/ viernes 3 de diciembre de 2021

SLRC, terremoto en 1935

Hipotéticamente hace 4 millones de años nació “El Pinacate”; científicamente duerme hace 11 milenios; como pertenece a Falla de San Andrés; por eso el vulgo dice que despertó madrugando 1934, aterrorizando a San Luis apeñuscado en calle Cuauhtémoc.

Era día de descanso: 6:52 am., mañana de aquel helado domingo 30 de diciembre, un “sacudidón” oscilatorio de 2 segundos tiró la gente de la cama, derribó caminantes y al “”Zazás” que atizaba la lumbre de matanza, lo lanzó al cazo de chicharrones. El Pinacate dio enérgica señal de actividad, arremetiendo con movimiento trepidatorio, abrió fracturas en playas del río, bebiéndose el agua del Colorado, descubriendo instantáneamente su fondo lodoso; prolongadas grietas derrumbaron paredones de la mesa desértica, desquebrajando la curveada línea de casas, en la retorcida calle de abajo.

Según narró Eladio Matus, hermano de Pomposo, siguieron todos los días réplicas, centenares de leves movimientos y en docenas de ellos se oyeron sordos ruidos subterráneos con dirección indeterminada, sintiendo en plantas de sus pies frecuentes sismos; por eso en la tarde salía volando el público del cine “Maya” y las muchachas en cantinas del “Zumbido” corrían entaconadas hasta media calle; pues en un par de días se cumplió el presentimiento con estruendoso, fortísimo sacudimiento en 5º. grado escala de Mercalli, cimbró trepidante la región a media tarde del miércoles 2 de enero de 1935, fugaz cataclismo zangoloteó arrojando al piso la gente y jinetes cabalgando con estrujante alarido, cayeron gritando arrodillados, convencidos “llegó” el fin del mundo.

Las Gallego, Careaga y Ozuna hincadas con Cecilia Demara clamaron “el Magnificat”, entonando “El Alabado”. Todo quedó en silencio; se reactivó la gente con risotadas, desahogando el terror, “dándose carrilla” por temblarles la “jeta” hasta media cara, el susto nadie lo negó. De todos los chángarros, “Tres Barandas” del billar “Tony Plays” carcajearon en burla a mitad de calle Morelos; los tahúres perfumados del pokar salieron “en zumba” del “Club Internacional” abandonando dinero, sombrero y baraja; los de “Buchaca 19”, en un 2 x 3 brotaron del sótano; los carros y troques quedaron atravesados entre las calles. No hubo desgracias, ni funerales donde llorar, excepto el jinete, empleado de don Cenobio Acosta, que arrojado del caballo sufrió torcedura en un pie, quedando renco. Densa nube negra tomó altura sobre el Pinacate, fue el oficial P.B. Doolittle de la garita americana en San Luis Arizona, quien conocedor de la región, dijo suponer que algún volcán volvió a la actividad.

Ref. TQuintero-JCastroO


Hipotéticamente hace 4 millones de años nació “El Pinacate”; científicamente duerme hace 11 milenios; como pertenece a Falla de San Andrés; por eso el vulgo dice que despertó madrugando 1934, aterrorizando a San Luis apeñuscado en calle Cuauhtémoc.

Era día de descanso: 6:52 am., mañana de aquel helado domingo 30 de diciembre, un “sacudidón” oscilatorio de 2 segundos tiró la gente de la cama, derribó caminantes y al “”Zazás” que atizaba la lumbre de matanza, lo lanzó al cazo de chicharrones. El Pinacate dio enérgica señal de actividad, arremetiendo con movimiento trepidatorio, abrió fracturas en playas del río, bebiéndose el agua del Colorado, descubriendo instantáneamente su fondo lodoso; prolongadas grietas derrumbaron paredones de la mesa desértica, desquebrajando la curveada línea de casas, en la retorcida calle de abajo.

Según narró Eladio Matus, hermano de Pomposo, siguieron todos los días réplicas, centenares de leves movimientos y en docenas de ellos se oyeron sordos ruidos subterráneos con dirección indeterminada, sintiendo en plantas de sus pies frecuentes sismos; por eso en la tarde salía volando el público del cine “Maya” y las muchachas en cantinas del “Zumbido” corrían entaconadas hasta media calle; pues en un par de días se cumplió el presentimiento con estruendoso, fortísimo sacudimiento en 5º. grado escala de Mercalli, cimbró trepidante la región a media tarde del miércoles 2 de enero de 1935, fugaz cataclismo zangoloteó arrojando al piso la gente y jinetes cabalgando con estrujante alarido, cayeron gritando arrodillados, convencidos “llegó” el fin del mundo.

Las Gallego, Careaga y Ozuna hincadas con Cecilia Demara clamaron “el Magnificat”, entonando “El Alabado”. Todo quedó en silencio; se reactivó la gente con risotadas, desahogando el terror, “dándose carrilla” por temblarles la “jeta” hasta media cara, el susto nadie lo negó. De todos los chángarros, “Tres Barandas” del billar “Tony Plays” carcajearon en burla a mitad de calle Morelos; los tahúres perfumados del pokar salieron “en zumba” del “Club Internacional” abandonando dinero, sombrero y baraja; los de “Buchaca 19”, en un 2 x 3 brotaron del sótano; los carros y troques quedaron atravesados entre las calles. No hubo desgracias, ni funerales donde llorar, excepto el jinete, empleado de don Cenobio Acosta, que arrojado del caballo sufrió torcedura en un pie, quedando renco. Densa nube negra tomó altura sobre el Pinacate, fue el oficial P.B. Doolittle de la garita americana en San Luis Arizona, quien conocedor de la región, dijo suponer que algún volcán volvió a la actividad.

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