/ lunes 24 de agosto de 2020

CONTRASENTIDO

El nuevo ciclo escolar



A partir de hoy, millones de niños y jóvenes retomarán e iniciarán sus actividades académicas en educación básica. Justo al ocaso de lo más fuerte del verano, al menos en la región, iniciará un nuevo ciclo escolar lleno de incertidumbre, pero de grandes retos para alumnos, maestros y padres de familia.

La cruenta y despiadada pandemia sigue presente y amenaza con una psicosis colectiva en cuanto inicie el cambio de clima y venga la ola de enfermedades respiratorias, asaltarán lo miedos al no saber con exactitud cuándo es una gripe normal y cuándo se trata del temido virus, así como por no saber con exactitud el tiempo de la inmunidad a las personas que ya pasaron por tan amargo trance.

Los padres de familia, algunos ya insertados en el mundo laboral, deberán buscar la forma que sus hijos aprendan desde casa y con la ayuda de un televisor, por lo que seguramente tendrán que buscar el apoyo en otros adultos que al menos puedan supervisar las tareas, sobre todo, de los infantes.

Asimismo, el padre de familia tiene la preocupación y ocupación de no sólo allegar los víveres al hogar, sino que ahora tiene la responsabilidad de allegarse de recursos porque el virus ha demostrado que su tratamiento también es costoso en lo económico y no sólo en lo emocional. En ese sentido, el cúmulo de responsabilidades para los padres de familia será enorme y si le agregamos que la solución médica a la pandemia puede tardarse, el estrés deberá ir en aumento.

Pero como dice un viejo adagio: “Nadie nace sabiendo ser padre”, así que debemos confiar en el amor que engendran los hijos, para que con ello los padres tomen la fortaleza emocional que nos permitan salir adelante y sacar el nuevo ciclo escolar.

Ser profesor en un siglo lleno de cambios tan repentinos a nivel tecnológico ha acentuado las brechas generacionales: Mientras unos se suben a la súper carretera de la innovación tecnológica, otros por su parte muestran una resistencia al cambio y se perpetran en su “declinismo”. Sin entrar a grandes debates, la única razón válida en tiempos de coronavirus es que hoy más que nunca se requiere la pedagogía y la didáctica como las armas fundamentales para construir la mayor cantidad de aprendizaje en momento tan recio y distinto.

En ese sentido, el magisterio siempre ha mostrado el empeño y empuje necesario para salir adelante, tiene el corazón tan grande que es capaz de salir adelante a pesar de lo dificultoso de la situación. A pesar que no soy muy tomados en cuenta en la actualidad, el docente está deseoso de aprender y de afrontar nuevos retos. Seguramente de esta pandemia debiera de salir un magisterio más fortalecido en todos los ámbitos de tan hermosa profesión.

Los niños y adolescentes, por su parte, son los que pudieran estar siendo más afectados en el aspecto emocional. Vivir en tiempos de guerra contra un virus, mantenerse confinados en el hogar, escuchar y vivir el duelo por la pérdida de familiares, amigos o vecinos y sobre todo ver la incertidumbre en el hogar, generan condiciones totalmente adversas al aprendizaje. Además, en los aspectos técnicos por no contar con el acceso a la tecnología y conectividad requerida merman visiblemente la posibilidad de aprender y de aprehender. Pero no debemos tirarnos al suelo a llorar, es tiempo que como adultos hagamos lo mejor posible y lo que esté de nuestra parte, para hacer de nuestros alumnos una generación de hombres brillantes en todos los aspectos de la vida. ¡A darle!

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com

El nuevo ciclo escolar



A partir de hoy, millones de niños y jóvenes retomarán e iniciarán sus actividades académicas en educación básica. Justo al ocaso de lo más fuerte del verano, al menos en la región, iniciará un nuevo ciclo escolar lleno de incertidumbre, pero de grandes retos para alumnos, maestros y padres de familia.

La cruenta y despiadada pandemia sigue presente y amenaza con una psicosis colectiva en cuanto inicie el cambio de clima y venga la ola de enfermedades respiratorias, asaltarán lo miedos al no saber con exactitud cuándo es una gripe normal y cuándo se trata del temido virus, así como por no saber con exactitud el tiempo de la inmunidad a las personas que ya pasaron por tan amargo trance.

Los padres de familia, algunos ya insertados en el mundo laboral, deberán buscar la forma que sus hijos aprendan desde casa y con la ayuda de un televisor, por lo que seguramente tendrán que buscar el apoyo en otros adultos que al menos puedan supervisar las tareas, sobre todo, de los infantes.

Asimismo, el padre de familia tiene la preocupación y ocupación de no sólo allegar los víveres al hogar, sino que ahora tiene la responsabilidad de allegarse de recursos porque el virus ha demostrado que su tratamiento también es costoso en lo económico y no sólo en lo emocional. En ese sentido, el cúmulo de responsabilidades para los padres de familia será enorme y si le agregamos que la solución médica a la pandemia puede tardarse, el estrés deberá ir en aumento.

Pero como dice un viejo adagio: “Nadie nace sabiendo ser padre”, así que debemos confiar en el amor que engendran los hijos, para que con ello los padres tomen la fortaleza emocional que nos permitan salir adelante y sacar el nuevo ciclo escolar.

Ser profesor en un siglo lleno de cambios tan repentinos a nivel tecnológico ha acentuado las brechas generacionales: Mientras unos se suben a la súper carretera de la innovación tecnológica, otros por su parte muestran una resistencia al cambio y se perpetran en su “declinismo”. Sin entrar a grandes debates, la única razón válida en tiempos de coronavirus es que hoy más que nunca se requiere la pedagogía y la didáctica como las armas fundamentales para construir la mayor cantidad de aprendizaje en momento tan recio y distinto.

En ese sentido, el magisterio siempre ha mostrado el empeño y empuje necesario para salir adelante, tiene el corazón tan grande que es capaz de salir adelante a pesar de lo dificultoso de la situación. A pesar que no soy muy tomados en cuenta en la actualidad, el docente está deseoso de aprender y de afrontar nuevos retos. Seguramente de esta pandemia debiera de salir un magisterio más fortalecido en todos los ámbitos de tan hermosa profesión.

Los niños y adolescentes, por su parte, son los que pudieran estar siendo más afectados en el aspecto emocional. Vivir en tiempos de guerra contra un virus, mantenerse confinados en el hogar, escuchar y vivir el duelo por la pérdida de familiares, amigos o vecinos y sobre todo ver la incertidumbre en el hogar, generan condiciones totalmente adversas al aprendizaje. Además, en los aspectos técnicos por no contar con el acceso a la tecnología y conectividad requerida merman visiblemente la posibilidad de aprender y de aprehender. Pero no debemos tirarnos al suelo a llorar, es tiempo que como adultos hagamos lo mejor posible y lo que esté de nuestra parte, para hacer de nuestros alumnos una generación de hombres brillantes en todos los aspectos de la vida. ¡A darle!

@GildardoLinarez

glinarez@hotmail.com