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Por fin arrancan las campañas electorales

  • Rodrigo Alpizar

El proceso electoral es una proeza institucional y ciudadana, ya que se instalarán al menos 156 mil casillas en todo el territorio nacional para elegir más de 18 mil puestos de elección que parten de autoridades municipales, legislaturas estatales en 30 entidades, ocho gubernaturas, las dos Cámaras del Congreso de la Unión y la Presidencia de la República, en donde nueve partidos políticos dispondrán de casi siete mil millones de pesos y con más de un millón 800 mil ciudadanas y ciudadanos como funcionarios de casilla que contarán los votos, además de casi cuatro mil observadores ciudadanos e internacionales. Sin duda alguna, la organización ciudadana de las elecciones para el conteo de los votos es una fortaleza institucional y un orgullo social que ha servido de ejemplo para otros países. Sin embargo, a medida que la competitividad electoral aumenta y la rivalidad entre partidos por las preferencias se distribuye heterogéneamente en el territorio, lo cierto es que una vez más, el mapa electoral del país cambiará con el resultado de estas elecciones. El cambio es colosal, la sincronización de los calendarios hará complejo el proceso de elección por el número candidatos y de elecciones: boletas con distintos candidatos, diferentes urnas y sobre-exposición mediática que afectará el ánimo de los electores. Se estima la diseminación de casi 23 millones de spots televisivos, que ya empezamos a ver en este arranque de campaña para tomar el termómetro de la comunicación política, una vez iniciada las campañas y las reglas. Tres meses eternos, donde tendremos múltiples ocasiones para conocer las propuestas y perfiles de los candidatos, de tomar postura y configurar una redistribución de las preferencias. Indudablemente, la comunicación política se dirige a las masas de votantes. Por un lado, se apela a que la ciudadanía vote, otra vertiente se enfoca a cuestionar a los adversarios, otra corriente se enfoca en poner los principales problemas detectados en el ánimo de los votantes como seguridad, corrupción, impunidad y empleo. La multiplicación de mensajes y el protagonismo de las redes sociales, pondrán sobre la mesa de análisis político, nuevos productos comunicacionales, propios de las redes sociales, más allá de Facebook y Twitter, las principales redes abiertas, pero también entran las redes cerradas en juego, como la mensajería instantánea SMS, Messenger y Whatsapp, las cuales reproducen noticias falsas –incluso más rápido- que las redes sociales abiertas, y donde los tonos, van mucho más allá de lo políticamente correcto. En este contexto, preocupan dos cosas del proceso electoral que nos pondrá en alta exposición a contenidos y operaciones de manipulación ya conocidas en otras campañas. Primero; el incremento potencial de mensajes de odio en las redes sociales y el aumento de las campañas negras, destinadas a descalificar y que tienden a la polarización. Segundo; a la “simplificación de la oferta política”, que se traduce en propuestas atractivas para los votantes, pero imposibles de implantar o pagar con los presupuestos actuales, y que prácticamente, se posicionan en la zona del populismo y la demagogia. Se insiste mucho en un “discurso ofertista” para “repartir la riqueza”, pero se perfilan muy pocos mensajes del cómo generarla, y esto se debe a que la comunicación política no va por la racionalidad del elector, sino por su emocionalidad, más ligada a su correlación con la vulnerabilidad, que a los diferentes roles productivos que mueven al país. Por tanto, muchos de los mensajes dejan fuera de la ecuación a otros segmentos de votantes, en menor o nula condición de vulnerabilidad, pero que en su mayoría son trabajadores formales, profesionistas y empleadores. Para este segmento de votantes, los temas son los mismos (corrupción, impunidad, seguridad y empleo), solo que se espera mucho más de los candidatos para mejorar la situación económica, fortalecer el Estado de Derecho y avanzar en el combate a la corrupción, que junto con el contrabando y la economía de ilegalidad, impactan el 7 % del PIB. Habrá que estar atentos a las propuestas con más contenido que reflejan los spots con el que arrancan las campañas y hacer un llamado respetuoso a candidatos y partidos, a elevar el nivel de discusión de los temas relevantes y críticos para el futuro del país. Sin duda queremos los “cómos” de lo que proponen, queremos las métricas de mejora, queremos un diálogo abierto y franco que nos permita salir de la clásica frase “México tiene un gran potencial” a la frase “México aprovecha su potencial y despega en la ruta del desarrollo incluyente y sostenible”.