/ viernes 18 de octubre de 2019

Goza migrante del fruto de su trabajo

Después de enfrentarse al hambre y buscar junto a sus hermanos el sustento diario en el centro de esta ciudad en el año de 1985, salvadoreños disfrutan del éxito del negocio familiar en el rubro gastronómico

Originario de la localidad de Suchitoto, del departamento (estado) de Cuscatlán, en El Salvador, Walter Miranda Acosta es un ejemplo de perseverancia y esfuerzo, pues tras más de tres décadas ha sabido salir adelante junto a sus hermanos para cumplir su sueño en San Luis Río Colorado, administrando una pizzería al sur de la ciudad, negocio que le ha dado el sustento a él y a su familia.

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“Yo nunca trabajé algo relacionado a las pizzas, de hecho, todo empezó con mis hermanos, que ellos sí trabajaron en una cadena trasnacional de pizzerías. Entonces, uno de ellos, llamado Henry, decidió abrir su propia empresa y hacer lo que hacía en donde trabajaba, vendiendo pizzas chiquitas en una motocicleta, por las calles gritando y chiflando”.

SU LLEGADA A SAN LUIS RÍO COLORADO

Walter es uno de 10 hermanos, de los cuales seis son salvadoreños, uno estadounidense y tres mexicanos. Junto a esto, contó que fue junto a su madre que llegaron a Estados Unidos en el año de 1984, aunque no permanecieron durante mucho tiempo, pues era difícil mantenerse a todos a la vez.

“Nos vinimos para acá, porque a mi padre lo mataron. Él trabajaba como camionero. Allá no hay mucha variedad de empleos, no hay maquiladoras, todo es campo. Nosotros vivimos mucho tiempo en la capital, y aun así la gente batallaba, por los salarios que en aquel entonces era en colones, pero ahora por cuestiones de finanzas entre El Salvador y Estados Unidos ahora son dólares; allá un sueldo anda entre los 15 y 20 dólares a la semana, como actualmente conocemos su valor”.

De vez en cuando, Walter sale a repartir pedidos en su motocicleta. / VÍCTOR FÉLIX

Quienes quieren salir de su país, tengan en mente que trabajarán muy duro

Walter Miranda Acosta, Migrante Salvadoreño

“Nos salimos voluntariamente de Estados Unidos, a nosotros no nos deportaron. Veníamos a trabajar, y allá mi mamá con su pareja sí trabajaban, pero éramos muchos y era mucho problema mantenernos. Fue entonces que vinimos a México pensando que nos iría mejor, pero no fue así, batallamos mucho. Aquí vinimos a trabajar los menores, a vender chicles, a dar “bola”, a hacer mandados y limpiar lotes, todo eso en el centro de esta ciudad. Todos los días veníamos, y luego nos íbamos a trabajar allá. Para nosotros un buen día era cuando comíamos bien. Siempre sufrimos por hambre, pero gracias a Dios ahora ya no sucede eso. Hoy vivimos bien y hasta familia tengo para mantener”.

Actualmente, son dos las pizzerías fundadas por su familia, una sobre la avenida Nuevo León y calle 42, la cual atiende su hermano Elmer, y otra más sobre la avenida Reforma Agraria B y calle 26, la cual atiende él mismo junto a su familia y empleados.



“MÁS MEXICANOS, QUE SALVADOREÑOS”: WALTER

Walter Miranda compartió las ganas que tiene la familia de visitar su lugar de origen, pero solo como turistas. “Queremos ir a nuestra tierra natal, pero no como ciudadanos. Ahora nos sentimos más mexicanos que salvadoreños. Sólo queremos visitar el sitio, pues ya no nos queda nada de familia en ese país”.

Nostálgico, externó que lo que más extraña de su país son sus paisajes, su vegetación y su fauna. “Es muy pobre el país, pero muy bonito. Extraño mucho la variedad de frutas, hay mucha vegetación, cascadas, lagos, ríos, mar, mucha variedad de animales, mucha riqueza natural”, agregando que de México le ha gustado su gente. “Jamás hemos tenido problemas con nadie por ser extranjeros, nunca nos han discriminado. La gente nos ha respetado. De hecho, puedo decir que me gusta mucho Nayarit, aquí en México, porque me recuerda mucho a mi país. Tiene algunas frutas que se dan por allá y hasta algún parecido con los animalitos”.

Luego de sufrir hambre, hoy el salvadoreño cuenta con un negocio familiar, donde ha podido emplear a personas. / VÍCTOR FÉLIX

Recordando su situación, dijo que ha dado empleo a migrantes originarios de Nayarit, pues sufren la misma falta de trabajo, pues solo hay pizca de mango y pesca por temporadas.

Para terminar, Walter compartió un mensaje a quienes deciden abandonar su lugar de origen para buscar una mejor situación para ellos mismos y sus seres queridos. “No lo veo mal que dejen sus tierras, si no logran sus objetivos está bien que se vayan de sus países, pero siempre tengan el pensamiento que a donde vayan van a ir a trabajar duro, y eso es precisamente lo que nunca hemos dejado de hacer. Trabajar nos ha dado sus frutos, esto es de nosotros y tiene muy buena clientela, nunca hemos dejado de hacerlo, seguimos trabajando como desde el inicio”.

