/ martes 8 de junio de 2021

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Educación y democracia



Numerosos estudios demuestran que existe una correlación positiva entre educación y democracia. Para Seymour Martin Lipset, en su clásica obra El hombre político, la educación no es un rasgo de la democracia sino una condición que favorece o no su existencia.

La educación -agrega Lipset- les amplía la perspectiva, los capacita para comprender la necesidad de normas de tolerancia, limita su adhesión a doctrinas extremistas y aumenta su capacidad para realizar elecciones racionales.

La contribución de la educación a la democracia es más directa y fuerte en el nivel individual; diversas encuestas muestran que las actitudes de las personas hacia la tolerancia respecto a la oposición, sus posturas para con las minorías étnicas y raciales, y sus sentimientos hacia los sistemas multipartidistas -y en contra de los unipartidistas- son más democráticos en la medida en que poseen mayor educación.

Cuanto más elevada sea nuestra educación es más probable que apoyemos los valores y las prácticas democráticas. Está demostrado que, en este sentido, la educación es más importante que factores como los ingresos o la ocupación. Recordemos que un título no proporciona educación a un individuo.

La educación no puede, por sí sola, hacer democrático a un país, pero es probable que inhiba ideas no democráticas. De ahí que es importante seguir fomentando valores democráticos en los estudiantes de todos los niveles educativos.

Necesitamos que la sociedad participe activamente en los procesos democráticos de nuestro entorno, para que nuestras ciudades sean mejores con la contribución de todos.

Si bien no podemos decir que un alto nivel de educación constituye una condición suficiente para la democracia, la evidencia de que disponemos sugiere que ello está cerca de constituir una condición necesaria.

Se dice, que cuanto más próspera es una nación hay mayores posibilidades de que mantenga una democracia (esta idea existe desde Aristóteles), aunque no hay determinismo automático.

"La educación, si bien no hace de los hombres buenos ciudadanos, les facilita al menos que se conviertan en tales".

Contribuyamos todos, hombres y mujeres a mantener una educación que permita a los estudiantes ser seres racionales, pensantes, reflexivos a la hora de tomar decisiones que afecten a una comunidad, una sociedad o un país, porque en la medida en que seamos mejores personas, sin duda nuestro entorno cambiará para bien.

Educación y democracia



Numerosos estudios demuestran que existe una correlación positiva entre educación y democracia. Para Seymour Martin Lipset, en su clásica obra El hombre político, la educación no es un rasgo de la democracia sino una condición que favorece o no su existencia.

La educación -agrega Lipset- les amplía la perspectiva, los capacita para comprender la necesidad de normas de tolerancia, limita su adhesión a doctrinas extremistas y aumenta su capacidad para realizar elecciones racionales.

La contribución de la educación a la democracia es más directa y fuerte en el nivel individual; diversas encuestas muestran que las actitudes de las personas hacia la tolerancia respecto a la oposición, sus posturas para con las minorías étnicas y raciales, y sus sentimientos hacia los sistemas multipartidistas -y en contra de los unipartidistas- son más democráticos en la medida en que poseen mayor educación.

Cuanto más elevada sea nuestra educación es más probable que apoyemos los valores y las prácticas democráticas. Está demostrado que, en este sentido, la educación es más importante que factores como los ingresos o la ocupación. Recordemos que un título no proporciona educación a un individuo.

La educación no puede, por sí sola, hacer democrático a un país, pero es probable que inhiba ideas no democráticas. De ahí que es importante seguir fomentando valores democráticos en los estudiantes de todos los niveles educativos.

Necesitamos que la sociedad participe activamente en los procesos democráticos de nuestro entorno, para que nuestras ciudades sean mejores con la contribución de todos.

Si bien no podemos decir que un alto nivel de educación constituye una condición suficiente para la democracia, la evidencia de que disponemos sugiere que ello está cerca de constituir una condición necesaria.

Se dice, que cuanto más próspera es una nación hay mayores posibilidades de que mantenga una democracia (esta idea existe desde Aristóteles), aunque no hay determinismo automático.

"La educación, si bien no hace de los hombres buenos ciudadanos, les facilita al menos que se conviertan en tales".

Contribuyamos todos, hombres y mujeres a mantener una educación que permita a los estudiantes ser seres racionales, pensantes, reflexivos a la hora de tomar decisiones que afecten a una comunidad, una sociedad o un país, porque en la medida en que seamos mejores personas, sin duda nuestro entorno cambiará para bien.

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