/ martes 1 de febrero de 2022

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La educación como factor de cambio


Si deseamos que el mundo cambie, necesitamos una comunidad educada, ocupamos jóvenes que piensen, que analicen, que debatan pero con argumentos, para que las cosas comiencen a cambiar.

La mayor y mejor herencia que podemos dejarle a las nuevas generaciones sin duda es la educación, pero qué tanto apoyamos para que esto se haga una realidad, ya que en la actualidad, son muchos los jóvenes que se han ausentado de los planteles educativos.

Otros tantos no volvieron debido a que la economía familiar necesita del apoyo de los hijos y se fueron a trabajar para poder apoyar a los padres de familia con la situación de pandemia que vivimos.

Pero un cambio que empieza a nivel personal con el reconocimiento y con la valoración como ser y con el hecho de que mis actos y gestiones van a incidir directamente en la vida de muchos, sobre todo en la vida de niños y jóvenes estudiantes y, junto a ellos, en la de sus familias.

Por ello implica, primero, el autocuidado de mi ser, cuerpo y espíritu. Si estoy bien, puedo ayudar a otros a que lo estén también; la cuestión es que en ocasiones las problemáticas que presenta cada hogar sería imposible abarcarlas o solucionarlas, entonces qué tanto podemos incidir.

Nuestros esfuerzos deberán estar orientados a que el proyecto educativo sea una experiencia innovadora que invite a repensar la práctica pedagógica y transformarla en una vivencia social y afectiva con sentido y significado para los miembros de todo el plantel educativo.

Necesitamos además de transmitir conocimientos, ser empáticos, conocer a los estudiantes y las situaciones por las que atraviesan y que en ocasiones no les permiten desarrollarse.

El trabajo del docente no se queda solo en la planeación, en dar la clase, sino que va más allá, porque esos estudiantes se convierten en parte de la familia escolar con la que se convive día a día.

Entonces sigamos transformando las aulas, las escuelas, toquemos el corazón de los estudiantes para que logren concretar y avanzar en sus objetivos a corto, mediano y largo plazo.

Claro esto no pueden hacerlo solo los planteles educativos, se requiere la colaboración de los padres de familia, de los alumnos y de la sociedad misma que tiene un peso invaluable.

Sigamos apoyando a los estudiantes sea cual sea su nivel educativo, necesitamos estudiantes que mejoren y superen las expectativas de lo que viene para nuestro futuro.


La educación como factor de cambio


Si deseamos que el mundo cambie, necesitamos una comunidad educada, ocupamos jóvenes que piensen, que analicen, que debatan pero con argumentos, para que las cosas comiencen a cambiar.

La mayor y mejor herencia que podemos dejarle a las nuevas generaciones sin duda es la educación, pero qué tanto apoyamos para que esto se haga una realidad, ya que en la actualidad, son muchos los jóvenes que se han ausentado de los planteles educativos.

Otros tantos no volvieron debido a que la economía familiar necesita del apoyo de los hijos y se fueron a trabajar para poder apoyar a los padres de familia con la situación de pandemia que vivimos.

Pero un cambio que empieza a nivel personal con el reconocimiento y con la valoración como ser y con el hecho de que mis actos y gestiones van a incidir directamente en la vida de muchos, sobre todo en la vida de niños y jóvenes estudiantes y, junto a ellos, en la de sus familias.

Por ello implica, primero, el autocuidado de mi ser, cuerpo y espíritu. Si estoy bien, puedo ayudar a otros a que lo estén también; la cuestión es que en ocasiones las problemáticas que presenta cada hogar sería imposible abarcarlas o solucionarlas, entonces qué tanto podemos incidir.

Nuestros esfuerzos deberán estar orientados a que el proyecto educativo sea una experiencia innovadora que invite a repensar la práctica pedagógica y transformarla en una vivencia social y afectiva con sentido y significado para los miembros de todo el plantel educativo.

Necesitamos además de transmitir conocimientos, ser empáticos, conocer a los estudiantes y las situaciones por las que atraviesan y que en ocasiones no les permiten desarrollarse.

El trabajo del docente no se queda solo en la planeación, en dar la clase, sino que va más allá, porque esos estudiantes se convierten en parte de la familia escolar con la que se convive día a día.

Entonces sigamos transformando las aulas, las escuelas, toquemos el corazón de los estudiantes para que logren concretar y avanzar en sus objetivos a corto, mediano y largo plazo.

Claro esto no pueden hacerlo solo los planteles educativos, se requiere la colaboración de los padres de familia, de los alumnos y de la sociedad misma que tiene un peso invaluable.

Sigamos apoyando a los estudiantes sea cual sea su nivel educativo, necesitamos estudiantes que mejoren y superen las expectativas de lo que viene para nuestro futuro.


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