FAMILIA


Para Walter, el apoyo entre hermanos fue de vital importancia para salir adelante, pues siendo migrantes era muy difícil buscar el sustento diario en las calles sanluisinas

1985 Es el año en que Walter y familia se asentaron en San Luis Río Colorado

15 dólares semanales es el salario mínimo que ganan los salvadoreños

Originario de la localidad de Suchitoto, del departamento (estado) de Cuscatlán, en El Salvador, Walter Miranda Acosta es un ejemplo de perseverancia y esfuerzo, pues tras más de tres décadas ha sabido salir adelante junto a sus hermanos para cumplir su sueño en San Luis Río Colorado, administrando una pizzería al sur de la ciudad, negocio que le ha dado el sustento a él y a su familia.

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“Yo nunca trabajé algo relacionado a las pizzas, de hecho, todo empezó con mis hermanos, que ellos sí trabajaron en una cadena trasnacional de pizzerías. Entonces, uno de ellos, llamado Henry, decidió abrir su propia empresa y hacer lo que hacía en donde trabajaba, vendiendo pizzas chiquitas en una motocicleta, por las calles gritando y chiflando”.

SU LLEGADA A SAN LUIS RÍO COLORADO

Walter es uno de 10 hermanos, de los cuales seis son salvadoreños, uno estadounidense y tres mexicanos. Junto a esto, contó que fue junto a su madre que llegaron a Estados Unidos en el año de 1984, aunque no permanecieron durante mucho tiempo, pues era difícil mantenerse a todos a la vez.

“Nos vinimos para acá, porque a mi padre lo mataron. Él trabajaba como camionero. Allá no hay mucha variedad de empleos, no hay maquiladoras, todo es campo. Nosotros vivimos mucho tiempo en la capital, y aun así la gente batallaba, por los salarios que en aquel entonces era en colones, pero ahora por cuestiones de finanzas entre El Salvador y Estados Unidos ahora son dólares; allá un sueldo anda entre los 15 y 20 dólares a la semana, como actualmente conocemos su valor”.

De vez en cuando, Walter sale a repartir pedidos en su motocicleta. / VÍCTOR FÉLIX

Quienes quieren salir de su país, tengan en mente que trabajarán muy duro

Walter Miranda Acosta, Migrante Salvadoreño

“Nos salimos voluntariamente de Estados Unidos, a nosotros no nos deportaron. Veníamos a trabajar, y allá mi mamá con su pareja sí trabajaban, pero éramos muchos y era mucho problema mantenernos. Fue entonces que vinimos a México pensando que nos iría mejor, pero no fue así, batallamos mucho. Aquí vinimos a trabajar los menores, a vender chicles, a dar “bola”, a hacer mandados y limpiar lotes, todo eso en el centro de esta ciudad. Todos los días veníamos, y luego nos íbamos a trabajar allá. Para nosotros un buen día era cuando comíamos bien. Siempre sufrimos por hambre, pero gracias a Dios ahora ya no sucede eso. Hoy vivimos bien y hasta familia tengo para mantener”.

Actualmente, son dos las pizzerías fundadas por su familia, una sobre la avenida Nuevo León y calle 42, la cual atiende su hermano Elmer, y otra más sobre la avenida Reforma Agraria B y calle 26, la cual atiende él mismo junto a su familia y empleados.



“MÁS MEXICANOS, QUE SALVADOREÑOS”: WALTER

Walter Miranda compartió las ganas que tiene la familia de visitar su lugar de origen, pero solo como turistas. “Queremos ir a nuestra tierra natal, pero no como ciudadanos. Ahora nos sentimos más mexicanos que salvadoreños. Sólo queremos visitar el sitio, pues ya no nos queda nada de familia en ese país”.

Nostálgico, externó que lo que más extraña de su país son sus paisajes, su vegetación y su fauna. “Es muy pobre el país, pero muy bonito. Extraño mucho la variedad de frutas, hay mucha vegetación, cascadas, lagos, ríos, mar, mucha variedad de animales, mucha riqueza natural”, agregando que de México le ha gustado su gente. “Jamás hemos tenido problemas con nadie por ser extranjeros, nunca nos han discriminado. La gente nos ha respetado. De hecho, puedo decir que me gusta mucho Nayarit, aquí en México, porque me recuerda mucho a mi país. Tiene algunas frutas que se dan por allá y hasta algún parecido con los animalitos”.

Luego de sufrir hambre, hoy el salvadoreño cuenta con un negocio familiar, donde ha podido emplear a personas. / VÍCTOR FÉLIX

Recordando su situación, dijo que ha dado empleo a migrantes originarios de Nayarit, pues sufren la misma falta de trabajo, pues solo hay pizca de mango y pesca por temporadas.

Para terminar, Walter compartió un mensaje a quienes deciden abandonar su lugar de origen para buscar una mejor situación para ellos mismos y sus seres queridos. “No lo veo mal que dejen sus tierras, si no logran sus objetivos está bien que se vayan de sus países, pero siempre tengan el pensamiento que a donde vayan van a ir a trabajar duro, y eso es precisamente lo que nunca hemos dejado de hacer. Trabajar nos ha dado sus frutos, esto es de nosotros y tiene muy buena clientela, nunca hemos dejado de hacerlo, seguimos trabajando como desde el inicio”.

FAMILIA


Para Walter, el apoyo entre hermanos fue de vital importancia para salir adelante, pues siendo migrantes era muy difícil buscar el sustento diario en las calles sanluisinas

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