/ viernes 14 de febrero de 2020

Comunidad y Familia | ¡Es cuestión de actitud!

Hace unos años, cuando mis tres hijas eran pequeñas, nos encontrábamos visitando a sus abuelos en la preciosa ciudad de Hermosillo, Sonora. Cada visita a esta ciudad nos ha dado la oportunidad de visitar lugares tan hermosos como el Parque Madero, el Mercado Municipal, el Cerro de la Campana y la costa de Hermosillo, famosísima por su vasta producción agrícola, sobre todo sus deliciosas naranjas de ombligo.

Al recorrer uno de sus bulevares mis hijas miraron los árboles que crecieron en sus camellones, se veían cargados con naranjas grandes y justo frente a las casa de sus tatas cruzamos la calle para cortas unas cuantas. Las lavaron, las cortaron y en cuanto las probaron hicieron la cara más chistosa que recuerdo de mis pequeñas, eran naranjas agrias, ¡ácidas más que un limón! Como ustedes imaginan, se decepcionaron de estas naranjas y no pudieron comerlas.

Lo que más me llamo la atención fue que la nana de mis hijas preparó una deliciosa limonaranjada y un dulce de naranja que nos hizo más ameno este momento tan singular.

Al recordar esta anécdota, pienso que lo mismo nos pasa al relacionarnos con las demás personas. A veces nos dejamos llevar por su apariencia o por la primera impresión que nos causan, pero más tarde los conocemos realmente y como las naranjas agrias, esas personas nos causan muchos dolores de cabeza por la mala actitud con la que nos tratan.

Muchos de los problemas de relaciones personales y laborales se originan por alguien que tiene mala actitud hacia las personas con las que trabaja y con las que atiende.

Pero ¿qué es la actitud? El diccionario la define como la postura, la actitud mental o la disposición de una persona. Escuchamos mucho sobre la actitud mental positiva. La actitud es la disposición de las personas, buena o mala. Luego, cuando conocemos a alguien, podemos determinar fácilmente su estado mental por su actitud hacia los demás. Lo cierto es que la mala actitud es muy contagiosa y es capaz de destruir buenos proyectos, buenas relaciones y hasta buenas reputaciones.

Usted podrá preguntarse: ¿Cómo llegamos a un estado de actitud mental positiva o al estado de ánimo adecuado?

Primero: Debemos tomar control de nuestra mente y hacernos responsables de disciplinarla y alimentarla con una dieta saludable o sea cuidar bien lo que vemos, oímos, hacemos y pensamos. Necesitamos desarrollar nuestra mente dentro de un código de principios y valores predeterminados que quien nuestra conducta hacia los demás. Por ejemplo, un principio que aplica en este caso es: “Trato a otros como quiero que me traten”, este principio nos ayudara a regular nuestra conducta para hacer asertiva, gentil, amable, solidaria, etc.

Así como la mente, similar a un músculo que se desarrolla con el ejercicio, nuestra actitud puede ser entrenada y disciplinada para funcionar de acuerdo a nuestra voluntad y a lo que queremos recibir de los demás.

Segundo: Debemos escoger nuestra actitud diariamente, por ejemplo ser personas positivas, felices y exitosas. La mente no puede ser positiva sin una instrucción, si la dejamos sola, tenga la seguridad que no causará problemas. Para ser felices, necesitamos hacer que buenas cosas sucedan, para ser exitosos necesitamos una meta y enfocarnos en “yo puedo” y “yo lo haré”.

Tercero: Debemos cuidar nuestras palabras, que éstas no sean negativas, que no critiquen a los demás ni a nosotros mismos. Las palabras nacen del pensamiento y los pensamientos están muy relacionados con nuestras emociones. Así que debemos cuidar qué está saliendo de nuestro corazón, si nos proponemos a diario salir de nuestra casa vestidos con una actitud positiva, pronto notaremos la diferencia en nuestros centros de trabajo.

Al cuidar pensamientos, emociones y palabras sanas, alcanzaremos un estado de ánimo y nuestra actitud será positiva, pues no vamos a temer a los problemas, sino que podremos convertirnos en personas peligrosamente positivas. Las personas negativas se preocupan y tienen temores, mientras las positivas siempre se encaminan a la conquista.

Entonces podríamos decir estimados lectores que la clave está en cuidar nuestro corazón, porque de la limpieza que haya en él podremos brindar una mejor versión de nosotros a los que nos rodean.

¿Qué cosa le gustaría cuidar más para tener una mejor actitud en su trabajo o en su familia?

¿Cuál es el área que más necesita cuidar: Sus emociones, sus pensamientos o sus palabras?

Si usted con frecuencia se ve envuelto en conflictos, por favor no lo olvide: Todo es cuestión de actitud y la actitud es el aroma del corazón.

