/ martes 2 de octubre de 2018

El Blanquita, refugio para los que huían en el 68

La actriz Carmen Salinas recuerda vívidamente como hace cinco décadas escondió en su camerino a estudiantes perseguidos por agentes

Cae la tarde y los balazos se escuchan hasta el teatro Blanquita, no muy distante de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. La variedad está por comenzar, pero se retrasa debido al caos, a la confusión, pues algunos estudiantes angustiados corren, temen por su vida y han llegado en busca de refugio hasta los camerinos de los artistas; otros, se esconden entre el público. Agentes de civil, con un guante blanco como distintivo, los persiguen.

Foto: La Prensa

Carmelita Salinas tampoco olvida el 2 de octubre. Transcurría 1968 y México preparaba sus Juegos Olímpicos, la décimo novena edición de la Olimpiada que estaba a la vuelta de la esquina cuando sucedió lo impensable, lo inesperado, la barbarie: el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz dispersó un mitin estudiantil a punta de disparos. Muchos fueron los caídos; otros más, encarcelados, y muchos otros, desaparecidos.

Lee también: Octavio Paz no renunció en el 68

Precisamente, Carmen Salinas hacía temporada en el Blanquita cuando ocurrió la masacre; hoy lo recuerda:

“¡Nos van a matar, nos van a matar!", gritaban asustados los muchachos.Dos de ellos se metieron a mi camerino y yo los escondí entre los vestidos que usaba para mis imitaciones.

¡Ya mataron a varios de nuestros compañeros! ¡Por favor, no deje que nos maten!

En eso, llegaron varios tipos como jauría en pos de su presa y Carmen se asomó en brasier, apenas cubriéndose con los brazos. Ella no tenía baño en su camerino y decidió, entonces, ocultarlos entre los atuendos de Celia Cruz y Lola Beltrán, amplios, pesados, ideales para cumplir su cometido.

Foto: La Prensa

“No entiendo de qué hablan -espetó a los intrusos-. Perdón, pero me estoy vistiendo, ya voy a salir a escena. Los tipos se retiraron”.

Ve ahora: Rojo Amanecer pudo no ser estrenada, así lo recuerda Jorge Fons

Fue hace 50 años. La actriz recuerda también que muchos de los estudiantes se refugiaron en los camerinos de las bailarinas, que se topaban desnudas, con los senos al aire, ante los hombres de guante blanco que las miraban de reojo y proseguían su cacería. ¿Militares o policías? Quién lo sabe.

Después nos enteramos por las noticias. Yo no alcanzaba a percibir la dimensión de lo ocurrido, pero me parecía cobarde sofocar una protesta no con el diálogo, sino con las armas. Muchas veces actué para Díaz Ordaz y sus invitados en Los Pinos, pero algo había en el presidente que no me gustaba.

Carmelita relata que, ante la represión y el asesinato, la comunidad artística en su mayoría se solidarizó con el movimiento estudiantil que marcaría un parteaguas en la vida política y social de nuestro país.

Foto: La Prensa

Activismo y matrimonio

El lado romántico vendría después, ya que, en el fragor del movimiento, la ahora exdiputada conoció al doctor Carlos Paulín, quien se convertiría en su esposo luego de que éste le pidiera su apoyo a fin de recaudar fondos y pagar fianzas para liberar a estudiantes que estaban en la cárcel.

"Carlos y yo organizamos espectáculos en el Poli, en el Casco de Santo Tomás, me acuerdo que llevé a (los cantantes) José María Napoléon y a Chayito de Alba, entre otros compañeros que nos ayudaron, y por supuesto yo presentaba mi espectáculo de imitaciones. De esa forma juntábamos dinero para sacar de prisión a los compañeros de Paulín".

Te recomendamos: De la plaza Tres Culturas a la pantalla. Así plasmaron la masacre del 2 de octubre de 1968

Relata que Paulín, además, era pintor, así que hizo una gran manta expresando el rechazo de los estudiantes a la brutalidad policiaca y militar que se lanzó contra ellos.

Y, entonces, se enamoraron. Carmen Salinas se divorció en 1971 del pianista Pedro Plascencia y al año siguiente se casó con el doctor, cuya filiación política se identificaba con la izquierda.

De regreso al Blanquita

¡Déjenlos pasar! -pidió Carmen al traspunte-. Ahí, atrás del telar.

