/ jueves 31 de octubre de 2019

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Las desigualdades de la mujer campesina en México


Octubre es un mes especial cada año, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) este mes se celebra a las mujeres rurales, quienes representan más de un tercio de la población mundial y el 43% de la mano de obra agrícola, se conmemora también el día del sufragio femenino en México, además de ser un mes dedicado a la prevención contra el cáncer de mama. La mujer juega un papel importante en el mundo, pues de ella dependen grandes avances que se han dado en distintos ámbitos como la ciencia, la política y la moda, entre otros. Hoy en el mes de la mujer rural e indígena dedicaré mi columna a ellas, quienes tienen mayor capacidad para frenar las amenazas que proyecta el cambio climático debido a que pueden empoderarse en sus labores y desempeñar un mejor papel y tienen gran capacidad para adaptarse a tecnologías amigables con el medio ambiente.

Sin embargo, todos sabemos que estas mujeres sufren de manera extrema los múltiples aspectos de la pobreza y aun siendo muy productivas y excelentes gestoras al igual que los varones, son de algún modo discriminadas y como consecuencia de ello que el acceso a la tierra, créditos, materiales agrícolas, mercados o cadenas de productos cultivados de alto valor sea restringido para ellas, siendo de gran oportunidad únicamente para el sexo masculino. También sabemos que el acceso a servicios públicos como la educación, asistencia sanitaria, infraestructura como agua y saneamiento es otra problemática a la que la mujer campesina se enfrenta.

Todas estas desigualdades se han dado a través de ciertas barreras estructurales, además de las normas discriminatorias impidiéndoles o restringiéndolas hasta cierto punto a participar en puestos de representación política, ser líderes incluso de sus comunidades y hogares.

Estas desigualdades han minimizado su labor volviéndose invisibles y sin retribución. Muchas de estas mujeres tienen un gran valor, pues algunas se quedan solas con las tareas que cada vez son más difíciles debido a que muchos de sus cónyuges tienen que migrar a otros lugares para poder sobrevivir a la pobreza algunas veces extrema.

Considero que estas desigualdades de género deben ser atendidas de inmediato por los gobiernos para tratar de minimizar la brecha, por ejemplo: Analicemos qué pasa con México, donde la mujer campesina es sinónimo de fortaleza, resiliencia y persistencia. Sin embargo, estas mujeres rurales, incluyendo las indígenas, deben ser mayormente valoradas debido a que de acuerdo con estadísticas proporcionadas por el INEGI, aproximadamente existen 10.8 millones de mujeres rurales en edad productiva que tratan de sobrevivir a las inclemencias que viven día con día y viven fortaleciendo el campo mexicano tratando de poner fin a la pobreza y erradicar el hambre.

Para ellas lograr la seguridad alimentaria es parte de su vida diaria. Es por ello que los gobiernos deben buscar canalizar recursos y aplicarlos de manera eficiente de tal manera que esas mujeres campesinas e indígenas se vean beneficias a través de apoyos para la misma producción agrícola, desarrollar a las niñas que viven en zonas rurales y empoderar a las mujeres en sus comunidades para dar mayor impulso al progreso del campo a través de ellas.

Pero no sólo es contar con buenas intenciones, los gobiernos sobre todo el nivel federal deberán pensar en cómo mejorar las condiciones de vida de estas mujeres, sobre todo cuando hablamos de cuestiones de carácter legal e institucional. Por qué en México se habla de empoderamiento de estas mujeres para procurar el desarrollo sostenible, pero realmente en México aún se tienen muy pocos avances en leyes que den mayor apoyo a la mujer rural, un ejemplo de ello es que de acuerdo con datos del Instituto Nacional de las Mujeres, la Ley Agraria es una muestra de retraso, pues si se modificará permitiría incluir a las mujeres en puestos claves dentro de las comisarias ejidales y consejos de vigilancia. Estas modificaciones darán libertad a la mujer campesina e indígena de tomar decisiones libremente para mejorar condiciones y dar soluciones a las problemáticas y necesidades en sus comunidades.

Por lo tanto, el gobierno de México tiene un gran reto respecto a la mujer rural e indígena en México, el Poder Ejecutivo y Legislativo tienen un fuerte reto en sus manos. Los recursos son finitos, por ello deben ser destinados con mesura a los problemas reales que México tiene y si se tiene conciencia de lo que realmente necesita atenderse en este país deberán apoyar al campo a través de estas mujeres, proporcionándoles el liderazgo para empoderarse y que ellas den la pauta para lograr el desarrollo de los ecosistemas rurales en los que viven y que su trabajo ayude a combatir el hambre, pobreza y desigualdad en este país.

