/ domingo 14 de julio de 2019

Comparte historia de su deportación

Alicia Núñez vivió en Estados Unidos un lapso comprendido entre 1999 y 2010, tiempo en el que formó una familia y construyó su hogar junto a su esposo e hijos, para luego ser expulsada del país a este municipio

Para cumplir el denominado “sueño americano”, Alicia Núñez, de 41 años, oriunda de este municipio, decidió emprender en el año de 1999 un viaje al estado de California, donde permanecería un tiempo, antes de formar una familia junto a su esposo, en Yuma, Arizona.

Previo a su deportación en el año 2010, Alicia afirmó que siempre vivió con el temor de que en algún momento, mientras se solucionaba su situación legal en el país vecino, fuera encontrada por agentes de migración, hecho que fue inevitable y que derivó a un cambio sustancial en la vida de ella, su marido y dos hijos.

“Éramos una familia como muchas; una familia de migrantes. Mi esposo trabajaba y yo era ama de casa. Nuestros dos hijos nacieron en Estados Unidos, e iban a la escuela con normalidad. Ellos no habían conocido México nunca, sus costumbres y enseñanzas eran estadounidenses”, dijo Núñez, recordando a su vez que cada semana, en el día de descanso de su esposo, acostumbraban a ir a la iglesia.

“Un día, saliendo de la iglesia nos detuvieron, sin siquiera haber cometido alguna infracción, aunque nuestro carro tenía placas mexicanas” mencionó la entrevistada, agregando que en ese momento le solicitaron los papeles, los cuales no tenía, aunque su marido portaba un permiso para visitante. “Me dijeron que llamarían a Migración. En la familia ya sabíamos qué era lo que seguía, por lo que solicité permiso en ese momento para despedirme de mis hijos, sobre todo para que no tuvieran una última imagen de mí, en medio de algún abuso o violencia que se pudiera presentar”.

Siempre, dijo Alicia, tuvo miedo de perder todo lo que con mucho trabajo habían construido y adquirido. “Sabíamos que en cualquier momento lo podíamos perder, incluso los sueños y planes. En ese momento les dije a mis hijos que, aunque ya no iba a poder estar presente, Dios siempre estaría con ellos. Estaban llorando, fue un momento muy difícil”.

FUE UNA EXPERIENCIA QUE NO DESEO A NADIE”: ALICIA

Sobre su procesamiento y posterior deportación, la entrevistada, quien padece de diabetes y portaba consigo una bomba de insulina, recordó que la retuvieron durante dos días y una noche, y que los mismos agentes aduanales le negaron el medicamento que necesitaba, por lo que tuvo un episodio de “shock” por los altos niveles del azúcar en su sangre. “Cuando me iban subiendo al vehículo, mi bomba de insulina sonó diciéndome que me hacía falta, pero me dijeron que `eso lo vamos arreglar allá´. Yo no puedo estar sin mi insulina mucho tiempo. Eso fue como a las 02:00 de la tarde. A la mañana siguiente, cuando me llevaron al centro de separos, les pedía la insulina, porque me sentía cada vez peor. Le decía a cada guardia que veía que necesitaba medicamento. Fue hasta las 05:00 de la mañana siguiente que tuve una crisis de salud y me llevaron al hospital”, recalcando que esto sucedió en el Centro de Detención en Yuma.

“Después de todo esto, sin dinero ni teléfono, nos subieron a un camión y nos dejaron en la línea, en San Luis Río Colorado. Junto conmigo, iban otras mujeres que conocí en los separos, y me contaban sus historias. Supe que había peores que la mía, pues me dijeron cómo los `migras´ las arrebataban de los brazos de sus hijos, dejándolos en llanto. Ahí, cada quien se las tenía que arreglar para llegar con las familias. Gracias a Dios, yo tenía a la mía en la ciudad y tenía a dónde ir, pero sé que había otras personas que ni siquiera tenían a su familia en el país, ni dinero para alimentarse ese día”, narró Alicia.

“Es una de las experiencias más traumáticas que he vivido. Mis hijos cayeron en depresión. Hasta hoy, desde hace nueve años, cuando se habla de eso dicen que es la experiencia más horrible que han tenido. Cuando nos juntamos a orar como familia, una de las oraciones que siempre están presentes es `que nunca volvamos a estar separados como familia´. (…) Eso pasó un mes de enero, y después en abril llegaron mis hijos y mi esposo a México, para luego comenzar de cero. Fue como un sueño americano que se rompió”.

Durante la entrevista, mencionó que aún hay temor por aquellos seres queridos que tiene en Estados Unidos y que, a pesar de que han pasado muchos años, no han logrado la nacionalidad americana. “Como ya lo viví, es algo que espero no quieres que otros lo experimenten. Uno desea que se cumpla el sueño de estar allá legalmente. Hay tantas familias que no tienen ese permiso y que aun así están bendiciendo a las personas de allá. Yo siento y creo que merecemos una oportunidad. Creo que, si estamos enseñando a nuestros hijos a discriminar indocumentados, algún día discriminarán a sus propios hermanos. Si enseñamos a amarlos, aprenderán como crece una nación”.

Hoy en día, Alicia Núñez ha continuado con su vida, junto a sus seres queridos en este país. Actualmente, ella y su esposo han fundado una iglesia cristiana y sus hijos se encuentran realizando sus estudios y proyectos de vida. A pesar de todo lo acontecido, dijo bendecir siempre a Estados Unidos.

