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Que diga si es cierto como lo es

  • Javier Cruz Ángulo

El origen de esa oración está en los juicios del siglo XIX y ésta persigue que la persona confiese, ante un juez, que realizó cierta conducta. Algo similar a cuando entramos a confesar nuestros pecados con un clérigo. México como nación independiente adoptó varios formalismos de los procesos judiciales europeos y, mientras en el viejo continente el despacho de los procesos judiciales se modernizó, aquí decidimos conservar algunos formalismos absurdos, sinsentido, pero que hacen que la abogacía parezca algo serio, algo para lo que hay que estudiar. Los seres humanos que tienen contacto con el aparato judicial no tienen una buena opinión de éste, ganen o pierdan. Lo anterior se debe a la falta de algo, ese algo se denomina, justicia procedimental, el mentado concepto se refiere al trato que reciben las personas en el desarrollo del juicio y en la ejecución de la sentencia en los tribunales. Ejemplos de este problema hay a pasto. Las películas y las series de televisión nos hacen pensar que un tribunal es un lugar solemne, ordenado y pulcro. México tiene tribunales que parecen más una papelería ineficiente, que un lugar donde se administra la justicia. A veces, los juzgados tienen expedientes regados por todas partes, montañas de papeles, nadie puede atendernos con celeridad, de forma amable y, menos aún, tomar una decisión eficaz. Cuando yo acudo a una papelería espero que el trato sea amable, eficiente y obtener el producto, hay muchos negocios que superan en eso, el estándar de los tribunales. Por ello, con independencia que las personas obtengan una sentencia condenatoria o absolutoria su impresión es que el aparato de justicia no sirve. La Constitución ordenó que se homologara el proceso civil y familiar, es decir, que en todo el país se lleven de la misma manera los juicios. La expectativa es que la legislación obligue a mejorar la tramitación de los juicios y la calidad en la atención. La administración de justicia tiene mucho que aprender sobre el cómo, cuándo y en qué condiciones los ciudadanos nos sentimos oídos y atendidos. Los jueces siempre deben de presidir las audiencias, es decir, las personas tenemos derecho a que sea un juez el que decida nuestro asunto y no otra persona. Los abogados también tenemos que aprender a dar un servicio profesional y ético, en el sentido, de que la persona goce de toda la información sobre su asunto y las posibles consecuencias del mismo. Todas las personas que tenemos contacto con el sistema de administración de justicia debemos tener un trato respetuoso y claro con todos nuestros interlocutores. Ojalá la frase: que diga si es cierto como lo es, desaparezca en los próximos diez años y no sea el recuerdo más vivido de las personas que acuden a que se les imparta justicia.