/ jueves 4 de julio de 2019

Cruzando líneas

Redadas: La ofrenda de Trump


Miles de migrantes contienen el aliento; una zozobra les ha secuestrado la respiración. Su temor tiene nombre, apellido y una afición por el Twitter. Hace un par de semanas amenazó con expulsar de Estados Unidos a miles de centroamericanos… por montones. Hoy, justo el día que se celebra la Independencia, empezaría a cumplir su promesa. Hoy, 4 de julio, el Presidente de una de las naciones más importantes del mundo le da la espalda a la libertad.

Primero lo hizo con el muro: Ataques, escándalo y elecciones. Después con los aranceles a México: Coerción, intimidación y estrategia. Ahora, las redadas: Miedo, poder e imposición. Las autoridades de inmigración han informado que tienen “bastante” tiempo planeando en el operativo de aprehensión y remoción de extranjeros con orden de deportación: El tuit del Presidente no hizo más que apresurarlos, alistarse para ejecutarlo sin terminar de atar cabos. Riesgoso.

Trump ha puesto el blanco en 10 ciudades, las más vulnerables a un ataque migratorio que desencadenaría devastadoras repercusiones sociales; hay algunas, inclusive en Arizona, que no se muestran en la lista, pero que están a la espera del golpe bajo. Están alertas, pero conscientes. No confían en el Presidente, pero no lo ignoran como enemigo. Saben que en tiempos electorales hay que sacrificar a alguien y para Trump la ofrenda más gratificante es el migrante: Quiere servir a los centroamericanos en banquete. Sabe que así logra satisfacer al votante que le da el triunfo electoral, aunque jamás logre conquistar el voto popular. Le pesa no llenar los zapatos del que vivía antes que él en la Casa Blanca.

Donald Trump no ha podido igualar o superar las cifras de extradiciones de la administración pasada. Barack Obama sigue siendo “el deportador en jefe”; sí, un demócrata carismático con un índice de aprobación más alto que el magnate republicano.

De acuerdo a las estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), Obama mantuvo un promedio de 385 mil deportaciones por año fiscal. En el 2012 rompió récord: 409 mil 849; lo hizo sin hacer mucho ruido. Sacó del país a aquellos indocumentados con antecedentes criminales que encabezaban la lista de prioridades de su Gobierno; fue criticado, pero después aplaudido por sus intentos de “parchar” el obsoleto sistema de inmigración estadounidense. Se ganó a las minorías, no con una reforma migratoria, sino con el programa DACA (acción diferida para jóvenes soñadores) y el nunca implementado DAPA (alivio temporal para padres indocumentados de ciudadanos estadounidenses). Al final de su gestión como Presidente, las extradiciones disminuyeron a 250 mil al año… un número todavía muy elevado.

A pesar de su proselitismo, Trump apenas llega a esas cifras, pese a la presunta crisis migratoria que -insiste- se vive en la frontera. Lanza amenazas al aire para propagar un delirio de persecución ya arraigado en el migrante sea o no indocumentado.

Habla, habla y habla.

El muro ya existía antes que él, a México lo necesita como socio y los indocumentados son cruciales para su campaña. Por eso sigue amenazando sin ejecutar. Sabe que incluso las agencias de Aduanas y protección fronteriza están anémicas por la política, se han quedado en los huesos. Está consciente de que -quizá- nada de lo que quiere, se pueda.... pero juega con el pueblo y en eso sí que es un experto; eso da miedo.



Maritza L. Félix es una periodista, productora y escritora independiente galardonada con múltiples premios por sus trabajos de investigación periodística para prensa y televisión en México, Estados Unidos y Europa.


maritzalizethfelix@gmail.com



Redadas: La ofrenda de Trump


Miles de migrantes contienen el aliento; una zozobra les ha secuestrado la respiración. Su temor tiene nombre, apellido y una afición por el Twitter. Hace un par de semanas amenazó con expulsar de Estados Unidos a miles de centroamericanos… por montones. Hoy, justo el día que se celebra la Independencia, empezaría a cumplir su promesa. Hoy, 4 de julio, el Presidente de una de las naciones más importantes del mundo le da la espalda a la libertad.

Primero lo hizo con el muro: Ataques, escándalo y elecciones. Después con los aranceles a México: Coerción, intimidación y estrategia. Ahora, las redadas: Miedo, poder e imposición. Las autoridades de inmigración han informado que tienen “bastante” tiempo planeando en el operativo de aprehensión y remoción de extranjeros con orden de deportación: El tuit del Presidente no hizo más que apresurarlos, alistarse para ejecutarlo sin terminar de atar cabos. Riesgoso.

Trump ha puesto el blanco en 10 ciudades, las más vulnerables a un ataque migratorio que desencadenaría devastadoras repercusiones sociales; hay algunas, inclusive en Arizona, que no se muestran en la lista, pero que están a la espera del golpe bajo. Están alertas, pero conscientes. No confían en el Presidente, pero no lo ignoran como enemigo. Saben que en tiempos electorales hay que sacrificar a alguien y para Trump la ofrenda más gratificante es el migrante: Quiere servir a los centroamericanos en banquete. Sabe que así logra satisfacer al votante que le da el triunfo electoral, aunque jamás logre conquistar el voto popular. Le pesa no llenar los zapatos del que vivía antes que él en la Casa Blanca.

Donald Trump no ha podido igualar o superar las cifras de extradiciones de la administración pasada. Barack Obama sigue siendo “el deportador en jefe”; sí, un demócrata carismático con un índice de aprobación más alto que el magnate republicano.

De acuerdo a las estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), Obama mantuvo un promedio de 385 mil deportaciones por año fiscal. En el 2012 rompió récord: 409 mil 849; lo hizo sin hacer mucho ruido. Sacó del país a aquellos indocumentados con antecedentes criminales que encabezaban la lista de prioridades de su Gobierno; fue criticado, pero después aplaudido por sus intentos de “parchar” el obsoleto sistema de inmigración estadounidense. Se ganó a las minorías, no con una reforma migratoria, sino con el programa DACA (acción diferida para jóvenes soñadores) y el nunca implementado DAPA (alivio temporal para padres indocumentados de ciudadanos estadounidenses). Al final de su gestión como Presidente, las extradiciones disminuyeron a 250 mil al año… un número todavía muy elevado.

A pesar de su proselitismo, Trump apenas llega a esas cifras, pese a la presunta crisis migratoria que -insiste- se vive en la frontera. Lanza amenazas al aire para propagar un delirio de persecución ya arraigado en el migrante sea o no indocumentado.

Habla, habla y habla.

El muro ya existía antes que él, a México lo necesita como socio y los indocumentados son cruciales para su campaña. Por eso sigue amenazando sin ejecutar. Sabe que incluso las agencias de Aduanas y protección fronteriza están anémicas por la política, se han quedado en los huesos. Está consciente de que -quizá- nada de lo que quiere, se pueda.... pero juega con el pueblo y en eso sí que es un experto; eso da miedo.



Maritza L. Félix es una periodista, productora y escritora independiente galardonada con múltiples premios por sus trabajos de investigación periodística para prensa y televisión en México, Estados Unidos y Europa.


maritzalizethfelix@gmail.com



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