“Sé que Estados Unidos es una nación que se dice regir por las leyes de Dios, más en la Biblia dice que tenemos que respetar y amar a los migrantes. Muchos hombres grandes en la historia de ese país fueron migrantes o tuvieron parientes migrantes y, por amor y respeto a la tierra a la que llegaron, la hicieron una nación grande. A muchos indocumentados no se les están dando la oportunidad”.

Para cumplir el denominado “sueño americano”, Alicia Núñez, de 41 años, oriunda de este municipio, decidió emprender en el año de 1999 un viaje al estado de California, donde permanecería un tiempo, antes de formar una familia junto a su esposo, en Yuma, Arizona.

Previo a su deportación en el año 2010, Alicia afirmó que siempre vivió con el temor de que en algún momento, mientras se solucionaba su situación legal en el país vecino, fuera encontrada por agentes de migración, hecho que fue inevitable y que derivó a un cambio sustancial en la vida de ella, su marido y dos hijos.

“Éramos una familia como muchas; una familia de migrantes. Mi esposo trabajaba y yo era ama de casa. Nuestros dos hijos nacieron en Estados Unidos, e iban a la escuela con normalidad. Ellos no habían conocido México nunca, sus costumbres y enseñanzas eran estadounidenses”, dijo Núñez, recordando a su vez que cada semana, en el día de descanso de su esposo, acostumbraban a ir a la iglesia.

“Un día, saliendo de la iglesia nos detuvieron, sin siquiera haber cometido alguna infracción, aunque nuestro carro tenía placas mexicanas” mencionó la entrevistada, agregando que en ese momento le solicitaron los papeles, los cuales no tenía, aunque su marido portaba un permiso para visitante. “Me dijeron que llamarían a Migración. En la familia ya sabíamos qué era lo que seguía, por lo que solicité permiso en ese momento para despedirme de mis hijos, sobre todo para que no tuvieran una última imagen de mí, en medio de algún abuso o violencia que se pudiera presentar”.

Siempre, dijo Alicia, tuvo miedo de perder todo lo que con mucho trabajo habían construido y adquirido. “Sabíamos que en cualquier momento lo podíamos perder, incluso los sueños y planes. En ese momento les dije a mis hijos que, aunque ya no iba a poder estar presente, Dios siempre estaría con ellos. Estaban llorando, fue un momento muy difícil”.

FUE UNA EXPERIENCIA QUE NO DESEO A NADIE”: ALICIA

Sobre su procesamiento y posterior deportación, la entrevistada, quien padece de diabetes y portaba consigo una bomba de insulina, recordó que la retuvieron durante dos días y una noche, y que los mismos agentes aduanales le negaron el medicamento que necesitaba, por lo que tuvo un episodio de “shock” por los altos niveles del azúcar en su sangre. “Cuando me iban subiendo al vehículo, mi bomba de insulina sonó diciéndome que me hacía falta, pero me dijeron que `eso lo vamos arreglar allá´. Yo no puedo estar sin mi insulina mucho tiempo. Eso fue como a las 02:00 de la tarde. A la mañana siguiente, cuando me llevaron al centro de separos, les pedía la insulina, porque me sentía cada vez peor. Le decía a cada guardia que veía que necesitaba medicamento. Fue hasta las 05:00 de la mañana siguiente que tuve una crisis de salud y me llevaron al hospital”, recalcando que esto sucedió en el Centro de Detención en Yuma.

“Después de todo esto, sin dinero ni teléfono, nos subieron a un camión y nos dejaron en la línea, en San Luis Río Colorado. Junto conmigo, iban otras mujeres que conocí en los separos, y me contaban sus historias. Supe que había peores que la mía, pues me dijeron cómo los `migras´ las arrebataban de los brazos de sus hijos, dejándolos en llanto. Ahí, cada quien se las tenía que arreglar para llegar con las familias. Gracias a Dios, yo tenía a la mía en la ciudad y tenía a dónde ir, pero sé que había otras personas que ni siquiera tenían a su familia en el país, ni dinero para alimentarse ese día”, narró Alicia.

“Es una de las experiencias más traumáticas que he vivido. Mis hijos cayeron en depresión. Hasta hoy, desde hace nueve años, cuando se habla de eso dicen que es la experiencia más horrible que han tenido. Cuando nos juntamos a orar como familia, una de las oraciones que siempre están presentes es `que nunca volvamos a estar separados como familia´. (…) Eso pasó un mes de enero, y después en abril llegaron mis hijos y mi esposo a México, para luego comenzar de cero. Fue como un sueño americano que se rompió”.

Durante la entrevista, mencionó que aún hay temor por aquellos seres queridos que tiene en Estados Unidos y que, a pesar de que han pasado muchos años, no han logrado la nacionalidad americana. “Como ya lo viví, es algo que espero no quieres que otros lo experimenten. Uno desea que se cumpla el sueño de estar allá legalmente. Hay tantas familias que no tienen ese permiso y que aun así están bendiciendo a las personas de allá. Yo siento y creo que merecemos una oportunidad. Creo que, si estamos enseñando a nuestros hijos a discriminar indocumentados, algún día discriminarán a sus propios hermanos. Si enseñamos a amarlos, aprenderán como crece una nación”.

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