/ lunes 12 de octubre de 2020

Los fideicomisos

Gran revuelo ha ocasionado la muy probable eliminación de casi todos los fideicomisos que manejaba el estado mexicano. En gran medida el asombro de la población se debe principalmente al miedo infundido por algunos medios de comunicación que pretenden hacer ver mal a la actual administración, porque jamás dicen que esos recursos serán canalizados con otros programas más transparentes, tal es el caso del Fondo de Desastres Naturales, que de desaparecer el fideicomiso se crearía otro programa con igual cantidad de recursos asignados, pero mucho más transparente.

El problema de los fideicomisos, aunque no aplicable del todo a los de recursos públicos, es el secreto fiduciario, que es un mecanismo que permite mantener cierta discrecionalidad en cuanto al manejo de los fondos, es decir de los recursos. Por lo tanto, los fideicomisos se convirtieron en un mecanismo muy eficiente, pero para el desvío de recursos y sobre todo para que las dependencias del gobierno federal tuvieran sus guardaditos de recursos, que de nada les servía porque no podían ejercerse más que para el fin específico para el que fueron creados, así que es dinero ocioso o mal administrado principalmente.

En estos días han estado saliendo una serie de fideicomisos con fines totalmente alejados de la realidad nacional y para beneficiar a servidores públicos, olvidándose por completo de la función social del gasto de un estado. Además, hemos visto cómo empresas privadas se han beneficiado exageradamente de los fideicomisos sin reportar retornos al pueblo mexicano. Y seguramente seguirán saliendo muchas irregularidades en las siguientes semanas, que mantendrán vivo el debate sobre el tema.

La noticia de la supuesta extinción de los fideicomisos ha puesto el tema en boga. Una parte de la población ve con malos ojos la medida por la preocupación que la ciencia, tecnología, salud, seguridad social y demás obligaciones del estado no sean atendidas por la falta de recursos. Y es precisamente ahí donde el actual gobierno tendrá que hacer su tarea informando en medios alternos sobre el uso de esos recursos, para que la población vea que efectivamente se le dará el mismo o un mayor beneficio al combatir ferozmente la opacidad y desvío del dinero público.

Cuando se administran los recursos de un país que presenta una profunda y marcada desigualdad, obligadamente se tiene que ser eficiente en la administración de recursos, sobre todo cuando nos encontramos en medio de una crisis global por una pandemia. Es tiempo de cambios profundos, pero también de exigencias y de resultados.


Gran revuelo ha ocasionado la muy probable eliminación de casi todos los fideicomisos que manejaba el estado mexicano. En gran medida el asombro de la población se debe principalmente al miedo infundido por algunos medios de comunicación que pretenden hacer ver mal a la actual administración, porque jamás dicen que esos recursos serán canalizados con otros programas más transparentes, tal es el caso del Fondo de Desastres Naturales, que de desaparecer el fideicomiso se crearía otro programa con igual cantidad de recursos asignados, pero mucho más transparente.

El problema de los fideicomisos, aunque no aplicable del todo a los de recursos públicos, es el secreto fiduciario, que es un mecanismo que permite mantener cierta discrecionalidad en cuanto al manejo de los fondos, es decir de los recursos. Por lo tanto, los fideicomisos se convirtieron en un mecanismo muy eficiente, pero para el desvío de recursos y sobre todo para que las dependencias del gobierno federal tuvieran sus guardaditos de recursos, que de nada les servía porque no podían ejercerse más que para el fin específico para el que fueron creados, así que es dinero ocioso o mal administrado principalmente.

En estos días han estado saliendo una serie de fideicomisos con fines totalmente alejados de la realidad nacional y para beneficiar a servidores públicos, olvidándose por completo de la función social del gasto de un estado. Además, hemos visto cómo empresas privadas se han beneficiado exageradamente de los fideicomisos sin reportar retornos al pueblo mexicano. Y seguramente seguirán saliendo muchas irregularidades en las siguientes semanas, que mantendrán vivo el debate sobre el tema.

La noticia de la supuesta extinción de los fideicomisos ha puesto el tema en boga. Una parte de la población ve con malos ojos la medida por la preocupación que la ciencia, tecnología, salud, seguridad social y demás obligaciones del estado no sean atendidas por la falta de recursos. Y es precisamente ahí donde el actual gobierno tendrá que hacer su tarea informando en medios alternos sobre el uso de esos recursos, para que la población vea que efectivamente se le dará el mismo o un mayor beneficio al combatir ferozmente la opacidad y desvío del dinero público.

Cuando se administran los recursos de un país que presenta una profunda y marcada desigualdad, obligadamente se tiene que ser eficiente en la administración de recursos, sobre todo cuando nos encontramos en medio de una crisis global por una pandemia. Es tiempo de cambios profundos, pero también de exigencias y de resultados.


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