Las desigualdades de la mujer campesina en México


Octubre es un mes especial cada año, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) este mes se celebra a las mujeres rurales, quienes representan más de un tercio de la población mundial y el 43% de la mano de obra agrícola, se conmemora también el día del sufragio femenino en México, además de ser un mes dedicado a la prevención contra el cáncer de mama. La mujer juega un papel importante en el mundo, pues de ella dependen grandes avances que se han dado en distintos ámbitos como la ciencia, la política y la moda, entre otros. Hoy en el mes de la mujer rural e indígena dedicaré mi columna a ellas, quienes tienen mayor capacidad para frenar las amenazas que proyecta el cambio climático debido a que pueden empoderarse en sus labores y desempeñar un mejor papel y tienen gran capacidad para adaptarse a tecnologías amigables con el medio ambiente.

Sin embargo, todos sabemos que estas mujeres sufren de manera extrema los múltiples aspectos de la pobreza y aun siendo muy productivas y excelentes gestoras al igual que los varones, son de algún modo discriminadas y como consecuencia de ello que el acceso a la tierra, créditos, materiales agrícolas, mercados o cadenas de productos cultivados de alto valor sea restringido para ellas, siendo de gran oportunidad únicamente para el sexo masculino. También sabemos que el acceso a servicios públicos como la educación, asistencia sanitaria, infraestructura como agua y saneamiento es otra problemática a la que la mujer campesina se enfrenta.

Todas estas desigualdades se han dado a través de ciertas barreras estructurales, además de las normas discriminatorias impidiéndoles o restringiéndolas hasta cierto punto a participar en puestos de representación política, ser líderes incluso de sus comunidades y hogares.

Estas desigualdades han minimizado su labor volviéndose invisibles y sin retribución. Muchas de estas mujeres tienen un gran valor, pues algunas se quedan solas con las tareas que cada vez son más difíciles debido a que muchos de sus cónyuges tienen que migrar a otros lugares para poder sobrevivir a la pobreza algunas veces extrema.

Considero que estas desigualdades de género deben ser atendidas de inmediato por los gobiernos para tratar de minimizar la brecha, por ejemplo: Analicemos qué pasa con México, donde la mujer campesina es sinónimo de fortaleza, resiliencia y persistencia. Sin embargo, estas mujeres rurales, incluyendo las indígenas, deben ser mayormente valoradas debido a que de acuerdo con estadísticas proporcionadas por el INEGI, aproximadamente existen 10.8 millones de mujeres rurales en edad productiva que tratan de sobrevivir a las inclemencias que viven día con día y viven fortaleciendo el campo mexicano tratando de poner fin a la pobreza y erradicar el hambre.

Para ellas lograr la seguridad alimentaria es parte de su vida diaria. Es por ello que los gobiernos deben buscar canalizar recursos y aplicarlos de manera eficiente de tal manera que esas mujeres campesinas e indígenas se vean beneficias a través de apoyos para la misma producción agrícola, desarrollar a las niñas que viven en zonas rurales y empoderar a las mujeres en sus comunidades para dar mayor impulso al progreso del campo a través de ellas.

Pero no sólo es contar con buenas intenciones, los gobiernos sobre todo el nivel federal deberán pensar en cómo mejorar las condiciones de vida de estas mujeres, sobre todo cuando hablamos de cuestiones de carácter legal e institucional. Por qué en México se habla de empoderamiento de estas mujeres para procurar el desarrollo sostenible, pero realmente en México aún se tienen muy pocos avances en leyes que den mayor apoyo a la mujer rural, un ejemplo de ello es que de acuerdo con datos del Instituto Nacional de las Mujeres, la Ley Agraria es una muestra de retraso, pues si se modificará permitiría incluir a las mujeres en puestos claves dentro de las comisarias ejidales y consejos de vigilancia. Estas modificaciones darán libertad a la mujer campesina e indígena de tomar decisiones libremente para mejorar condiciones y dar soluciones a las problemáticas y necesidades en sus comunidades.

Por lo tanto, el gobierno de México tiene un gran reto respecto a la mujer rural e indígena en México, el Poder Ejecutivo y Legislativo tienen un fuerte reto en sus manos. Los recursos son finitos, por ello deben ser destinados con mesura a los problemas reales que México tiene y si se tiene conciencia de lo que realmente necesita atenderse en este país deberán apoyar al campo a través de estas mujeres, proporcionándoles el liderazgo para empoderarse y que ellas den la pauta para lograr el desarrollo de los ecosistemas rurales en los que viven y que su trabajo ayude a combatir el hambre, pobreza y desigualdad en este país.

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