/ sábado 6 de febrero de 2021

Una segunda oportunidad

México es un país con sobrepeso, hipertensión y diabetes, entre otras enfermedades crónico degenerativas que afectan directamente a la economía, competitividad y salud de toda la nación. Un país que ostenta el segundo lugar en obesidad infantil y el primero en consumo de refrescos con altos contenidos calóricos, sodio y otros químicos que los convierte en un producto de alto riesgo, intentó hacer algo al respecto, atacar el problema nutricional del país.

La nueva norma de salud, por la que pelearon activistas que desean mejorar un poco el panorama nutricional de la niñez mexicana, al fin entró en vigor en algunos productos. Los personajes emblemáticos que aparecían en bolsas de frituras y cereales de conocidas marcas han llegado a su fin, están desempleados y esperamos no vuelvan pronto.

Muchas personas adultas lo consideran una aberración, un ataque directo a la libertad de elección, profesionistas incluso hasta del área de la psiquis piensan que la nueva norma de salud es exagerada, que no tendrá efecto positivo.

La generación de adultos con enfermedades como diabetes, hipertensión y problemas renales, entre otras bendiciones que les trajo una niñez y adolescencia de consumir excesivamente “comida chatarra”, alimentos con alto contenido calórico, en sodio y azúcares, dice que no influirán las nuevas normas de salud. Claro, un adulto con esa mentalidad se preocupa muy poco al parecer de lo que consumen los niños a su alrededor, pareciera que heredarles hábitos descontrolados de una alimentación que tarde o temprano les pasará factura puede ser lo ideal.

Existen infinidad de factores que generan sobrepeso en los seres humanos, pero crecer rodeado de personajes que persuaden la manera en la que los niños se alimentan es uno de ellos, otro muy importante es que los gobiernos en México han hecho poco para atacar la venta a diestra y siniestra de productos “chatarra” en las cooperativas escolares.

La dieta alimentaria en el desayuno de la mayoría de los estudiantes mexicanos recae en bolsas de frituras, refrescos, galletas o panes con alto contenido azucarado, jugos “naturales” cuya dosis de azúcar en algunos es mayor que la de un refresco, además de los crecientes comportamientos sedentarios en niños, adolescentes y adultos aumentan la probabilidad de padecer obesidad y con ello se desencadene el sinfín de enfermedades que traen.

Conseguir el nuevo etiquetado en productos fue una dura y larga guerra contra industrias nacionales e internacionales de “comida chatarra”, fue incluso y será una lucha en contra de la misma cultura nacional de consumo.

Por años el derecho a la información que tiene el consumidor fue pisoteado por las empresas, ahora cuenta con un etiquetado de mayor entendimiento, que podría funcionar bastante, sobre todo en los niños, si los padres les enseñan que una vida de excesos conlleva a tarde o temprano una enferma.

Es un poco tarde para la generación enferma, pero tal vez no para sus hijos. Los niños y adolescentes de hoy tienen una segunda oportunidad y los padres deben aprovecharla para redirigir sus hábitos alimenticios fuera de los excesos.


México es un país con sobrepeso, hipertensión y diabetes, entre otras enfermedades crónico degenerativas que afectan directamente a la economía, competitividad y salud de toda la nación. Un país que ostenta el segundo lugar en obesidad infantil y el primero en consumo de refrescos con altos contenidos calóricos, sodio y otros químicos que los convierte en un producto de alto riesgo, intentó hacer algo al respecto, atacar el problema nutricional del país.

La nueva norma de salud, por la que pelearon activistas que desean mejorar un poco el panorama nutricional de la niñez mexicana, al fin entró en vigor en algunos productos. Los personajes emblemáticos que aparecían en bolsas de frituras y cereales de conocidas marcas han llegado a su fin, están desempleados y esperamos no vuelvan pronto.

Muchas personas adultas lo consideran una aberración, un ataque directo a la libertad de elección, profesionistas incluso hasta del área de la psiquis piensan que la nueva norma de salud es exagerada, que no tendrá efecto positivo.

La generación de adultos con enfermedades como diabetes, hipertensión y problemas renales, entre otras bendiciones que les trajo una niñez y adolescencia de consumir excesivamente “comida chatarra”, alimentos con alto contenido calórico, en sodio y azúcares, dice que no influirán las nuevas normas de salud. Claro, un adulto con esa mentalidad se preocupa muy poco al parecer de lo que consumen los niños a su alrededor, pareciera que heredarles hábitos descontrolados de una alimentación que tarde o temprano les pasará factura puede ser lo ideal.

Existen infinidad de factores que generan sobrepeso en los seres humanos, pero crecer rodeado de personajes que persuaden la manera en la que los niños se alimentan es uno de ellos, otro muy importante es que los gobiernos en México han hecho poco para atacar la venta a diestra y siniestra de productos “chatarra” en las cooperativas escolares.

La dieta alimentaria en el desayuno de la mayoría de los estudiantes mexicanos recae en bolsas de frituras, refrescos, galletas o panes con alto contenido azucarado, jugos “naturales” cuya dosis de azúcar en algunos es mayor que la de un refresco, además de los crecientes comportamientos sedentarios en niños, adolescentes y adultos aumentan la probabilidad de padecer obesidad y con ello se desencadene el sinfín de enfermedades que traen.

Conseguir el nuevo etiquetado en productos fue una dura y larga guerra contra industrias nacionales e internacionales de “comida chatarra”, fue incluso y será una lucha en contra de la misma cultura nacional de consumo.

Por años el derecho a la información que tiene el consumidor fue pisoteado por las empresas, ahora cuenta con un etiquetado de mayor entendimiento, que podría funcionar bastante, sobre todo en los niños, si los padres les enseñan que una vida de excesos conlleva a tarde o temprano una enferma.

Es un poco tarde para la generación enferma, pero tal vez no para sus hijos. Los niños y adolescentes de hoy tienen una segunda oportunidad y los padres deben aprovecharla para redirigir sus hábitos alimenticios fuera de los excesos.


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