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Una luz en el hartazgo electorero

  • Salvador del Río

El abanderado de Por México al Frente, Ricardo Anaya, centra su discurso en el propósito obsesivo de sacar al PRI de Los Pinos como fórmula mágica para terminar con la corrupción, la pobreza, la inseguridad y todos los males que aquejan al país. No dice cómo. Desalojar al PRI es su única meta y la panacea que en realidad esconde sus ansias de poder. El candidato de Juntos Haremos Historia, genio indiscutible del autodedazo y el autoritarismo, Andrés Manuel López Obrador, sigue su camino de 20 años de campaña presidencial con la cantaleta que ha entonado sin variación alguna: derrocar a la mafia del poder, para lo cual lo mismo otorga perdones que recoge despojos de esa imaginaria caterva de corruptos y corruptores. Las filas de Morena se llenan de antiguos panistas, perredistas, y toda suerte de tránsfugas y oportunistas, muchos de ellos provenientes de lo que él llama la mafia de la que va a salvar al país para siempre jamás. En medio de esta confusión de ditirambos, insultos y descalificaciones, se presenta al elector una serie de propuestas, las del candidato del PRI, Verde Ecologista y Nueva Alianza, José Antonio Meade, que contrasta con el escándalo y el odio que fatiga a la opinión pública aún antes de que comience la fase propiamente electoral en marzo próximo. Una iniciativa para sancionar la corrupción venga de donde venga, caiga quien caiga, recuperar los bienes y los recursos mal habidos por parte de funcionarios públicos, presentada por el candidato José Antonio Meade; medidas concretas, factibles para reducir los índices de delincuencia, organizada o no, es otra de las perspectivas que ofrece José Antonio Meade. Lo expone claramente en un plan de 10 puntos que contempla apoyos concretos a la situación y el futuro de la mujer, el joven y los más de 50 millones de mexicanos que viven en la pobreza y carecen de los más elementales satisfactores y servicios para una vida digna. La educación, como antídoto al crimen y a la inseguridad, es otra de sus ofertas, tal vez la más importante. Las de José Antonio Meade no son diatribas, desahogos personales de grupo o de partido. Veinte años de ejercicio encabezando cinco secretarías de Estado, con hojas de servicio con resultados comprobables, avalan la oferta del candidato José Antonio Meade. Las encuestas de opinión cuyos márgenes de confiabilidad o desconfianza son proverbialmente amplios, les falta aún calcular o estimar el posible voto de más de 50 millones de electores que no manifiestan todavía su decisión electoral. Ese universo está sin duda expectante del rumbo de las campañas una vez que se aproxime el momento final del proceso electoral.

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