/ viernes 26 de marzo de 2021

¡Salvador Palma, bautizado!

Sebastián Tarabal, indio californio, apareció en Villa de Santa Gertrudis del Altar; dijo venir huyendo cruzando el desierto con otros compañeros desde Misión de San Gabriel, California.

Dijo: Todos murieron menos yo, porque llegando al Río Colorado, este jefe Olleyquotequiebe Quechan, salvó mi vida, trayéndome aquí; dijo estar agradecido llamádole Salvador. Este conocía fray Francisco Hermenegildo Garcés, incursionando desde 1771 el Colorado; establecieron lazos amistosos, visitando al mayordomo de la Misión de Caborca de apellido Palma; Olleyquotequiebe juntó sus dos apodos, surgiendo nuevo nombre: Salvador Palma. Se popularizó el nombre en la región. Esto convino a los españoles, porque su liderazgo favorecía las expediciones, al cruzar el Colorado hacia California entre cucapahs y Quechan.

Cuando el virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa valoró liderazgo del jefe Quechan, indicó al misionero Garcés y a Juan Bautista de Anza abrir camino uniendo Sonora y California y Salvador Palma fue un personaje importante; le ofrecieron regalos con honorabilidad, entregaron “Bastón de Mando”, reconociéndole autoridad; se le revistió con ornamentos reales enviados por el virrey: Camisa, pantalón corto abombado, chaqueta con frente amarillo y algunas decoraciones, elegante capotillo en tela azul decorada con trenza de oro y una gorra aterciopelada negra, imitación de joyas, cresta a modo de palma. Así quedó claro Salvador Palma, amigo preferido por los españoles.

Aún más: El domingo 12 de mayo de 1776, públicamente anunciaron llevarle como invitado, desde esta región yumana hasta la capital de la Nueva España, con tres acompañantes: Un hermano suyo, al hijo del capitán Pablo y a un joven Cajuenche Cucapah; para ello, enviaron carta al Rey Carlos III, pidiendo: Ser bautizados y que los españoles vinieran a vivir entre ellos; se giraron diligencias al traslado. Ya en la capital, el virrey Bucareli les recibió fastuosamente -estuvieron asombrados, huraños, pero muy dignos- en noviembre de 1776.

Les bautizaron solemnemente en Catedral de Santa María de la Asunción: En febrero 13, 1777; fue Juan Bautista de Anza el padrino y en honor al monarca y virrey impusieron por nombre: Salvador Carlos Antonio. El ministro atronadoramente declaró público acto de fe, coreando la multitud: ¡Salvador Carlos Antonio Palma¡ ¿Renuncias a Satanás? ¡Sí renuncio¡ ¿Renuncias a sus obras? ¡Sí renuncio! Impresión inolvidable, fueron también bautizados los acompañantes; para la celebración, el virrey les obsequió ropa nueva. Regresaron al Colorado estos Yuma-Quechan anonadados en misticismo; grabado elegante glamour entre nubes perfumadas de incienso.

Referencia: Libro Puerto Isabel. \u0009

Sebastián Tarabal, indio californio, apareció en Villa de Santa Gertrudis del Altar; dijo venir huyendo cruzando el desierto con otros compañeros desde Misión de San Gabriel, California.

Dijo: Todos murieron menos yo, porque llegando al Río Colorado, este jefe Olleyquotequiebe Quechan, salvó mi vida, trayéndome aquí; dijo estar agradecido llamádole Salvador. Este conocía fray Francisco Hermenegildo Garcés, incursionando desde 1771 el Colorado; establecieron lazos amistosos, visitando al mayordomo de la Misión de Caborca de apellido Palma; Olleyquotequiebe juntó sus dos apodos, surgiendo nuevo nombre: Salvador Palma. Se popularizó el nombre en la región. Esto convino a los españoles, porque su liderazgo favorecía las expediciones, al cruzar el Colorado hacia California entre cucapahs y Quechan.

Cuando el virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa valoró liderazgo del jefe Quechan, indicó al misionero Garcés y a Juan Bautista de Anza abrir camino uniendo Sonora y California y Salvador Palma fue un personaje importante; le ofrecieron regalos con honorabilidad, entregaron “Bastón de Mando”, reconociéndole autoridad; se le revistió con ornamentos reales enviados por el virrey: Camisa, pantalón corto abombado, chaqueta con frente amarillo y algunas decoraciones, elegante capotillo en tela azul decorada con trenza de oro y una gorra aterciopelada negra, imitación de joyas, cresta a modo de palma. Así quedó claro Salvador Palma, amigo preferido por los españoles.

Aún más: El domingo 12 de mayo de 1776, públicamente anunciaron llevarle como invitado, desde esta región yumana hasta la capital de la Nueva España, con tres acompañantes: Un hermano suyo, al hijo del capitán Pablo y a un joven Cajuenche Cucapah; para ello, enviaron carta al Rey Carlos III, pidiendo: Ser bautizados y que los españoles vinieran a vivir entre ellos; se giraron diligencias al traslado. Ya en la capital, el virrey Bucareli les recibió fastuosamente -estuvieron asombrados, huraños, pero muy dignos- en noviembre de 1776.

Les bautizaron solemnemente en Catedral de Santa María de la Asunción: En febrero 13, 1777; fue Juan Bautista de Anza el padrino y en honor al monarca y virrey impusieron por nombre: Salvador Carlos Antonio. El ministro atronadoramente declaró público acto de fe, coreando la multitud: ¡Salvador Carlos Antonio Palma¡ ¿Renuncias a Satanás? ¡Sí renuncio¡ ¿Renuncias a sus obras? ¡Sí renuncio! Impresión inolvidable, fueron también bautizados los acompañantes; para la celebración, el virrey les obsequió ropa nueva. Regresaron al Colorado estos Yuma-Quechan anonadados en misticismo; grabado elegante glamour entre nubes perfumadas de incienso.

Referencia: Libro Puerto Isabel. \u0009

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