/ lunes 17 de junio de 2019

Busca Don Ramón el sustento bajo el sol

A pesar de tener ya 72 años, se dedica a la venta ambulante de dulces y semillas, en la avenida internacional

En el municipio existe un sector de vendedores ambulantes muy activo, a pesar de las altas temperaturas que se registran actualmente en la región.

Ramón Hernández Cañete, de 72 años, es un vecino de la colonia Reforma, quien dijo salir todos los días hasta la avenida internacional Carlos G. Calles para poderse ganar el sustento y mantener a su esposa. “Voy para dos años vendiendo aquí. Aquí yo vengo desde las 07:00 hasta la 01:00 de la tarde, porque a esa hora ya no aguanto el calor. Tengo que retirarme y hacerle la lucha. Mis hijos ya me dejaron. Estamos solos yo y mi esposa. Pues no me queda de otra.”

Sobre los beneficios o ganancias que obtiene en promedio a diario, Don Ramón compartió que: “A veces saco 250 pesos, a veces más, a veces menos. Según la gente, pues. Me regalan un dólar, me veinte pesos, cinco o dos pesos. Lo que haya sido su voluntad.” Agregando a mitad de la entrevista que iría por un poco de agua, pues no aguantaba la “sequía”, refiriéndose a su sed.

“En lo que llevo aquí trabajando, casi dos años, pues claro que me he sentido mal. Todo lo que sea por el calor, pues sí se enferma uno. Se deshidrata uno y luego le pegan los mareos bien feo. Por eso me voy rápido. Si siento que ya no aguanto, pues me voy a la casa.”


VENTA AMBULANTE

“Vendo mis dulces, cacahuates garapiñados y japoneses, pistaches, dulces de coco, semillitas. Qué puedo hacer, si tengo que cumplir mi compromiso. No queda de otra, sino luchar por mis tortillas y mis frijoles. Cuando termino, pues también me toca pagar mi taxi, y me voy.” Mencionó el entrevistado, quien señaló que su esposa lo apoya, a pesar de la dificultad de ser vendedor ambulante. “Mi esposa está en la casa, pues. No sabe leer, y ahí se dedica al hogar. Estamos solitos los dos. Los hijos nos dejaron, y pues ni modo. Se fueron a `navegar´, a distraerse, no lo sé. A ver su destino. Ya tienen sus hijos y hasta nietos. Ahí en la casa yo les di la mitad del lote a uno y a otro, y les dije que cuando yo me muera pues ahí ya van a tener donde vivir. Pero, no quieren estar ahí. Ni modo, no quieren que los regañe uno porque anden tomando, pues.”

Hernández también toco el tema de su familia, explicando que, sea lo que sea que gane, el a veces les da dinero. “Ese dinero que gasto le puede hacer falta a mis hijos. A veces van mis nietos a la casa, y me dicen `abuelito quiero para mi escuela´, `abuelito préstame 20 pesos´, y pues para qué voy a mentir. A veces, cuando tengo, pues les presto 20, 30 o hasta 50 pesos de lo que gano diario. Cuando tengo les doy, y pues cuando no saco el día, no puedo darles. Tengo dos hijos, eran tres, pero se me murió uno. Esos dos, pues no quieren estar en la casa. Yo les digo que andan por ahí pagando renta, y pues están igual o a veces peor, pero no quieren. Hay que dejarlos. Yo me voy a morir, y se va a quedar la casa. ¿Qué voy a hacer? No les puedo detener. Ya son hombres, pero tampoco el consejo lo quieren.”


Acerca de otras alternativas de empleo, para evitar los riesgos de los climas extremos, mencionó que: “No encuentro. Nosotros los viejos en qué podemos servir, si el gobierno ya no nos da trabajo por la edad. Si fui a pedir empleo con una licenciada hace un par de años para buscar mis tortillitas y mis frijoles, me dijeron que querían personas de 18 a 45 años, y pues ya no les pude decir nada, solo que cuando va uno a votar, nos dicen que van a apoyar a la tercera edad, y pues yo me sigo preguntando dónde está la ayuda. La persona a la que le dije esto nomás se agachó, y de ahí decidí ir a Salubridad y sacar mi permiso. Ahora me tienes aquí en cada chance, vendiendo por la internacional. El permio lo llevo conmigo a todas partes, porque estoy viejo y no quiero que me regañen. Voy a pagar cada mes mi permiso para vender. Cuando me lo renuevan, me sellan y me pongo a vender.”

“Hay que lucharle a la vida, pues. No queda otra. Los días y los años que Dios me dé, tengo que luchar. Ojalá me ayude un poquito el gobierno para poder mi agua y mi luz. Yo nomás busco para mis tortillitas y frijoles. Eso es todo.” finalizó el entrevistado.


