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¿Y a quién le importa?

  • Pedro Peñaloza

“El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta” Charles Dickens

1. La corrupción cabalga. El caso Odebrecht se ha convertido en un símbolo que sintetiza los malos manejos del grupo en el poder. Las pruebas llegan y se acumulan. Los involucrados se hacen los disimulados y usan su fuerza para desvanecer las acusaciones. Hasta reclaman que se les violan sus derechos. ¡Caramba!

Además, resulta insultante y grotesco que los dueños de la impunidad ahora se vistan de paladines del debido proceso y de la presunción de inocencia. Hasta juegan con la desmemoria, por un lado, Lozoya contrata a un abogado impresentable, de pasado atrabiliario y, como mensaje, corren a un fiscal, que ahora es héroe de algunas franjas de demócratas de ocasión. Nada los detiene. Artífices del pomposo Estado de derecho. El poder se protege y se encubre. Faltaba más. 2. Fuga y lavado. El paraíso terrenal. Los ricos, básicamente los de los dos últimos deciles, gozan el placer del dinero masivo e insultante. Lo exhiben a diario en sus lugares de origen. De nada sirven los privilegios y subvenciones que les otorgan los gobiernos locales para seguir acumulando, además no quieren pagar impuestos. Su fortuna debe ser intocada. Recordemos que entre 2013 y 2016, el Servicio de Administración Tributaria (SAT), otorgó devoluciones por IVA e ISR por un billón 345 mil millones de pesos, beneficios que se concentraron en grandes contribuyentes de las industrias, automotriz, refinación de metales, maquiladoras, bancos, instituciones de fianzas, bolsas de valores, casas de bolsa, sociedades integradas e integradores, es decir, personas morales que declararon ingresos acumulables para efectos del ISR superiores a mil 250 millones de pesos, según reporte de la Auditoría Superior de la Federación (La Jornada, 2/11/17, p. 5). Y por si algo faltara para exhibir la orgía de ganancias de éstas minorías, tengamos presente que sólo de enero a septiembre los bancos que operan en el país obtuvieron un monto sin precedentes de utilidades ¡100 mil 300 millones de pesos!, cantidad que representó un incremento de 26.5%, en comparación con la obtenida en el mismo periodo de 2016, de acuerdo a la Comisión Nacional de Valores, el regulador del sector financiero. En este contexto, el nuevo episodio que exhibe a especuladores y evasores, es la masiva filtración acerca de la red financiera offshore dada a conocer recientemente en los “Paradise Papers”, por el Consorcio Internacional de Periodistas, demuestra y pone en evidencia que, a decenas de personajes de diversos ámbitos prefieren tener parte de sus fortunas en lugares de privilegio fiscal. Hay de todo. En el caso de los mexicanos, son los pícaros de siempre. Sus nombres están en el amplio informe de referencia. ¿Es delito tener capital fuera de México? No, pero sí lo sería si fuese dinero que evadió su examen fiscal. Asimismo, quienes canalizan depósitos al extranjero muestran una escasa solidaridad para dirigir sus dineros a inversiones productivas, prefiriendo la ganancia rápida de las inversiones especulativas. Claro, ya el SAT declaró que “investigará”. Ya podemos dormir tranquilos, sobre todo los “inversionistas”. Epílogo. Frente a éstas pinceladas del México arbitrario, corrupto y profundamente desigual poco se hace, a nadie le importan y a las clases subalternas, que debía importarles, están sometidas a la rutina del trabajo y la desorganización social y colectiva. ¡Carajo! pedropenaloza@yahoo.com/ @pedro_penaloz