/ martes 14 de julio de 2020

Cuentacuentos a domicilio: arquitecto lee historias a niños

En Tlatelolco, Percibald García narra historias en las calles de las unidades para aligerar el confinamiento de los niños


Todas las tardes a las 15:00 horas, los patios de la unidad habitacional de Tlatelolco se convierten en escenarios itinerantes que llevan alegría a chicos y grandes. Se trata del proyecto De la casa a la plaza: narraciones para Tlatelolco, con el que Percibald García, un joven arquitecto, realiza el papel de cuentacuentos, siempre acompañado de su bocina “peregrina”, un micrófono y una buena historia.

Durante los últimos meses, según se asegura en las redes sociales del proyecto, surgieron un gran número de actividades para mitigar los estragos psicológicos y emocionales causados por la actual situación, pero en su mayoría estaban diseñados para “responder a la lógica adulta del encierro, dejando completamente en la sombra las necesidades de niñas y niños”.

Por ello, Percibald lleva la narración a los habitantes más pequeños de Tlatelolco.

“Al principio del confinamiento me sentía muy mal por no poder trabajar con los niños de la comunidad de San Simón el Alto, Malinalco, Estado de México, en donde yo trabajo. Pensaba en que si estuviera allá me sentaría una hora diaria a leer cuentos a través de la radio comunitaria. Justo en ese momento un niño de la unidad se asomó por su ventana y gritó ‘¡estoy aburrido!’ y me di cuenta que podría ayudar a los niños de mi comunidad que también la estaban pasando mal”, explica el arquitecto de profesión en entrevista con El Sol de México.

“Ahora, ponemos una canción antes del cuento y tanto los niños como adultos están brincando en su departamento bailando y gozando, señal de que el mal rato del confinamiento se rompió y por cinco minutos tienes una energía positiva”.

Dos meses de narraciones acumula Percibald García en Tlatelolco

Chicos y grandes disfrutan de las historias que acompañan a los cuentacuentos. El objetivo, además de entretener es generar comunidad, dicen los organizadores / Foto: Cortesía Facebook Narraciones Tlatelolco

Percibald comenzó a trabajar en Malinalco a partir del sismo de 2017, pues una de las escuelas tuvo que ser demolida por las afectaciones en su estructura.

“Cuando dialogábamos sobre cómo se iba a trabajar, varios grupos de personas discutían sobre la reconstrucción de la escuela, pero me di cuenta que todos opinaban menos los niños, quienes en realidad eran los más afectados”.

El hoy cuentacuentos se dedica a la producción social del hábitat, una rama de la arquitectura que, según dijo, “entiende que los espacios no son sólo materiales, ni muros, sino que los espacios tienen también una dimensión social, cultural, política, económica y ambiental”.

García señala, entre risas, el porqué un arquitecto de profesión sale a unidad habitacional a contar historias fantásticas a sus vecinos, tantos niños como adultos.

“Bueno, porque el espacio tiene esa dimensión social. Pienso que ese proyecto es una forma de resistencia a los procesos de digitalización tan agresivos y rápidos que estamos viviendo por causa de la epidemia. Nos ha quitado (la pandemia de Covid-19) tantos espacios como escuelas, centros de convivencia y trabajo que creo que es importante recuperarlos”, menciona.

Percibald representa la tercera generación tlatelolca de su familia.

“La narración de cuentos permite que como ciudadanos, como niños, niñas y vecinos ocupemos de manera simbólica la plaza. Si bien no estamos juntos de manera física, nuestra atención e imaginación sí se reúnen en los patios”, señala.

El fundador de De la casa a la plaza: narraciones para Tlatelolco le atribuye una función más al proyecto y es la colectividad. “Al final se empieza a generar una comunidad. A través de esta actividad nos comenzamos a ver entre nosotros, nos conocemos y abrimos un espacio para la expresión colectiva y comunitaria en la que los niños son los protagonistas”, precisa.

A dos meses de que la narración de cuentos comenzó en Tlatelolco y gracias a los esfuerzos de los colaboradores, pero sobre todo, a la respuesta de los niños, éste se volvió beneficiario del fondo de apoyo del Patronato de Arte Contemporáneo como parte de su convocatoria 2020, la cual está destinada a fomentar las prácticas, creación y difusión del arte en el contexto de la pandemia por el virus.

A dos meses de que la narración de cuentos comenzó en Tlatelolco y gracias a los esfuerzos de los colaboradores, pero sobre todo, a la respuesta de los niños, éste se volvió beneficiario del fondo de apoyo del Patronato de Arte Contemporáneo como parte de su convocatoria 2020, la cual está destinada a fomentar las prácticas, creación y difusión del arte en el contexto de la pandemia. Además, también el Fondo de Cultura Económica ha emitido apoyo a través de donaciones de nuevas historias.

Ante este buen recibimiento, se prevé una evolución del proyecto al final del confinamiento, cuando se buscará llevar otras maneras de llevar historias a los niños en Tlatelolco.

“Habrá que cambiar el formato de transmitirnos las historias. Hay niños a los que les gusta escuchar el cuento, pero hay a quienes les gusta leer, dibujar e incluso narrarlo. Después del confinamiento nos reuniremos en la plaza, esto nos va permitir generar una unión entre la comunidad”.

Una vez que la unión vecinal esté consolidada, comentó García, podría escribirse un libro de cuentos creados a partir de la historia de Tlatelolco y que esto permita transmitir a los niños y a las generaciones futuras toda su cultura.