AMBULANTE

Don Ramón Hernández, residente de la colonia Reforma, desde hace dos años va a la avenida Carlos G. Calles para vender dulces y semillas, de 07:00 a 01:00 de la tarde

En el municipio existe un sector de vendedores ambulantes muy activo, a pesar de las altas temperaturas que se registran actualmente en la región.

Ramón Hernández Cañete, de 72 años, es un vecino de la colonia Reforma, quien dijo salir todos los días hasta la avenida internacional Carlos G. Calles para poderse ganar el sustento y mantener a su esposa. “Voy para dos años vendiendo aquí. Aquí yo vengo desde las 07:00 hasta la 01:00 de la tarde, porque a esa hora ya no aguanto el calor. Tengo que retirarme y hacerle la lucha. Mis hijos ya me dejaron. Estamos solos yo y mi esposa. Pues no me queda de otra.”

Sobre los beneficios o ganancias que obtiene en promedio a diario, Don Ramón compartió que: “A veces saco 250 pesos, a veces más, a veces menos. Según la gente, pues. Me regalan un dólar, me veinte pesos, cinco o dos pesos. Lo que haya sido su voluntad.” Agregando a mitad de la entrevista que iría por un poco de agua, pues no aguantaba la “sequía”, refiriéndose a su sed.

“En lo que llevo aquí trabajando, casi dos años, pues claro que me he sentido mal. Todo lo que sea por el calor, pues sí se enferma uno. Se deshidrata uno y luego le pegan los mareos bien feo. Por eso me voy rápido. Si siento que ya no aguanto, pues me voy a la casa.”


VENTA AMBULANTE

“Vendo mis dulces, cacahuates garapiñados y japoneses, pistaches, dulces de coco, semillitas. Qué puedo hacer, si tengo que cumplir mi compromiso. No queda de otra, sino luchar por mis tortillas y mis frijoles. Cuando termino, pues también me toca pagar mi taxi, y me voy.” Mencionó el entrevistado, quien señaló que su esposa lo apoya, a pesar de la dificultad de ser vendedor ambulante. “Mi esposa está en la casa, pues. No sabe leer, y ahí se dedica al hogar. Estamos solitos los dos. Los hijos nos dejaron, y pues ni modo. Se fueron a `navegar´, a distraerse, no lo sé. A ver su destino. Ya tienen sus hijos y hasta nietos. Ahí en la casa yo les di la mitad del lote a uno y a otro, y les dije que cuando yo me muera pues ahí ya van a tener donde vivir. Pero, no quieren estar ahí. Ni modo, no quieren que los regañe uno porque anden tomando, pues.”

Hernández también toco el tema de su familia, explicando que, sea lo que sea que gane, el a veces les da dinero. “Ese dinero que gasto le puede hacer falta a mis hijos. A veces van mis nietos a la casa, y me dicen `abuelito quiero para mi escuela´, `abuelito préstame 20 pesos´, y pues para qué voy a mentir. A veces, cuando tengo, pues les presto 20, 30 o hasta 50 pesos de lo que gano diario. Cuando tengo les doy, y pues cuando no saco el día, no puedo darles. Tengo dos hijos, eran tres, pero se me murió uno. Esos dos, pues no quieren estar en la casa. Yo les digo que andan por ahí pagando renta, y pues están igual o a veces peor, pero no quieren. Hay que dejarlos. Yo me voy a morir, y se va a quedar la casa. ¿Qué voy a hacer? No les puedo detener. Ya son hombres, pero tampoco el consejo lo quieren.”


Acerca de otras alternativas de empleo, para evitar los riesgos de los climas extremos, mencionó que: “No encuentro. Nosotros los viejos en qué podemos servir, si el gobierno ya no nos da trabajo por la edad. Si fui a pedir empleo con una licenciada hace un par de años para buscar mis tortillitas y mis frijoles, me dijeron que querían personas de 18 a 45 años, y pues ya no les pude decir nada, solo que cuando va uno a votar, nos dicen que van a apoyar a la tercera edad, y pues yo me sigo preguntando dónde está la ayuda. La persona a la que le dije esto nomás se agachó, y de ahí decidí ir a Salubridad y sacar mi permiso. Ahora me tienes aquí en cada chance, vendiendo por la internacional. El permio lo llevo conmigo a todas partes, porque estoy viejo y no quiero que me regañen. Voy a pagar cada mes mi permiso para vender. Cuando me lo renuevan, me sellan y me pongo a vender.”

“Hay que lucharle a la vida, pues. No queda otra. Los días y los años que Dios me dé, tengo que luchar. Ojalá me ayude un poquito el gobierno para poder mi agua y mi luz. Yo nomás busco para mis tortillitas y frijoles. Eso es todo.” finalizó el entrevistado.


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