/ jueves 9 de mayo de 2019

Dio Panchita vida de manera distinta

Luego de perder a un bebe en su vientre, Panchita recibió el consuelo de Dios con Ashley, una pequeña a quien adoptó y hoy es la alegría de su hogar

Para Francisca Inzunza el deseo de convertirse por tercera vez en madre llegó de una manera distinta a la de engendrar a su niña en el vientre, pues tras haber perdido a un hijo a meses de embarazo, no cuestionó a Dios, sino que le pidió el consuelo a lo que ella llama “el dolor más grande de su vida”.

Las respuestas a esas suplicas llegaron a la también conocida como Panchita, dos años después al tener la oportunidad de adoptar a la pequeña Ashley, una sobrina biológica de su esposo Martin, a quien desde ese momento a la fecha han criado con el mismo amor que han dado a sus dos primeros hijos, Alejandra y Martin.

“Yo tenía 40 años cuando estuve embarazada por última vez, por mi edad se trató de un proceso difícil que terminó de pasar de un momento hermoso a uno trágico para mi esposo y para mí, pues él bebe que con tanto amor esperábamos nunca estuvo en nuestros brazos, lo perdimos”, contó con lágrimas en los ojos.

Dos años más tarde, un verano del 2012 a los brazos de Panchita llegó una bebe recién nacida, que se convirtió en “la niña de sus ojos”, quien hoy lleva el apellido de la familia y que fue adoptada tal cual lo indica la Ley.


“Ella me escogió como su madre”

Ashley no solo llegaría a llenar un espacio en el corazón de Panchita, sino a probar de nuevo su fe ante Dios, pues a días de nacida presentó fuertes complicaciones de salud, que anunciaban le impedirían caminar por sus propios pies por lo que requeriría de operaciones costosas y de riesgo.


“Ella me eligió a mí, ella sabía que yo sacaría fuerzas de donde pudiera y así lo hice, junto a mi esposo nos movimos a pedir ayuda, agotamos las opciones y vimos la mano de Dios moverse; al año y medio nuestra niña comenzó a caminar por si sola”, compartió.

Hoy, Ashley es una niña sana y amada por los felices padres, quienes es ningún momento han ocultado la historia de vida a su pequeña de casi 7 años de edad, a quien de grande la ven ejerciéndose como maestra o enfermera.

“Hasta que Dios nos preste vida ahí estaremos para ella, para apoyarla en lo que decida ser de grande”, finalizó.


Es “Todóloga”

Además de ser la madre de Ashley, Alejandra y Martin, Panchita es trabajadora doméstica y ama de casa, es también gestora social y líder de la colonia Altar ante el gobierno.

Para Francisca Inzunza el deseo de convertirse por tercera vez en madre llegó de una manera distinta a la de engendrar a su niña en el vientre, pues tras haber perdido a un hijo a meses de embarazo, no cuestionó a Dios, sino que le pidió el consuelo a lo que ella llama “el dolor más grande de su vida”.

Las respuestas a esas suplicas llegaron a la también conocida como Panchita, dos años después al tener la oportunidad de adoptar a la pequeña Ashley, una sobrina biológica de su esposo Martin, a quien desde ese momento a la fecha han criado con el mismo amor que han dado a sus dos primeros hijos, Alejandra y Martin.

“Yo tenía 40 años cuando estuve embarazada por última vez, por mi edad se trató de un proceso difícil que terminó de pasar de un momento hermoso a uno trágico para mi esposo y para mí, pues él bebe que con tanto amor esperábamos nunca estuvo en nuestros brazos, lo perdimos”, contó con lágrimas en los ojos.

Dos años más tarde, un verano del 2012 a los brazos de Panchita llegó una bebe recién nacida, que se convirtió en “la niña de sus ojos”, quien hoy lleva el apellido de la familia y que fue adoptada tal cual lo indica la Ley.


“Ella me escogió como su madre”

Ashley no solo llegaría a llenar un espacio en el corazón de Panchita, sino a probar de nuevo su fe ante Dios, pues a días de nacida presentó fuertes complicaciones de salud, que anunciaban le impedirían caminar por sus propios pies por lo que requeriría de operaciones costosas y de riesgo.


“Ella me eligió a mí, ella sabía que yo sacaría fuerzas de donde pudiera y así lo hice, junto a mi esposo nos movimos a pedir ayuda, agotamos las opciones y vimos la mano de Dios moverse; al año y medio nuestra niña comenzó a caminar por si sola”, compartió.

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