/ domingo 20 de febrero de 2022

FE Y RAZÓN

¿Podemos amar al enemigo?


El mensaje de Jesús es: “Amad a vuestros enemigos y haced el bien a los que os odian”. Pero la pregunta es si verdaderamente ¿podemos amar al enemigo?

Para responder esta pregunta, debemos entender y aceptar los sentimientos o emociones de ira y agresividad que nace en nosotros cuando alguien nos ofende o lastima, cuando tomamos las situaciones o actitudes de los demás de forma personal, cuando el veneno recorre inmediatamente por nuestro pensamiento y quedamos atrapados en un sueño de infierno y destrucción, en cierta manera es normal pues estamos heridos, sin embargo debemos aprender a recuperar la paz interior que nos ayude a reaccionar de manera sana.

Una decisión del perdonar es no vengarse, aunque esto es complicado porque es una reacción casi instintiva el atacar de manera físico o verbal al sentirnos humillados o heridos, pero lo cierto es cuando alguien te insulta directamente eso no tiene que ver contigo, eso responde a las emociones establecidas que el agresor lleva en su propia mente o en sus sentimientos heridos y normalmente su respuesta o actitud surge de la programación que recibió durante su domesticación. Por eso no debemos comer toda la basura emocional y convertirla en nuestra, es como tragar una pócima de veneno que termina por intoxicarnos, recuerda aquellas palabras de Jesús a sus discípulos: “Tomarán en las manos serpientes y si beben veneno no les hará daño”, precisamente porque el amor impide a través del perdón que el veneno del otro nos intoxique y es decisivo no alimentar el resentimiento, no permitir el odio en el corazón.

El enfado o enojo, la agresividad o violencia, la revancha o castigo casi siempre son impulsos o acciones que vienen del miedo y cuando reaccionamos de esta manera en el fondo es enfrentarnos con nuestro propio miedo, si no hay miedo no te enfadarías, no odiarías, no estarías celoso o triste de modo alguno. Y si vives sin miedo, es decir, si amas sin esperar nada a cambio, no hay lugar para ninguna de esas emociones negativas, cuando uno se siente bien todo lo que te rodea está bien y cuando todo lo que te rodea es magnífico todo te hace feliz. Siempre debes recordar que un corazón lastimado tiende a lastimar o una enfermedad tiene tendencia a contagiar.

Dice Don Miguel Ruiz en su libro cuatro acuerdos “No te tomes nada personal” porque si lo haces, te expones a sufrir por nada, los seres humanos somos adictos al sufrimiento en diferentes niveles y distintos grados; a lo largo del camino encontrarás gente que les gusta humillar, maltratar, ofender, mentir, traicionar, hay inclusive quien de manera sociópata se alimenta del dolor ajeno ignorando los derechos y sentimientos de los demás.

Perdonar es la fuente de tu paz interior como decía nuestro señor Jesucristo, es sacudirse el polvo de quien no te recibe y continuar tu camino libre de equipaje. El perdón es sanación, es liberación, es ser tú mismo enfrentándote a tus propios miedos y a los impulsos primarios que se desprenden del pecado capital que es la ira.

Es por eso que sí se puede amar al enemigo teniendo compasión de su corazón lastimado y herido.


¿Podemos amar al enemigo?


El mensaje de Jesús es: “Amad a vuestros enemigos y haced el bien a los que os odian”. Pero la pregunta es si verdaderamente ¿podemos amar al enemigo?

Para responder esta pregunta, debemos entender y aceptar los sentimientos o emociones de ira y agresividad que nace en nosotros cuando alguien nos ofende o lastima, cuando tomamos las situaciones o actitudes de los demás de forma personal, cuando el veneno recorre inmediatamente por nuestro pensamiento y quedamos atrapados en un sueño de infierno y destrucción, en cierta manera es normal pues estamos heridos, sin embargo debemos aprender a recuperar la paz interior que nos ayude a reaccionar de manera sana.

Una decisión del perdonar es no vengarse, aunque esto es complicado porque es una reacción casi instintiva el atacar de manera físico o verbal al sentirnos humillados o heridos, pero lo cierto es cuando alguien te insulta directamente eso no tiene que ver contigo, eso responde a las emociones establecidas que el agresor lleva en su propia mente o en sus sentimientos heridos y normalmente su respuesta o actitud surge de la programación que recibió durante su domesticación. Por eso no debemos comer toda la basura emocional y convertirla en nuestra, es como tragar una pócima de veneno que termina por intoxicarnos, recuerda aquellas palabras de Jesús a sus discípulos: “Tomarán en las manos serpientes y si beben veneno no les hará daño”, precisamente porque el amor impide a través del perdón que el veneno del otro nos intoxique y es decisivo no alimentar el resentimiento, no permitir el odio en el corazón.

El enfado o enojo, la agresividad o violencia, la revancha o castigo casi siempre son impulsos o acciones que vienen del miedo y cuando reaccionamos de esta manera en el fondo es enfrentarnos con nuestro propio miedo, si no hay miedo no te enfadarías, no odiarías, no estarías celoso o triste de modo alguno. Y si vives sin miedo, es decir, si amas sin esperar nada a cambio, no hay lugar para ninguna de esas emociones negativas, cuando uno se siente bien todo lo que te rodea está bien y cuando todo lo que te rodea es magnífico todo te hace feliz. Siempre debes recordar que un corazón lastimado tiende a lastimar o una enfermedad tiene tendencia a contagiar.

Dice Don Miguel Ruiz en su libro cuatro acuerdos “No te tomes nada personal” porque si lo haces, te expones a sufrir por nada, los seres humanos somos adictos al sufrimiento en diferentes niveles y distintos grados; a lo largo del camino encontrarás gente que les gusta humillar, maltratar, ofender, mentir, traicionar, hay inclusive quien de manera sociópata se alimenta del dolor ajeno ignorando los derechos y sentimientos de los demás.

Perdonar es la fuente de tu paz interior como decía nuestro señor Jesucristo, es sacudirse el polvo de quien no te recibe y continuar tu camino libre de equipaje. El perdón es sanación, es liberación, es ser tú mismo enfrentándote a tus propios miedos y a los impulsos primarios que se desprenden del pecado capital que es la ira.

Es por eso que sí se puede amar al enemigo teniendo compasión de su corazón lastimado y herido.


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