Bien a bien nadie sabía lo que estaba ocurriendo ahí, unas cuadras adelante del teatro, pero se escuchaban las sirenas de patrullas y ambulancias circulando por Aquiles Serdán (hoy Eje Central) rumbo a la Plaza de las Tres Culturas donde, de acuerdo a testimonios, una bengala fue la señal para iniciar el operativo gubernamental contra los estudiantes.

Foto: La Prensa

Ellos estaban pálidos, muertos de miedo. Nos dolió mucho después de conocer los hechos. Fue muy desagradable y cuando veo algún reportaje sobre el 2 de octubre, otra vez siento la angustia, la desesperación de aquellos muchachos que se metieron a mi camerino.

En opinión de Carmen Salinas, la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, “fue un acto cobarde que no debe volver a repetirse”.

Lee también:


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Especial 2 de Octubre de 1968, la conspiración cumple 50 años




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Foto: La Prensa

Carmelita Salinas tampoco olvida el 2 de octubre. Transcurría 1968 y México preparaba sus Juegos Olímpicos, la décimo novena edición de la Olimpiada que estaba a la vuelta de la esquina cuando sucedió lo impensable, lo inesperado, la barbarie: el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz dispersó un mitin estudiantil a punta de disparos. Muchos fueron los caídos; otros más, encarcelados, y muchos otros, desaparecidos.

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Precisamente, Carmen Salinas hacía temporada en el Blanquita cuando ocurrió la masacre; hoy lo recuerda:

“¡Nos van a matar, nos van a matar!", gritaban asustados los muchachos.Dos de ellos se metieron a mi camerino y yo los escondí entre los vestidos que usaba para mis imitaciones.

¡Ya mataron a varios de nuestros compañeros! ¡Por favor, no deje que nos maten!

En eso, llegaron varios tipos como jauría en pos de su presa y Carmen se asomó en brasier, apenas cubriéndose con los brazos. Ella no tenía baño en su camerino y decidió, entonces, ocultarlos entre los atuendos de Celia Cruz y Lola Beltrán, amplios, pesados, ideales para cumplir su cometido.

Foto: La Prensa

“No entiendo de qué hablan -espetó a los intrusos-. Perdón, pero me estoy vistiendo, ya voy a salir a escena. Los tipos se retiraron”.

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Después nos enteramos por las noticias. Yo no alcanzaba a percibir la dimensión de lo ocurrido, pero me parecía cobarde sofocar una protesta no con el diálogo, sino con las armas. Muchas veces actué para Díaz Ordaz y sus invitados en Los Pinos, pero algo había en el presidente que no me gustaba.

Carmelita relata que, ante la represión y el asesinato, la comunidad artística en su mayoría se solidarizó con el movimiento estudiantil que marcaría un parteaguas en la vida política y social de nuestro país.

Foto: La Prensa

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"Carlos y yo organizamos espectáculos en el Poli, en el Casco de Santo Tomás, me acuerdo que llevé a (los cantantes) José María Napoléon y a Chayito de Alba, entre otros compañeros que nos ayudaron, y por supuesto yo presentaba mi espectáculo de imitaciones. De esa forma juntábamos dinero para sacar de prisión a los compañeros de Paulín".

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Y, entonces, se enamoraron. Carmen Salinas se divorció en 1971 del pianista Pedro Plascencia y al año siguiente se casó con el doctor, cuya filiación política se identificaba con la izquierda.

De regreso al Blanquita

¡Déjenlos pasar! -pidió Carmen al traspunte-. Ahí, atrás del telar.

Bien a bien nadie sabía lo que estaba ocurriendo ahí, unas cuadras adelante del teatro, pero se escuchaban las sirenas de patrullas y ambulancias circulando por Aquiles Serdán (hoy Eje Central) rumbo a la Plaza de las Tres Culturas donde, de acuerdo a testimonios, una bengala fue la señal para iniciar el operativo gubernamental contra los estudiantes.

Foto: La Prensa

Ellos estaban pálidos, muertos de miedo. Nos dolió mucho después de conocer los hechos. Fue muy desagradable y cuando veo algún reportaje sobre el 2 de octubre, otra vez siento la angustia, la desesperación de aquellos muchachos que se metieron a mi camerino.

En opinión de Carmen Salinas, la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, “fue un acto cobarde que no debe volver a repetirse”.

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