/ lunes 6 de julio de 2020

CONTRASENTIDO

T-MEC



En 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) y así México inició de lleno en la era de la globalización. Desde entonces, los voceros y defensores del libre comercio establecían la urgencia de nuestro país para participar en el mercado global y obtener los grandes beneficios que supuestamente tendríamos. Así se echaron las campanas al vuelo de una nueva era para nuestra nación.

Es innegable que la competitividad en mercados internacionales es una verdadera necesidad. No se puede aspirar a tener mejores oportunidades de vida si nos mantenemos encerrados, porque sin el intercambio tecnológico y de mercancías permaneceríamos estancados y qué mejor manera de hacerlo que un bloque comercial con dos de las potencias mundiales, lo que nos obliga a lograr esa competitividad a golpe de esfuerzo y disciplina.

En julio del presente entra en vigor el TLCAN en su segunda versión o T-MEC. Con 26 años de experiencia a cuestas y en medio de una crisis sanitaria nos enfrentamos al gran reto de continuar por el camino de la competitividad para lograr el ansiado progreso y desarrollo que nos permita eliminar males tan arraigados como pobreza, brecha digital y desigualdad de oportunidades.

Los grandes beneficios de TLCAN los hemos visto en la creación de empleos, sobre todo en la industria maquiladora. Gracias al libre comercio existen mayores inversiones extranjeras que ven en México la puerta de entrada a unos de mercados con mayor poder de consumo.

Sin embargo, la calidad de los empleos siempre ha sido cuestionable porque muchos de ellos son mal pagados y ponen en riesgo a largo plazo la salud de los obreros mexicanos.

Para que un tratado de libre comercio funcione, requiere una armonía entre sus leyes para proteger la industria y su propiedad intelectual, la base de la inversión y crecimiento económico.

Así que México aprobó leyes para proteger la propiedad intelectual de la industria, que existen con sus socios comerciales. Pero lo anterior ocasionó inconformidad en un sector de la población por la costumbre o malas prácticas en las que hemos caído en aras de la competitividad.

En nuestro país existe un alto porcentaje de personas con ingresos bajos y otro tanto sin ingresos, al menos no los suficientes para disponer de tecnología cotidiana de punta como los celulares de última generación, computadoras y software. Así que el ingenio del mexicano ha buscado las formas para no alejarse tanto de la tecnología modificando o liberando algunas de estas herramientas para tratar de ser competitivos, por lo que ahora se prohíbe explícitamente (antes implícitamente) violar alguna propiedad intelectual con el fin de proteger a la industria que invierte en el desarrollo de éstas.

En ese sentido, el gran reto del T-MEC será promover una mayor igualdad económica de los ingresos de los habitantes de los tres países para lograr una sana competitividad. No puede integrarse a un bloque comercial que solo busque un beneficio comercial. La complejidad de los problemas que afrontan los países obliga a buscar soluciones integrales y por región.

Los problemas de pobreza, desigualdad social y atraso tecnológico que tenemos como país deben ser abordados por el tratado para buscar soluciones que nos hagan competitivos a los mexicanos, para así eliminar las debilidades del bloque comercial. Con el tiempo veremos si por fin tenemos un tratado integral o seguirá siendo solo un acuerdo comercial de mercancías y no una zona de desarrollo humano.

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

T-MEC



En 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) y así México inició de lleno en la era de la globalización. Desde entonces, los voceros y defensores del libre comercio establecían la urgencia de nuestro país para participar en el mercado global y obtener los grandes beneficios que supuestamente tendríamos. Así se echaron las campanas al vuelo de una nueva era para nuestra nación.

Es innegable que la competitividad en mercados internacionales es una verdadera necesidad. No se puede aspirar a tener mejores oportunidades de vida si nos mantenemos encerrados, porque sin el intercambio tecnológico y de mercancías permaneceríamos estancados y qué mejor manera de hacerlo que un bloque comercial con dos de las potencias mundiales, lo que nos obliga a lograr esa competitividad a golpe de esfuerzo y disciplina.

En julio del presente entra en vigor el TLCAN en su segunda versión o T-MEC. Con 26 años de experiencia a cuestas y en medio de una crisis sanitaria nos enfrentamos al gran reto de continuar por el camino de la competitividad para lograr el ansiado progreso y desarrollo que nos permita eliminar males tan arraigados como pobreza, brecha digital y desigualdad de oportunidades.

Los grandes beneficios de TLCAN los hemos visto en la creación de empleos, sobre todo en la industria maquiladora. Gracias al libre comercio existen mayores inversiones extranjeras que ven en México la puerta de entrada a unos de mercados con mayor poder de consumo.

Sin embargo, la calidad de los empleos siempre ha sido cuestionable porque muchos de ellos son mal pagados y ponen en riesgo a largo plazo la salud de los obreros mexicanos.

Para que un tratado de libre comercio funcione, requiere una armonía entre sus leyes para proteger la industria y su propiedad intelectual, la base de la inversión y crecimiento económico.

Así que México aprobó leyes para proteger la propiedad intelectual de la industria, que existen con sus socios comerciales. Pero lo anterior ocasionó inconformidad en un sector de la población por la costumbre o malas prácticas en las que hemos caído en aras de la competitividad.

En nuestro país existe un alto porcentaje de personas con ingresos bajos y otro tanto sin ingresos, al menos no los suficientes para disponer de tecnología cotidiana de punta como los celulares de última generación, computadoras y software. Así que el ingenio del mexicano ha buscado las formas para no alejarse tanto de la tecnología modificando o liberando algunas de estas herramientas para tratar de ser competitivos, por lo que ahora se prohíbe explícitamente (antes implícitamente) violar alguna propiedad intelectual con el fin de proteger a la industria que invierte en el desarrollo de éstas.

En ese sentido, el gran reto del T-MEC será promover una mayor igualdad económica de los ingresos de los habitantes de los tres países para lograr una sana competitividad. No puede integrarse a un bloque comercial que solo busque un beneficio comercial. La complejidad de los problemas que afrontan los países obliga a buscar soluciones integrales y por región.

Los problemas de pobreza, desigualdad social y atraso tecnológico que tenemos como país deben ser abordados por el tratado para buscar soluciones que nos hagan competitivos a los mexicanos, para así eliminar las debilidades del bloque comercial. Con el tiempo veremos si por fin tenemos un tratado integral o seguirá siendo solo un acuerdo comercial de mercancías y no una zona de desarrollo humano.

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

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