, cuando se precede o se es un gobierno ineficiente o corrupto, el clamor popular se exacerba y la resistencia aumenta drásticamente para no pagar impuestos o evadirlos en un mayor porcentaje. Lo anterior a pesar que el pago de impuestos es una obligación de todos los residentes en México, para sostener el gasto público y sobre todo realizar obras de infraestructura que tanta falta nos hacen.

La reforma fiscal 2020 al parecer iba a pasar desapercibida por la sociedad en general por no traer aumentos de impuestos de forma general, sino se centraba en el aumento de impuestos en refrescos, cigarros y algunos productos muy dañinos para la salud. Pero la quietud de la sociedad se vino abajo por la turbulencia de las redes sociales, que nos hacen ver la tendencia de aumento de las críticas de una medida irrelevante como lo es la facturación inmediata en el consumo de bienes y servicios con tarjetas de crédito y débito.

La medida no la vendieron como una opción para los cientos de contribuyentes que usan los medios plásticos para el pago de las compras, pero algunos vivales negociantes decían luego le enviamos la factura y jamás llegaba. Así que ahora se tendría la “opción” de al hacer uso de la terminal bancaria poder facturar automáticamente la compra. Sin embargo, el ADN del mexicano marcado con una carga genética de sospechosísimo, justificado por los constantes abusos de la autoridad fiscal, estalló e hizo pública la idea que esa medida era para triangular información y determinar discrepancias fiscales a todos los contribuyentes.

La discrepancia fiscal, ya establecida en las leyes fiscales hace muchos años, es cuando un contribuyente o residente posee más bienes (o hace más compras) que los que sus ingresos declarados a la autoridad le permiten tener. Evidentemente que esa situación es un agravio a las finanzas públicas de una nación, por lo que es totalmente legal y moral el combatirlas con toda la fuerza del estado para se cumpla la Constitución y se tenga el suficiente gasto público para cumplir los programas sociales. Así que el temor fundado que la reforma fiscal pueda determinar discrepancias fiscales en sectores empresariales y de profesionistas que históricamente han dejado de contribuir es una realidad, pero la mayoría de los mexicanos que somos asalariados no tenemos de qué preocuparnos, porque los patrones realizan la declaración anual de nuestros ingresos y podemos gastar o invertir nuestros salarios como nos plazca e incluso los provenientes de créditos o préstamos. Y en caso de alguna eventualidad favorable como donación o herencia, solo hay que avisar a la autoridad fiscal.

La reforma fiscal 2020 es una coyuntura, se debería aprovechar que el tema está en boga para que la autoridad informe y convenza a los contribuyentes de que los impuestos son en beneficio de todos los mexicanos, pero labor que habrán de realizar no mediante publicidad, sino mediante el combate a la corrupción (en aduanas tienen mucho trabajo pendiente) y eficientización del gasto público. Ni modo, no nos queda de otra más que pagar impuestos, pero exigiendo un buen destino de los recursos.

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

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