Agradezco su compañía en esta ocasión, ¡hasta la próxima!

Hace unos años, cuando mis tres hijas eran pequeñas, nos encontrábamos visitando a sus abuelos en la preciosa ciudad de Hermosillo, Sonora. Cada visita a esta ciudad nos ha dado la oportunidad de visitar lugares tan hermosos como el Parque Madero, el Mercado Municipal, el Cerro de la Campana y la costa de Hermosillo, famosísima por su vasta producción agrícola, sobre todo sus deliciosas naranjas de ombligo.

Al recorrer uno de sus bulevares mis hijas miraron los árboles que crecieron en sus camellones, se veían cargados con naranjas grandes y justo frente a las casa de sus tatas cruzamos la calle para cortas unas cuantas. Las lavaron, las cortaron y en cuanto las probaron hicieron la cara más chistosa que recuerdo de mis pequeñas, eran naranjas agrias, ¡ácidas más que un limón! Como ustedes imaginan, se decepcionaron de estas naranjas y no pudieron comerlas.

Lo que más me llamo la atención fue que la nana de mis hijas preparó una deliciosa limonaranjada y un dulce de naranja que nos hizo más ameno este momento tan singular.

Al recordar esta anécdota, pienso que lo mismo nos pasa al relacionarnos con las demás personas. A veces nos dejamos llevar por su apariencia o por la primera impresión que nos causan, pero más tarde los conocemos realmente y como las naranjas agrias, esas personas nos causan muchos dolores de cabeza por la mala actitud con la que nos tratan.

Muchos de los problemas de relaciones personales y laborales se originan por alguien que tiene mala actitud hacia las personas con las que trabaja y con las que atiende.

Pero ¿qué es la actitud? El diccionario la define como la postura, la actitud mental o la disposición de una persona. Escuchamos mucho sobre la actitud mental positiva. La actitud es la disposición de las personas, buena o mala. Luego, cuando conocemos a alguien, podemos determinar fácilmente su estado mental por su actitud hacia los demás. Lo cierto es que la mala actitud es muy contagiosa y es capaz de destruir buenos proyectos, buenas relaciones y hasta buenas reputaciones.

Usted podrá preguntarse: ¿Cómo llegamos a un estado de actitud mental positiva o al estado de ánimo adecuado?

Primero: Debemos tomar control de nuestra mente y hacernos responsables de disciplinarla y alimentarla con una dieta saludable o sea cuidar bien lo que vemos, oímos, hacemos y pensamos. Necesitamos desarrollar nuestra mente dentro de un código de principios y valores predeterminados que quien nuestra conducta hacia los demás. Por ejemplo, un principio que aplica en este caso es: “Trato a otros como quiero que me traten”, este principio nos ayudara a regular nuestra conducta para hacer asertiva, gentil, amable, solidaria, etc.

Así como la mente, similar a un músculo que se desarrolla con el ejercicio, nuestra actitud puede ser entrenada y disciplinada para funcionar de acuerdo a nuestra voluntad y a lo que queremos recibir de los demás.

Segundo: Debemos escoger nuestra actitud diariamente, por ejemplo ser personas positivas, felices y exitosas. La mente no puede ser positiva sin una instrucción, si la dejamos sola, tenga la seguridad que no causará problemas. Para ser felices, necesitamos hacer que buenas cosas sucedan, para ser exitosos necesitamos una meta y enfocarnos en “yo puedo” y “yo lo haré”.

Tercero: Debemos cuidar nuestras palabras, que éstas no sean negativas, que no critiquen a los demás ni a nosotros mismos. Las palabras nacen del pensamiento y los pensamientos están muy relacionados con nuestras emociones. Así que debemos cuidar qué está saliendo de nuestro corazón, si nos proponemos a diario salir de nuestra casa vestidos con una actitud positiva, pronto notaremos la diferencia en nuestros centros de trabajo.

Al cuidar pensamientos, emociones y palabras sanas, alcanzaremos un estado de ánimo y nuestra actitud será positiva, pues no vamos a temer a los problemas, sino que podremos convertirnos en personas peligrosamente positivas. Las personas negativas se preocupan y tienen temores, mientras las positivas siempre se encaminan a la conquista.

Entonces podríamos decir estimados lectores que la clave está en cuidar nuestro corazón, porque de la limpieza que haya en él podremos brindar una mejor versión de nosotros a los que nos rodean.

¿Qué cosa le gustaría cuidar más para tener una mejor actitud en su trabajo o en su familia?

¿Cuál es el área que más necesita cuidar: Sus emociones, sus pensamientos o sus palabras?

Si usted con frecuencia se ve envuelto en conflictos, por favor no lo olvide: Todo es cuestión de actitud y la actitud es el aroma del corazón.

Agradezco su compañía en esta ocasión, ¡hasta la próxima!

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