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Derecho a la educación superior

  • Javier Cruz Ángulo

En épocas recientes parece que la educación no está garantizando un futuro. La pregunta sería por qué y desde cuándo estamos fallando en la política pública educativa-o- si existen otros factores que nos hacen equivocarnos en la educación superior.

La educación es un derecho habilitante, ya que recibir educación nos capacita y auxilia en el ejercicio de otros derechos, por ejemplo: nos permite analizar cómo ejercemos nuestro derecho al voto y las demandas que hacemos a la clase política. La educación a todos los niveles es fundamental, sin embargo, en materia de educación superior la utilidad se está perdiendo.

La inflación de las escuelas de derecho, administración pública, contabilidad, sicología, negocios y un largo etcétera es una cuestión que se debe reflexionar. La educación como negocio es un asunto grave. Tres salones, sillas, varios profesores, un funcionario corrupto y listo, se abre una escuela. Muchas instituciones no cumplen los mínimos estándares de calidad. Así, la educación empieza a perder su capacidad habilitante, pues no se proporcionan las competencias de análisis, propuesta y crítica. La educación no se puede vincular con estereotipos de éxito y desvincularla de su función social.

La mitología en torno a ciertas profesiones ha dado como resultado a miles de egresados sin vocación, estos problemas se reflejan en lugares comunes: estudié leyes porqué mí papá era abogado, todos en mi familia son médicos o mi tío era contador y logró conseguir mucho dinero. El ejercicio de una profesión tiene una dimensión social e individual, estas dimensiones no pueden ser fruto de la inercia o del ADN.

El Estado y las familias no sabemos transmitir ciertos mensajes: a) estudiar no es sinónimo de riqueza; b) los jóvenes deben estudiar lo que quieran y donde quieran; c) se hereda un patrimonio, no las profesiones y d) la educación nos permite vivir distinto. Aquí el papel de la educación pública es fundamental, es en este espacio donde el aspecto social del profesionista se debe reforzar y el compromiso que tiene la persona para con todo el país. La educación pública se paga con los impuestos de todos los mexicanos.

La educación está en constante competencia con el comercio informal y con la delincuencia. La multicitada ideología de que estudiar es para ganar dinero, genera otro tipo de competencia en la educación superior, por ello, muchas personas abandonan la escuela o no le ven sentido. Claro, una persona que comete conductas ilícitas gana mucho más que un profesionista y el comercio informal también genera más ingresos ¿Para qué estudiar?

Las autoridades no se han preocupado por orientar sobre los nuevos espacios laborales, ni tampoco para crear políticas públicas de educación superior. La educación básica y media han ocupado gran parte del discurso de este sexenio ¿Y la educación superior dónde queda?

Los mitos sobre la educación pública y ciertas carreras son crecientes. Es obligación del estado desmitificar el propósito de la educación y generar el diálogo sobre sus fines. La educación no debe ser negocio para él que la imparte ni para quien la recibe. La educación no garantiza ser rico, de allí el desencanto de muchos. La educación garantiza un futuro como ciudadano, como persona habilitada para colaborar con la sociedad.

@jangulonobara