Agradecimiento de un niño a Percibald / Foto: Cortesía Facebook Narraciones Tlatelolco

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Todas las tardes a las 15:00 horas, los patios de la unidad habitacional de Tlatelolco se convierten en escenarios itinerantes que llevan alegría a chicos y grandes. Se trata del proyecto De la casa a la plaza: narraciones para Tlatelolco, con el que Percibald García, un joven arquitecto, realiza el papel de cuentacuentos, siempre acompañado de su bocina “peregrina”, un micrófono y una buena historia.

Durante los últimos meses, según se asegura en las redes sociales del proyecto, surgieron un gran número de actividades para mitigar los estragos psicológicos y emocionales causados por la actual situación, pero en su mayoría estaban diseñados para “responder a la lógica adulta del encierro, dejando completamente en la sombra las necesidades de niñas y niños”.

Por ello, Percibald lleva la narración a los habitantes más pequeños de Tlatelolco.

“Al principio del confinamiento me sentía muy mal por no poder trabajar con los niños de la comunidad de San Simón el Alto, Malinalco, Estado de México, en donde yo trabajo. Pensaba en que si estuviera allá me sentaría una hora diaria a leer cuentos a través de la radio comunitaria. Justo en ese momento un niño de la unidad se asomó por su ventana y gritó ‘¡estoy aburrido!’ y me di cuenta que podría ayudar a los niños de mi comunidad que también la estaban pasando mal”, explica el arquitecto de profesión en entrevista con El Sol de México.

“Ahora, ponemos una canción antes del cuento y tanto los niños como adultos están brincando en su departamento bailando y gozando, señal de que el mal rato del confinamiento se rompió y por cinco minutos tienes una energía positiva”.

Dos meses de narraciones acumula Percibald García en Tlatelolco

Chicos y grandes disfrutan de las historias que acompañan a los cuentacuentos. El objetivo, además de entretener es generar comunidad, dicen los organizadores / Foto: Cortesía Facebook Narraciones Tlatelolco

Percibald comenzó a trabajar en Malinalco a partir del sismo de 2017, pues una de las escuelas tuvo que ser demolida por las afectaciones en su estructura.

“Cuando dialogábamos sobre cómo se iba a trabajar, varios grupos de personas discutían sobre la reconstrucción de la escuela, pero me di cuenta que todos opinaban menos los niños, quienes en realidad eran los más afectados”.

El hoy cuentacuentos se dedica a la producción social del hábitat, una rama de la arquitectura que, según dijo, “entiende que los espacios no son sólo materiales, ni muros, sino que los espacios tienen también una dimensión social, cultural, política, económica y ambiental”.

García señala, entre risas, el porqué un arquitecto de profesión sale a unidad habitacional a contar historias fantásticas a sus vecinos, tantos niños como adultos.

“Bueno, porque el espacio tiene esa dimensión social. Pienso que ese proyecto es una forma de resistencia a los procesos de digitalización tan agresivos y rápidos que estamos viviendo por causa de la epidemia. Nos ha quitado (la pandemia de Covid-19) tantos espacios como escuelas, centros de convivencia y trabajo que creo que es importante recuperarlos”, menciona.

Percibald representa la tercera generación tlatelolca de su familia.

“La narración de cuentos permite que como ciudadanos, como niños, niñas y vecinos ocupemos de manera simbólica la plaza. Si bien no estamos juntos de manera física, nuestra atención e imaginación sí se reúnen en los patios”, señala.

El fundador de De la casa a la plaza: narraciones para Tlatelolco le atribuye una función más al proyecto y es la colectividad. “Al final se empieza a generar una comunidad. A través de esta actividad nos comenzamos a ver entre nosotros, nos conocemos y abrimos un espacio para la expresión colectiva y comunitaria en la que los niños son los protagonistas”, precisa.

A dos meses de que la narración de cuentos comenzó en Tlatelolco y gracias a los esfuerzos de los colaboradores, pero sobre todo, a la respuesta de los niños, éste se volvió beneficiario del fondo de apoyo del Patronato de Arte Contemporáneo como parte de su convocatoria 2020, la cual está destinada a fomentar las prácticas, creación y difusión del arte en el contexto de la pandemia por el virus.

A dos meses de que la narración de cuentos comenzó en Tlatelolco y gracias a los esfuerzos de los colaboradores, pero sobre todo, a la respuesta de los niños, éste se volvió beneficiario del fondo de apoyo del Patronato de Arte Contemporáneo como parte de su convocatoria 2020, la cual está destinada a fomentar las prácticas, creación y difusión del arte en el contexto de la pandemia. Además, también el Fondo de Cultura Económica ha emitido apoyo a través de donaciones de nuevas historias.

Ante este buen recibimiento, se prevé una evolución del proyecto al final del confinamiento, cuando se buscará llevar otras maneras de llevar historias a los niños en Tlatelolco.

“Habrá que cambiar el formato de transmitirnos las historias. Hay niños a los que les gusta escuchar el cuento, pero hay a quienes les gusta leer, dibujar e incluso narrarlo. Después del confinamiento nos reuniremos en la plaza, esto nos va permitir generar una unión entre la comunidad”.

Una vez que la unión vecinal esté consolidada, comentó García, podría escribirse un libro de cuentos creados a partir de la historia de Tlatelolco y que esto permita transmitir a los niños y a las generaciones futuras toda su cultura.

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