/ jueves 24 de septiembre de 2020

Los desertores republicanos

ARIZONA - Pareciera que fue hace tanto tiempo cuando los republicanos se reían de Donald Trump y sus ambiciones presidenciales. Eran muchos los precandidatos con carrera política, reconocimiento público y visión legislativa y él, bueno, era un empresario que había financiado muchas campañas y administraciones, estrella de televisión y polémico magnate estrafalario. ¡No, hombre, ese Trump es puro circo!, pensaban. Y se les vino la carpa encima.

Tuvieron que tragarse sus palabras. El partido es primero; Dios los guarde de tener otro demócrata en la Casa Blanca y qué espanto que sea mujer. Votaron a ciegas. Se encomendaron al de arriba y decidieron confiar, al fin y al cabo, todo circo tiene una marioneta, pensaron. Pero Trump cortó los hilos y cobró vida, como si fuera un muñeco diabólico poseído por el poder.

Han pasado cuatro años. A esos republicanos se les quitó lo de hueso colorado y se volvieron independientes, algunos hasta demócratas. Lo hicieron como protesta, como si el darle la espalda a Trump se convirtiera en su penitencia y redención.

Esta semana Cindy McCain, la viuda del senador John McCain, lo sepultó entre los seguidores de su marido. Le quitó el respaldo y así le dio el tiro de gracia entre los republicanos más consolidados de Arizona. Ella y su familia van por Joe Biden y esa será, quizá, la contienda que genere ruptura con su partido de años.

Así como los McCain, muchos influyentes que movían los hilos del Partido Republicano se cambiaron de bando por indignación, coraje y por honrar la memoria del senador y otros miles de veteranos de guerra que han sido insultados por el presidente. Sí, Trump se metió con la persona equivocada y ahora su berrinche le podría costar los 11 votos electorales que representa este estado fronterizo. Por eso viene tanto.

Así que no bastarán que lleguen Trump, Ivanka, el vicepresidente Pence ni el Jr. Incluso con todas las visitas oficiales y de campaña, Trump lleva las de perder en Arizona, a pesar de tanto.

Biden no ha tenido que hacer mucho, al menos en Arizona. Las encuestas le dan una ventaja de unos 10 puntos, incluso sin actos de campaña. Le favorece no ser Trump, esa es su cualidad más fuerte en estas elecciones y le ayuda el recuerdo de Obama. Los méritos propios pareciera que salen sobrando.

Estas son unas elecciones sin precedentes y Arizona podría ser decisivo. Nada había logrado que este estado se pintara de azul ni de morado, ahora el electorado quiere cualquier color menos el rojo… ese ya no los representa.

La pandemia sacudió la balanza. A Joe Biden le ha sentado bien: Encerrado y ganando; se apodera del terreno desde lejos. A Trump lo jode. Más de 200 mil muertos por la Covid-19, desajustes en las economías locales, una frontera cerrada y una sociedad inquieta por su manera de manejar esta crisis de salud que se profundiza en las grietas económicas y mentales.

Pero Trump es un buen estratega. Nadie puede darlo por muerto.


ARIZONA - Pareciera que fue hace tanto tiempo cuando los republicanos se reían de Donald Trump y sus ambiciones presidenciales. Eran muchos los precandidatos con carrera política, reconocimiento público y visión legislativa y él, bueno, era un empresario que había financiado muchas campañas y administraciones, estrella de televisión y polémico magnate estrafalario. ¡No, hombre, ese Trump es puro circo!, pensaban. Y se les vino la carpa encima.

Tuvieron que tragarse sus palabras. El partido es primero; Dios los guarde de tener otro demócrata en la Casa Blanca y qué espanto que sea mujer. Votaron a ciegas. Se encomendaron al de arriba y decidieron confiar, al fin y al cabo, todo circo tiene una marioneta, pensaron. Pero Trump cortó los hilos y cobró vida, como si fuera un muñeco diabólico poseído por el poder.

Han pasado cuatro años. A esos republicanos se les quitó lo de hueso colorado y se volvieron independientes, algunos hasta demócratas. Lo hicieron como protesta, como si el darle la espalda a Trump se convirtiera en su penitencia y redención.

Esta semana Cindy McCain, la viuda del senador John McCain, lo sepultó entre los seguidores de su marido. Le quitó el respaldo y así le dio el tiro de gracia entre los republicanos más consolidados de Arizona. Ella y su familia van por Joe Biden y esa será, quizá, la contienda que genere ruptura con su partido de años.

Así como los McCain, muchos influyentes que movían los hilos del Partido Republicano se cambiaron de bando por indignación, coraje y por honrar la memoria del senador y otros miles de veteranos de guerra que han sido insultados por el presidente. Sí, Trump se metió con la persona equivocada y ahora su berrinche le podría costar los 11 votos electorales que representa este estado fronterizo. Por eso viene tanto.

Así que no bastarán que lleguen Trump, Ivanka, el vicepresidente Pence ni el Jr. Incluso con todas las visitas oficiales y de campaña, Trump lleva las de perder en Arizona, a pesar de tanto.

Biden no ha tenido que hacer mucho, al menos en Arizona. Las encuestas le dan una ventaja de unos 10 puntos, incluso sin actos de campaña. Le favorece no ser Trump, esa es su cualidad más fuerte en estas elecciones y le ayuda el recuerdo de Obama. Los méritos propios pareciera que salen sobrando.

Estas son unas elecciones sin precedentes y Arizona podría ser decisivo. Nada había logrado que este estado se pintara de azul ni de morado, ahora el electorado quiere cualquier color menos el rojo… ese ya no los representa.

La pandemia sacudió la balanza. A Joe Biden le ha sentado bien: Encerrado y ganando; se apodera del terreno desde lejos. A Trump lo jode. Más de 200 mil muertos por la Covid-19, desajustes en las economías locales, una frontera cerrada y una sociedad inquieta por su manera de manejar esta crisis de salud que se profundiza en las grietas económicas y mentales.

Pero Trump es un buen estratega. Nadie puede darlo por muerto.


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