/ lunes 20 de julio de 2020

CONTRASENTIDO

¿La nueva normalidad para siempre?


Uno de los grandes problemas del hombre es que siempre considera su realidad inmediata como algo que jamás cambiará. El tema de las pandemias parecía estar bajo control con la aparición de la vacuna contra la influenza y porque algunos virus estaban focalizados a ciertas actividades.

Así que toda planeación obedecía a cierta estabilidad, por lo que la construcción de edificios, por ejemplo, era bajo esos principios. Sin embargo, ahora nos asaltan varias preguntas: ¿La “nueva normalidad” será eterna? ¿Vendrán nuevos virus igual de contagiosos? ¿Las vacunas siempre serán tardadas?

La dinámica poblacional exige que el crecimiento no se detenga. Las necesidades son muchas y se requieren nuevos edificios, escuelas, hospitales, aeropuertos, casas, etc… Entonces, es necesario considerar cómo se van a planificar esos espacios urbanos que nos garanticen cierta armonía entre lo que necesitamos ahorita con el largo plazo. Lo complicado es entender que esta pandemia nos está dando una seria lección a la humanidad, en el sentido que nos obliga a ser solidarios y reflexivos, aunque en la realidad nos sigamos comportando de una manera egoísta acaparando medicinas, saliendo sin medidas de protección y varias cosas más, pero el deber ser siempre será otro.

Un claro ejemplo de lo anterior son las escuelas. Estamos inmersos en un receso escolar muy peculiar, anteriormente este espacio era de planeación, por lo menos, del próximo ciclo escolar. En lo individual, las familias buscaban recursos para la compra de uniformes, mochilas y determinados útiles escolares que se requerían para una educación presencial; en lo colectivo, algunas escuelas (muy pocas) con recursos planeaban el mantenimiento de pupitres y alguna que otra necesidad. Ahora todo es diferente, ante la incertidumbre de no saber ni siquiera si vamos a tener clases presenciales, virtuales o alguna mezcla rara que se le ocurra al encargado del tema. La situación es compleja porque no es fácil tomar una decisión, a lo más que pudiéramos aspirar es que el secretario de Educación se faje los pantalones y se mantenga en una regla: “Regreso a clases presenciales hasta que el semáforo esté en verde”. Con lo anterior, llueve o truene, tendríamos una premisa clara para el regreso a clases, pero no resolvería del todo las interrogantes de los padres de familia, del gobierno y de la sociedad en general.

Por otro lado, es necesario reconocer que la sociedad actual enfrenta graves problemas que no ha podido resolver en materia de necesidades. Volviendo al ejemplo de la escuela, la infraestructura es deplorable en muchas de ellas, sobre todo en aquellas que se encuentran en contextos rurales. Cientos de escuelas carecen de los servicios tan básicos como agua, drenaje o servicio de energía eléctrica como para pensar que se pueden reacondicionar con cubículos individualizados por alumno y tendrán material de higiene personal suficiente para todos los alumnos cuando los padres de familia compran el agua de garrafón porque ni eso está garantizado. Si en lo básico se batalla en exceso, pensar en que existen las condiciones para una educación virtual es totalmente utópico; sin embargo, se tiene que trabajar con lo que hay y hacer el máximo de los esfuerzos.

El análisis de la educación es un ejemplo que se puede replicar en cualquier área de infraestructura necesaria para el desarrollo de nuestro México. Es un tema que solo los especialistas saben cómo atacarlo, así que esperemos que hagan su mejor esfuerzo, porque de por sí las cosas no andan muy bien como para seguir haciendo las cosas mal.

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

¿La nueva normalidad para siempre?


Uno de los grandes problemas del hombre es que siempre considera su realidad inmediata como algo que jamás cambiará. El tema de las pandemias parecía estar bajo control con la aparición de la vacuna contra la influenza y porque algunos virus estaban focalizados a ciertas actividades.

Así que toda planeación obedecía a cierta estabilidad, por lo que la construcción de edificios, por ejemplo, era bajo esos principios. Sin embargo, ahora nos asaltan varias preguntas: ¿La “nueva normalidad” será eterna? ¿Vendrán nuevos virus igual de contagiosos? ¿Las vacunas siempre serán tardadas?

La dinámica poblacional exige que el crecimiento no se detenga. Las necesidades son muchas y se requieren nuevos edificios, escuelas, hospitales, aeropuertos, casas, etc… Entonces, es necesario considerar cómo se van a planificar esos espacios urbanos que nos garanticen cierta armonía entre lo que necesitamos ahorita con el largo plazo. Lo complicado es entender que esta pandemia nos está dando una seria lección a la humanidad, en el sentido que nos obliga a ser solidarios y reflexivos, aunque en la realidad nos sigamos comportando de una manera egoísta acaparando medicinas, saliendo sin medidas de protección y varias cosas más, pero el deber ser siempre será otro.

Un claro ejemplo de lo anterior son las escuelas. Estamos inmersos en un receso escolar muy peculiar, anteriormente este espacio era de planeación, por lo menos, del próximo ciclo escolar. En lo individual, las familias buscaban recursos para la compra de uniformes, mochilas y determinados útiles escolares que se requerían para una educación presencial; en lo colectivo, algunas escuelas (muy pocas) con recursos planeaban el mantenimiento de pupitres y alguna que otra necesidad. Ahora todo es diferente, ante la incertidumbre de no saber ni siquiera si vamos a tener clases presenciales, virtuales o alguna mezcla rara que se le ocurra al encargado del tema. La situación es compleja porque no es fácil tomar una decisión, a lo más que pudiéramos aspirar es que el secretario de Educación se faje los pantalones y se mantenga en una regla: “Regreso a clases presenciales hasta que el semáforo esté en verde”. Con lo anterior, llueve o truene, tendríamos una premisa clara para el regreso a clases, pero no resolvería del todo las interrogantes de los padres de familia, del gobierno y de la sociedad en general.

Por otro lado, es necesario reconocer que la sociedad actual enfrenta graves problemas que no ha podido resolver en materia de necesidades. Volviendo al ejemplo de la escuela, la infraestructura es deplorable en muchas de ellas, sobre todo en aquellas que se encuentran en contextos rurales. Cientos de escuelas carecen de los servicios tan básicos como agua, drenaje o servicio de energía eléctrica como para pensar que se pueden reacondicionar con cubículos individualizados por alumno y tendrán material de higiene personal suficiente para todos los alumnos cuando los padres de familia compran el agua de garrafón porque ni eso está garantizado. Si en lo básico se batalla en exceso, pensar en que existen las condiciones para una educación virtual es totalmente utópico; sin embargo, se tiene que trabajar con lo que hay y hacer el máximo de los esfuerzos.

El análisis de la educación es un ejemplo que se puede replicar en cualquier área de infraestructura necesaria para el desarrollo de nuestro México. Es un tema que solo los especialistas saben cómo atacarlo, así que esperemos que hagan su mejor esfuerzo, porque de por sí las cosas no andan muy bien como para seguir haciendo las cosas mal.

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com